En el jardín de un hospicio conocí a un joven de rostro pálido y hermoso, allí internado.
Y sentándome junto a él sobre el banco, le pregunté:
–¿Por qué estás aquí?
Me miró asombrado y respondió:
–Es una pregunta inadecuada; sin embargo, contestaré. Mi padre quiso hacer de mí una reproducción de sí mismo; también mi tío. Mi madre deseaba que fuera la imagen de su ilustre padre. Mi hermana mostraba a su esposo navegante como el ejemplo perfecto a seguir. Mi hermano pensaba que debía ser como él, un excelente atleta. Y mis profesores, como el doctor de filosofía, el de música y el de lógica, ellos también fueron terminantes, y cada uno quiso que fuera el reflejo de sus propios rostros en un espejo. Por eso vine a este lugar. Lo encontré más sano. Al menos puedo ser yo mismo.
Enseguida se volvió hacia mí y dijo:
–Pero dime, ¿te condujeron a este lugar la educación y el buen consejo?
–No, soy un visitante –respondí.
–Oh –añadió él–, tú eres uno de los que viven en el hospicio del otro lado de la pared.
Nuestra canción con nombre de mujer de hoy, aunque no soy de celebrar santos, quiero que sea un homenaje a todos los pueblos de España que están en fiestas y, especialmente, para todas las Marías, empezando por la mía, y viene de la mano del gran J.J. Cale.
Un tipo que vivió discretamente, sin llamar la atención salvo cuando acariciaba las seis cuerdas de su guitarra y sonaba su laid back, mezcla de rock, blues, jazz, folk y blues, tocado de forma lenta, sin prisa, que te acaricia el alma y te reconcilia con el mundo.
La canción de hoy forma parte del que sería su último disco de estudio publicado en vida, en el que nos dejó un buen puñado de buenas canciones, y donde demostraba que mejoraba con los años.
Cuando comenzó su carrera, allá por el año 1971, a pesar de ser un gran músico, el éxito se le resistía. El gran público lo conoció a través de las versiones que, de algunos de sus temas hicieron Lynyrd Skynyrd (Call me the breeze) y Eric Clapton (Cocaine y After midnight). De hecho se comentó que el éxito de Clapton en esta última adaptación le hizo dejar su intención de abandonar su carrera musical dada su escasa repercusión hasta entonces. Afortunadamente abandonó esa idea y siguió regalándonos su música para el disfrute y placer de todos los amantes de su música.
Ha visitado el blog en varias ocasiones y en una de ellas ya puse las palabras de su esposa Christine Lakeland que me parecen una definición perfecta de lo que supone escuchar a John Weldon Cale : "Te sientas en el porche de casa a la caída de la tarde, abres unas cervezas y escuchas tocar a Cale. No existe nada mejor".
Disfrutad pues de la guitarra del genio de Oklahoma que ha sido maestro y referente de varias generaciones de guitarristas y ha sido admirado y versionado por multitud de artistas, entre los que podemos citar a Tom Petty, John Mayer, Kansas, Brian Ferry y Jerry García, además de los ya citados Clapton y Lynyrd Skynyrd.
¡Salud, abrid una cerveza y disfrutad de la música de J. J. Cale!
Steve Ray Vaughan nació en Texas y, aunque sus padres no se dedicaban a la música, eran grandes aficionados y llevaban a menudo al pequeño Stevie a conciertos y así nació su pasión. Cuando tenía 8 años le regalaron una guitarra y desde ese momento, aunque siempre quiso tocar la batería, se dedicó a convertirse en uno de los más grandes guitarristas de todos los tiempos.
Su estilo, influenciado por Ottis Rush, Albert King y Jimi Hendrix, entre otros, consiguió que el blues en los años 80 volviera a estar en lo más alto, lugar que había abandonado para dejar sitio a otros estilos.
Su primera banda se llamó The Blackbirds y con ella consiguió su primer concierto en un club de la zona y decidió dedicarse por completo a la música, abandonando incluso sus estudios secundarios. En 1974, en una casa de empeños, consiguió una muy desgastada Fender Stratocaster que se convertiría en su famosa Number One a la que modificó a su gusto para tocar más cómodo.
En 1978, junto al bajista Tommy Shannon y al batería Chris Layton, formó el que sería su último y definitivo grupo al que llamarían Double Trouble. Empezaron a hacer giras hasta que en 1979 consiguieron acudir al San Francisco Blues Festival.
En 1982 tocan en una fiesta privada de los Rolling Stones y el cénit de su carrera llegaría en julio de ese mismo año cuando tocaron en el Festival de Jazz de Montreux donde grabaron un disco en directo con el nombre de Stevie Ray Vaughan: Live at Montreux en el que se incluyeron esta actuación y una posterior en 1985. Se publicó en 2001 y está considerado como uno de los mejores discos de blues de la historia.
Esa actuación en Montreux le abrió las puertas de la gloria y a partir de ahí comenzó una carrera meteórica. En 1983 colabora con David Bowie en Let's dance y rechaza la propuesta de este para tocar en la gira de presentación del álbum para grabar el que sería el primer, y más exitoso disco de Double Trouble, Texas Flood.
La canción que ambienta hoy el blog forma parte de ese disco y es una de las más icónicas canciones del genio de Dallas.
El 27 de agosto de 1990 actuó junto a nada menos que Eric Clapton que lo había invitado a tocar con él. Steve aceptó la invitación y resultó una actuación memorable tras la cual, Clapton cedió a Steve su sitio en el helicóptero que debía llevarlos de vuelta. Minutos después de su despegue, la aeronave se estrellaba contra el suelo acabando con la vida de todos sus ocupantes. La música en general y el blues en particular perdían a uno de sus más insignes valedores y representantes.
Steve Ray Vaughan vivirá para siempre mientras alguien, en algún lugar, disfrute con su blues veteado de rock and roll y su rock mechado de blues.
¡Salud y a disfrutar de la música de SRV con orgullo y alegría!
Sus límites hace tiempo que dejaron de ser unión para convertirse en frontera, el cielo perdió su azul
y la violencia llena ahora de gris la mirada
de quien osa mirar hacia arriba, los golpes vienen de tantas direcciones que el dolor ya casi no sorprende, quienes se autoproclaman defensores del país lo destruyen con cada palabra —malditos aquellos que usan la palabra para engañar—.
Pero también es cierto que millones de voces unidas cantando lo mismo suenan mejor que una mentira, que una sonrisa de alguien a quien le han robado todo vale mucho más que un billete en primera clase, que no hay nada más poderoso y bonito que dos manos unidas en un terremoto.
Porque seguimos vivos, de pie y todos juntos, y eso les escuece. Porque mientras ellos asesinan surgen héroes que se atreven a plantarles cara pese a que ellos les reciban con la mano abierta. Pero la verdad es que tienen miedo porque cuanto más aprietan la soga menos manos les quedan para ahogarnos, y llegará el día en el que se queden sin cuerda y no tendrán quien les salve.
Que tiene más vida el alma de quien no tiene nada porque se lo han quitado que el alma de quien tiene todo porque lo ha robado. Y al final de eso se trata, de estar vivo.
Porque el mundo se derrumba pero nosotros nos enamoramos.
Dos
caminos se bifurcaban en un bosque amarillo, y
apenado por no poder tomar los dos
siendo un viajero solo, largo tiempo estuve de pie
mirando uno de ellos tan lejos como pude,
hasta donde se perdía en la espesura; entonces tomé el otro, imparcialmente,
y habiendo tenido quizás la elección acertada,
pues era tupido y requería uso;
aunque en cuanto a lo que vi allí
hubiera elegido cualquiera de los dos.
Y ambos esa mañana yacían igualmente, en
medio de hojas que ningún caminante había ennegrecido ¡Oh,
había guardado aquel primero para otro día! Aun
sabiendo el modo en que las cosas siguen adelante,
dudé si debía haber regresado sobre mis pasos.
Debo estar diciendo esto con un suspiro
de aquí a la eternidad:
Dos caminos se bifurcaban en un bosque y yo,
yo tomé el menos transitado,
y eso hizo toda la diferencia.
Un día como hoy de 1991, Eric Clapton sufría una de las mayores tragedías que puede sufrir un ser humano. Su hijo Connor, de 4 años, caía accidentalmente por la ventana de su casa y moría en el acto.
Eric había estado casado con Pattie Boyd (exmujer de su amigo George Harrison) y debido a las infidelidades y al hecho de que no pudieran tener hijos, Slowhand había caido en una gran depresión y se había sumergido en el mundo del alcohol y las drogas de forma que llevaba mucho tiempo sin grabar ni dar conciertos, había dejado la música al margen de su vida.
El propio Clapton dijo posteriormente que las drogas y el alcohol eran lo único que le importaba, hasta el punto de que si no se había suicidado era porque entonces no podría haber seguido bebiendo y drogándose.
Su relación con Pattie se rompió y al final fué ingresado por su mánager en un centro de rehabilitación y tras un proceso largo y tortuoso consiguió salir de la niebla de la desesperación y empezó a asomar de nuevo al mundo y a la música.
Conoció a la modelo italiana Lori del Santo, con la que comenzó una relación y en 1986 nació su tan deseado hijo Connor.
En esos años de normalidad Eric diría: “Durante esos años de sobriedad pasé mis mejores momentos. Pero no tenía idea de cómo empezar a ser padre. Era como un niño cuidando a otro niño”.
Tras la tragedia que le arrebató a Connor, y contrariamente a lo que pudíeramos imaginar ante la magnitud del suceso, Clapton se mantuvo sobrio como homenaje a ese niño tan deseado y que había perdido prematuramente.
Para recordar a su hijo escribió esta maravilla que suena hoy en el blog y que durante un tiempo le sirvió como terapia personal, la tocaba cuando estaba solo para recordar a su hijo, hasta que un día de 1992, una amiga la escuchó, le encantó y le pidió permiso para incluirla en la banda sonora de "Rush", una película de policías antidrogas que acaban cayendo en la adicción.
El resto ya es historia y "Tears in heaven" terminó siendo la primera canción de Clapton que alcanzó el número uno de las listas y en 1993 le catapultó al lugar más alto de su carrera con 3 Grammys.
Podemos decir que "Tears in heaven" es la canción que salvó a Clapton, le sacó de la oscuridad de la depresión y las drogas y le lanzó de nuevo al mundo.
En un día como hoy, en el que la mayoría permanecemos encerrados en nuestras casas y otros muchos siguen al pie del cañón para salir de esta terrible situación sería bueno pensar que, a pesar de esta incertidumbre, hay gente que está mucho peor que nosotros y que si seguimos juntos y en la lucha llegará la primavera también a nuestras vidas.
¡Salud y que disfrutéis de la música de "Mano Lenta" como vacuna contra el virus y la melancolía!
El 22 de Noviembre de 1968 se publicó el álbum blanco de The Beatles llamado así pues su portada es totalmente blanca y sólo aparece el nombre de la banda en relieve (en las primeras ediciones se incluía un nº de serie que correspondía con su orden de fabricación).
Es el noveno disco de estudio de los chicos de Liverpool y se grabó entre Mayo y Octubre del 68. Las canciones, en su gran mayoría habían sido compuestas entre Marzo y Abril del mismo año en un curso de meditación trascendental que realizaron en India.
El periodo de grabación resultó bastante ajetreado, George Martin se fué de vacaciones durante un tiempo, el ingeniero de sonido dimitió, Ringo Star abandonó la banda durante unos días (de hecho en "Dear prudence" y en algún tema más la batería que suena es tocada por Paul McCartney) y las disputas y discusiones fueron frecuentes entre los cuatro miembros del grupo. De hecho, a pesar de que posteriormente publicaron tres discos más, esos días constituyen el principio del fin de The Beatles y en 1970 se separarían definitivamente pasando a ser historia viva del rock and roll.
Durante las sesiones de grabación comenzó a aparecer por el estudio la nueva novia de Lennon, Yoko Ono, que, en opinión de muchos, resultó ser el factor definitivo para el final de una de las bandas, si no la , más grandes de la historia.
El disco se lanzó como doble álbum y está considerado como el más atrevido de la discografía del grupo pues toca diversos estilos de música convirtiéndose en un disco mítico.
La canción que suena en la entrada de hoy fué compuesta por George Harrison y la segunda guitarra está tocada por Eric Clapton que fué invitado por George a la grabación. Aunque en un principio Clapton se mostró un poco renuente a participar en el proyecto, finalmente accedió y luego la guitarra con la que grabó el tema se la regaló a Harrison que la bautizó con el nombre de Lucy.
Aunque la versión de hoy no es la del disco y es cierto que falta Lennon y MCCartney, creo que la banda que la interpreta no está nada mal si tenemos en cuenta que está formada por George Harrison y Ringo Star acompañados por Eric Clapton y Jeff Lyne a la guitarra, Ray Cooper y Phil Collins a la batería, Mark King al bajo y Elton John y Jool Holland al piano. Es de un concierto de 1987 realizado para The Princes Trust (organización benéfica del Reino Unido fundada por el príncipe Carlos en 1976).
Como curiosidad, si queréis podéis escuchar aquí una versión acústica de George Harrison que vió la luz muchos años después y que, posiblemente sea como la concibió en el momento de su composición el beatle discreto (mi preferido, por cierto).
¡Salud y que al ritmo del llanto suave de su guitarra disfrutéis de un tema y de un álbum históricos!
A los cincuenta y dos años sigo pensando lo mismo que a los siete. Que las nubes son grandes, los monopolios enormes, los vietnamitas chiquitos e invencibles. A los cincuenta y dos años sigo pensando lo mismo que Carlos Marx, con la única diferencia de que le copio un poco pero lo digo más bonito. A los cincuenta y dos años, me planto
en medio de los hombres y les espeto que me engañaron a los siete años, a los diecisiete y casi a los veintisiete. A los cincuenta y dos años, escribo y no escarmiento y me dedico exclusivamente a pasear, a leer, a trasladar maletas de un país a otro, y a conspirar. (Esto lo digo para confundir a la policía.) A los cincuenta y dos años sigo enamorado de Carmencita, de Merche, de Carmela y de la Niña de los Peines. A los cincuenta y dos años, Málaga. Y escribo como un autómata, corrijo como un robot, y publico lo que pienso (es un decir). A los cincuenta y dos años, ni tengo bicicleta, ni televisor, ni ganas de dormir, ni cuenta vulgar y corriente. A los cincuenta y dos años, chufas. A los cincuenta y dos años, escucho el agua de los montes, el fuego de los campos y el ruido de las batallas. Y sigo pidiendo la paz y, de momento, me la conceden en parte; y la palabra, y me mutilan la lengua. A los cincuenta y dos años, los caramelos son de más vivos colores y la bandera, más desteñida. Y me dedico fundamentalmente a silbar, a deambular y a pensar que existo puesto que pienso que existo
El pasado 2 de Marzo se cumplieron 70 años del nacimiento de Rory Gallagher en Ballyshanon (Irlanda).
Murió con tan solo 47 años de edad al no sobrevivir a las complicaciones derivadas de una operación de transplante de hígado a la que tuvo que someterse. Su cuerpo acusaba así los excesos cometidos durante su vida en la que la mezcla de alcohol y drogas le acercó a tan trágico final.
Está considerado como uno de los más grandes guitarristas de todos los tiempos y, por supuesto uno de los más influyentes en la historia del blues y del rock, aunque curiosamente nunca llegó a ser un ídolo de masas.
En 1966 fundó el grupo Taste que tocaba fundamentalmente blues, con pinceladas de rock&roll, así como en su primera etapa en solitario aunque luego, poco a poco iría pasando al rock and roll más puro y duro.
En 1970, tras su participación en el festival de la isla de Wight, el grupo se disuelve y comienza su etapa en solitario en la que va ganando en fama y popularidad llegando incluso a sonar para formar parte de los Rolling Stones en sustitución de Mick Taylor.
Colabora con Muddy Waters, Jerry Lee Lewis entre otros grandes y en una ocasión fue telonero de Aerosmith y tras su actuación, cuando Steve Tyler y sus chicos ya estaban tocando, el público seguía coreando el nombre de Rory.
En 1971 la prestigiosa revista Melody Maker le nombró músico del año por encima de leyendas como Eric Clapton.
Como curiosidad, su Fender Stratocaster Sunburst de 1961 que le acompañó durante toda su carrera, estaba toda desconchada, despintada y con numerosos golpes e incluso en una gira se la robaron de su furgoneta aunque poco después la recuperó.
Después del mítico Woodstock de 1969 le preguntaron a Jimi Hendrix qué se sentía siendo el mejor guitarrista del mundo y este contestó: "No tengo ni idea, tio, pregúntale a Rory Gallagher".
En el blog suena hoy Edged in blue, canción que forma parte de su disco Calling Card de 1976.
El gran Rosendo, que en estos días anuncia gira de despedida (ya lo trataremos más a fondo en el blog), le ha tenido siempre como referente.
Espero que disfrutéis el tema de Rory y que la música os lleve donde deseéis.
Aquel temblor del muslo y el diminuto encaje rozado por la yema de los dedos, son el mejor recuerdo de unos días conocidos sin prisa, sin hacerse notar,
igual que amigos tímidos.
Fue la tarde anterior a la tormenta, con truenos en el cielo. Tú apareciste en el jardín, secreta, vestida de otro tiempo, con una extravagante manera de quererme, jugando a ser el viento de un armario, la luz en seda negra y medias de cristal, tan abrazadas a tus muslos con fuerza, con esa oscura fuerza que tuvieron sus dueños en la vida.
Bajo el color confuso de las flores salvajes, inesperadamente me ofrecías tu memoria de labios entreabiertos, unas ropas difíciles, y el rayo apenas vislumbrado de la carne, como fuego lunático, como llama de almendro donde puse la mano sin dudarlo. Por el jardín, el ruido de los últimos pájaros, de las primeras gotas en los árboles.
Aquel temblor del muslo y el diminuto encaje, de vello traspasado, su resistencia elástica vencida con el paso de los años, vuelven a ser verdad, oleaje en el tacto, arena humedecida entre las manos, cuando otra vez, aquí, de pensamiento, me abandono en la dura solución de tus ingles y dejo de escribir para llamarte.
Me gustaría terminar el mes de Julio rindiendo un homenaje a dos dioses de la guitarra que tienen bastantes cosas en común.
Uno nos dejó un mes como el que ahora termina de hace 3 años y aparece bastante a menudo por el blog, proporcionándonos nuestra ración de "caleína 500" (me gusta llamar así a su música) que va directa al alma y nos hace darnos cuenta de lo grande que es sentirnos vivos.
Me estoy refiriendo al gran J.J. Cale y a su capacidad de hacer magia cuando agarra su compañera de 6 cuerdas.
El otro dios al que me refiero está, afortunadamente, entre nosotros pero una enfermedad nerviosa le hace abandonar su guitarra, pues le causa parálisis, dolores y pérdida de sensibilidad, afectando especialmente a las extremidades.
En Mayo de este año publicó el que puede ser su último trabajo de estudio que se llama "I still do", título que se podría entender como un aviso a su enfermedad: "Ojo, que a pesar de tí, todavía soy capaz de hacerlo".
El disco contiene, entre otras, 2 canciones de J.J. Cale pues ambos colaboraron en numerosas ocasiones a lo largo de sus carreras y eran, además, buenos amigos.
El tema que suena es buena prueba de que todavía es capaz de arrancar a su guitarra sonidos y lamentos únicos y acompañar con su voz todo el sentimiento que inunda la musica de "mano lenta" Clapton.
La canción es un canto a lo que significa la música para él y en el video con el que la lanzó hace un recorrido por todas las etapas por las que ha pasado a lo largo de su larga trayectoria musical.
Sea pues un homenaje a ellos y a lo que son capaces de provocar en nosotros, para que quede claro que todavía lo hacen y lo harán eternamente mientras alguien, en cualquier lugar y en cualquier momento, escuche la voz de su guitarra.
La mujer de Cale, Christine Lakeland , hablando sobre su marido, dijo una vez una frase que se podría aplicar a muchos, pero especialmente a estos dos monstruos de dedos prodigiosos: "Te sientas en el porche de casa a la caida de la tarde, abres unas cervezas y escuchas tocar a Cale. No existe nada mejor"
¡Pues eso, que lo disfrutéis, no existe nada mejor!
En el temazo que suena hoy en el blog pide fuerzas para seguir adelante.
La canción forma parte del disco "461 Ocean Boulevard" de 1974 que supuso el regreso del guitarrista británico tras tres años dedicados a liberarse de su adicción a la heroína.
Decía el maestro Paco de Lucía que la guitarra le proporcionaba la capacidad de poder comunicarse con el resto del mundo sin utilizar la palabra.
Clapton está considerado por muchos como Dios.Creo que al menos le podemos considerar como su profeta de mano lenta y estoy seguro que el dios de la guitarra le concederá la fuerza necesaria para que siga hablandonos a través del sonido maravilloso de las cuerdas de su guitarra.
Parafraseando a Joaquín Sabina podríamos decir que ¡quién supiera reir como llora la guitarra de Eric Clapton!
Esta canción fue incluida en el disco de 1964, "Another side of Bob Dylan" y, como muchas de las canciones del genio estadounidense, ha sido versionada por numerosos artistas de toda índole y procedencia. Tal vez una de las más famosas sea la del grupo angelino The Byrds. Esta versión que escuchamos en la entrada de hoy, corresponde al concierto celebrado en el Madison Square Garden de nueva York, el 16 de Octubre de 1992 y que sería publicado en Agosto de 1993 para celebrar los 30 años dedicados a la música de Robert Allen Zimmerman.
Participaron un montón de artistas entre ellos, y ademas de los que participan en el tema de hoy, Lou Reed, Stevie Wonder, Sinead O'Connor, Tracy Chapman, Johnny Winter, Johnny Cash, Ron Wood, The Band, John Mellencamp, Willie Nelson y algunos más. Dotada de una letra enigmática e intemporal, está cargada con una buena dosis de rebeldía y de denuncia de las desigualdades y de las injusticias que se cometen en este planeta nuestro en todo tiempo y lugar, desde el principio de los días del hombre. Otras interpretaciones dicen que Dylan se arrepiente, no de lo que defiende, sino de la manera de hacerlo hasta entonces. De todas formas, creo que lo importante es que ni el tiempo ni el sistema te cambien y sigas defendiendo tus principios, con la misma fuerza que cuando eras más joven... "Yo era más viejo entonces, soy más joven ahora". ¡Que la disfrutéis!
El pasado mes de Julio se cumplió un año de la muerte del gran J.J. Cale.
Su amigo Eric Clapton, con motivo de este aniversario publicó un disco llamado "The breeze: an appreciation of J.J. Cale" en el que rinde tributo al que considera uno de sus maestros y, sobre todo, un amigo y colaborador.
El disco contiene 16 canciones compuestas la gran mayoría por J.J. Cale y cuenta con la colaboración de Mark Knopfler, John Mayer, Tom Petty, Willie Nelson y Don White (¡casi nada!).
Cada uno de ellos interpreta temas del mago de la guitarra de Oklahoma, acercándolo a su estilo y manera de entender la música, dando como resultado una auténtica joya de la música, un disco de los que mientras más lo escuchas más te gusta.
El tema que ambienta la entrada de hoy aparece firmado por J.J. Cale y Walt Richmond y lo interpreta Mark Knopfler, haciéndolo totalmente suyo al pasarlo por el tamiz de su voz y el sonido inconfundible de su guitarra.
Sin duda, un gran homenaje para un gran guitarrista y compositor.
«A veces el hombre más pobre deja a sus hijos la herencia más rica»
Ruth E. Renkel
«Solo un padre lo da todo para allanar el camino de sus hijos, haciendo con coraje inquebrantable las cosas que su padre hizo por él. Y esta línea quiero dedicarle: Solo un padre, pero el mejor hombre»
Esta canción del grupo Derek & The Dominos, se editó en 1970 y está firmada por Eric Clapton (Inglaterra, 1945) y Jim Gordon (USA, 1945). Incluida en el único álbum de estudio que grabó el grupo ("Layla and other assorted love songs"), es la prueba de que un riff de guitarra puede pasar a la historia.
Gordon era el batería del grupo, que además de Clapton contaba con el bajo Carl Radle y Bobby Whitlock en el teclado. En la grabación de este disco participó Duane Allman de los Allman Brothers.
Cuentan que la canción está dedicada a la mujer de George Harrison, Pattie Boyd, de la que Clapton estaba profundamente enamorado y con la que se casaría posteriormente.
En el año 1992, Clapton grabó el album "MTV Unplugged" e incluyó una nueva versión del tema, más ralentizada y con nuevos arreglos.
"La primera vez que vi a Clapton fue con Cream, en el Café Au Go Go de Nueva York, en 1967, más o menos. Me quedé afuera. Las entradas estaban agotadas. No pude entrar. Pero podía verlos: la banda estaba al lado del vidrio. Y tocaba fuerte, se oía desde afuera. En esa época, Clapton era un hombre musicalmente salvaje. Se quedaba quieto, sin mover ni un músculo, mientras te entregaba lo más salvaje que habías experimentado jamás, al menos que hubieras estado en el estreno de la Obertura 1812 de Tchaikovsky en primera fila. Y cuando se juntaban su creatividad, su pasión, su frustración y su bronca, era de temer.
Para mí, "Layla" fue lo máximo: la voz, la composición y la guitarra estaban a un mismo nivel de intensidad. Es la interpretación más original que hace Clapton del blues, porque su ira allí tiene un rostro: el del amor no correspondido. El modo en que Clapton toca la guitarra sigue siendo magnífico. Hubo siete años en los que tocó la guitarra del modo más extraordinario e histórico, y treinta y cinco años de buen trabajo. Ser el mejor debe de ser desgastante.
Cualquiera que toque la guitarra líder tiene una deuda de gratitud con Clapton. Escribió el lenguaje fundamental, el código binario, el que todos usan hoy en todas las formas de la música popular. Puede que llegue el día en que, si sos un rockero joven, escuches una de las baladas suaves de Clapton en la radio y pienses: "¿Qué tiene de tan bueno?". Poné "Steppin’ Out". Y hacé una reverencia"
(Steve Van Zandt, músico, guitarrista de la E-Street Band; publicado en Rolling Stones en 2005, edición argentina)