Mostrando entradas con la etiqueta Chris Rea. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Chris Rea. Mostrar todas las entradas

lunes, 15 de septiembre de 2025

King of the beach - Chris Rea




No me gusta la playa

No me gusta la playa
pero a mi esposo le gusta dorarse al sol,
leer libros y contemplar el mar.
Yo, mientras tanto, procuro dormir,
leer algún poemario y evitar el sol a toda costa.
No me gusta la playa, así como no sé nadar, ni bucear
ni he visto las películas de “Tiburón” en el cine.
No me gusta la playa porque prefiero el monte, las cabras, 
el senderismo y la belleza de un riachuelo.
No me gusta la playa, pero me gustas tú, amor,
Me gusta verte mientras te pones crema hidratante, 
cuando corres por la arena o te das un breve 
chapuzón en el agua.
No me gusta la playa, pero qué se le va a hacer
si eso ahora mismo es lo de menos,
si nuestro amor se está encogiendo por el silencio
o expandiéndose por los gritos 
y yo no sé qué hacer para calmar esta marea.
No me gusta la playa así como no sé leer los mapas,
Y te me estás resquebrajando, amor,
te me estás rompiendo dentro
y no hay pegamento que pueda unir estas dos mitades tan corruptas
y que antes eran indestructibles
No me gusta la playa pero sigo creyendo en la teoría de Aristófanes 
y siento que nos pertenecemos indefectiblemente
y creo en el mito de que una vez nos separaron cuando 
desde siempre debíamos estar juntos.
No me gusta la playa, amor
y no sé si algún día podré disfrutarla,
pero no dejes de mirar conmigo al horizonte
no dejes de sembrarte en el centro de mi tierra,
que quizás algún día, aunque no sepa nadar
termine por gustarme la playa.

Rosa Silverio (República Dominicana, 1978)

viernes, 4 de octubre de 2024

Auberge - Chris Rea




Aunque septiembre terminó, y con él el entretenimiento que veníamos desarrollando, la canción de hoy bien podría haber sonado durante el pasado mes (de hecho estuvo hasta el último momento en la selección previa de los temas que sonarían para evocar lugares reales).

Aunque no hace mención de un lugar concreto, la palabra auberge es de origen francés y se refiere a una posada o lugar de descanso para viajeros, a un refugio.

En el tema que suena, Chris Rea, nos habla sobre el sentimiento de desorientación e inquietud que surge cuando se  está mucho tiempo en la carretera y, a menudo, es necesario convivir con situaciones y personas desconocidas y no siempre agradables.

El artista ítalo-irlandés nos canta sobre la necesidad que, a veces, tiene el cuerpo de tomar un descanso, de desconectar de la realidad y recargar energía para retomar nuestro ritmo y afrontar la realidad cotidiana. Nos cuenta la importancia de encontrar ese lugar donde conectar con uno mismo y reflexionar acerca de nuestra vida diaria. Encontrar ese refugio donde nos sintamos a salvo y donde podamos ser nosotros mismos.

Ese auberge puede ser, efectivamente, un lugar pero también puede ser una situación, una película, un libro, una obra de arte, una canción, un recuerdo... pero también puede ser una persona pues no siempre se requiere de la soledad para conseguir desconectar y escapar de la realidad.

Decía Pablo Picasso que tu hogar es tu refugio pero no acabes encerrado en él; por tanto, no está mal tener un refugio donde esconderse pero no lo consideremos una forma de huir sino de escapar, temporalmente, para retomar la realidad con más fuerza si cabe.

¡Salud, que disfrutéis la canción y que nunca os falte ese refugio al que volver de vez en cuando!

martes, 21 de marzo de 2023

Fires of spring - Chris Rea




PERDONA LA PRIMAVERA

Hay quinientos pájaros
ladrando en la orilla de un charco:
el de hoy ha sido un despertar distinto.

Ajeno,
como la misma vida si no se encuentra
despertando a tu lado.

Incoherente,
como mi mano
si no encuentra tu mano
para escribir el sentido de las cosas que no lo piden.

Ininteligible,
como mi cara
si tachas los poemas que aún no te he escrito.

Aquel día me besaste
y mi boca se volvió loca
y ametralló tu cara con un millar de amapolas.
Perdona la primavera.

Aquel día supe
que jamás terminaría de quererte,
que nunca se acabaría este impulso animal de
quererte,
que de ningún modo dejaría olvidada en ningún sitio este ansia de
quererte.
No.

Si no estás,
no tengo otra cosa que no sea esta soledad compartida,
este agravio a quien me mira y no te encuentra
y me reclama una atención que yo llamo ruido.

Si no estás,
se me quedan vacías las palmas de las manos:
no puedes sostenerme
y en otro lugar alguien que no soy yo aprende a volar.

Si no estás,
este cuerpo me queda demasiado grande
y confundo los recuerdos con heridas.

Si no estás,
no hay veleta que me encuentre
ni sudor que me desgaste
ni alegría que me importe.

Hay quinientos pájaros
ladrando en la orilla de un charco
mientras yo duermo.

Si no estás,
no me sobra nada:
me falta todo.

Elvira Sastre

martes, 14 de junio de 2022

The chance of love - Chris Rea



Ser artista

Es convertir un objeto cualquiera
En un objeto mágico
Es convertir la desventura
La imbecilidad y la basura
En un manto luminoso
Es padecer día y noche
De una enfermedad deslumbrante
Es saborear el futuro
Oler la inmensidad
Palpar la soledad
Es mirar mirar mirar mirar
Es escuchar el canto de Giotto
El sollozo de Van Gogh
El grito de Picasso
El silencio de Duchamp
Es desafiar a la razón
A la época
A la muerte
Es acariciar mujer e hijos
Como si fueran telas y pinceles
Es acariciar telas y pinceles
Como si fueran armas de combate
Es acariciar armas de combate
Como si fueran tubos de colores
Es acariciar tubos de colores
Como si fueran pájaros vivos
Es pintar el cielo estrellado
Como si fuera un basural
Es pintar un basural
Como si fuera el cielo estrellado
Es vivir como un príncipe
Siendo solamente un hombre cualquiera
Es vivir como un hombre cualquiera
Siendo solamente un príncipe
Es jugar jugar jugar jugar
Es cubrirse la cabeza de azul ultramar
Es cubrirse el corazón de rojo escarlata
Es jugarse la vida por una pincelada
Es despertar todos los días
Ante una tela vacía
Es no pintar nada.

         Jorge Eduardo Eielson (Lima, 1924-Milán, 2006)

domingo, 1 de noviembre de 2020

Tell me there's a heaven - Chris Rea




"Cuando muere, todo el mundo debe dejar algo detrás, decía mi abuelo. Un hijo, un libro, un cuadro, una casa, una pared levantada o un par de zapatos. O un jardín plantado. Algo que tu mano tocara de un modo especial, de modo que tu alma tenga algún sitio a donde ir cuando tú mueras, y cuando la gente mire ese árbol, o esa flor, que tú plantaste, tú estarás allí. “No importa lo que hagas –decía-, en tanto que cambies algo respecto a como era antes de tocarlo, convirtiéndolo en algo que sea como tú después de que separes de ellos tus manos. La diferencia entre el hombre que se limita a cortar el césped y un auténtico jardinero está en el tacto. El cortador de césped igual podría no haber estado allí, el jardinero estará allí para siempre.”

Ray Bradbury ("FAHRENHEIT 451")

domingo, 2 de febrero de 2020

Curse of the traveller - Chris Rea




Libros
Te prometo una cosa: llenar tu casa de libros.
Que no se pueda caminar,
que la gente que invites diga qué
diablos está pasando,
¿qué ya no existen para ti más que los malditos libros?
Se te van a enredar en el pelo, en las piernas.
Cuando te bañes vas a ver que están ahí,
entre el agua de la regadera y el shampoo.
Entonces te vas a reír, te vas a reír como nunca.
Y los libros van a salir del baño y se aprestarán a colmar
el pasillo y la cocina. Y la cama. Eso, tu cama.
No te dejarán hacer el amor.
Porque primero tendrás que leer-los.
Y eso llevará tiempo. Sobre todo porque ahí estarán 
Dante y Petrarca. Shakespeare y Tennessee Williams.

Y todos los que han escrito por amor.
Y de amor —¿habrá quién separe una cosa de la otra?
Y Leopardi, claro. Y Cernuda. 
Y José María Álvarez —cien veces José María Álvarez.
Y Jaime Gil de Biedma.
Y, perdón por insistir, ya lo dije, todos aquellos 
cuya lectura te inflama la sangre.
Porque querrán estar cerca de ti. 
Porque el amor te antecede y te rubrica.
Y el amor dice ella ama. Y a ella la amo. Eso dice el amor.
Entonces los libros saturarán tu vida de alegría y de dolor.
Porque esto no hay modo de cambiarlo.
Y cuando te acerques a la cama a conciliar el sueño bendito,
cuando desdobles las sábanas y ansíes, por fin, reposar la jornada,
advertirás un gran bulto que ocupa lo suyo.
Son los libros, que están ahí porque desean acompañarte en tus sueños.
Porque son, los libros, como lo eres tú: 
ansiosa de ser amada, ansiosa de sentir sobre la piel
aquellos dedos abrumados por el deseo; 
pero en la misma medida porque los libros son como tú:

seres a quienes torna ardientes el simple deseo de tener un interlocutor.
Alguien que los lea y que les haga preguntas.
Que platique con ellos. Que les prometa llevárselos hasta la tumba.
Alguien que dé la vida por ellos.
Alguien como tú.
Que ame.
Que ame porque el amor es también abrir el libro tal como se abre el corazón.
Cuando se ama. Pero también te prometo otra cosa:
llenar tu casa de música —otro día hablamos de eso.

                     Eusebio Ruvalcaba (México, 1951- 2017)

domingo, 6 de enero de 2019

Joys of Christmas - Chris Rea




Es hora de que los adultos reconozcamos que lo más agradable que tiene la Navidad es la oportunidad que ella nos brinda para poder regresar, impunemente, a la época en que el mundo podía echarse a andar con sólo enroscar la cuerda de un juguete mecánico.

Los niños, durmiendo con un ojo y vigilando con otro la sigilosa llegada del Niño Dios, despiertan a medianoche sobresaltados. Para ellos ha amanecido realmente. Porque para los niños, en la Nochebuena, el amanecer no es la salida del sol sino la llegada de los juguetes.


Las personas grandes han inventado el veinticinco de diciembre para jugar con los cachivaches que el Niño Dios ha traído a los pequeños. A las doce de la Nochebuena, los adultos andan por la casa, midiendo la lenta y esperanzada respiración de los niños, sin poder contener los deseos de dar un fuerte redoble de tambor o sentarse a tocar en la sala el caramillo mecánico que ha permanecido en el armario desde la última quincena.

Fragmentos de “Juguetes para adultos”. El Heraldo, diciembre 1950




Mientras sigan llegando tarjetas no es posible admitir que ha pasado la Navidad. Para la mayoría, tal vez para la casi totalidad de los cristianos, la Navidad es una fecha con su ambiente y su ángel. Pero para alguien debe ser el recibo de una tarjeta franqueada en una remota oficina de correos de ultramar y para quien piense y sienta de ese modo la Navidad no habrá terminado mientras haya tarjetas atrasadas.

Navidad en Febrero. El Espectador, febrero 1955



La pérdida de la inocencia me enseñó al mismo tiempo que no era el Niño Dios quien nos traía los juguetes en la Navidad, pero tuve el cuidado de no decirlo. A los diez años, mi padre me lo reveló como un secreto de adultos, porque daba por hecho que lo sabía, y me llevó a las tiendas de la Nochebuena para escoger los juguetes de mis hermanos. Lo mismo me había sucedido con el misterio del parto antes de asistir al de Matilde Amenta: me atoraba de risa cuando decían que a los niños los traía de París una cigüeña.

           Vivir para contarla, 2002´


Gabriel García Márquez  (Aracataca, 1927-Ciudad de México,2014)


martes, 11 de abril de 2017

Too far from home - Chris Rea





"Aun en sus breves períodos de vida sedentaria, [...] le bastaba ver un mapa para ponerse a estudiarlo apasionadamente, y entonces, en la mayoría de los casos, empezaba a proyectar un nuevo viaje imposible pero que a veces llegaban a realizar. No se consideraba un turista; él era un viajero. Explicaba que la diferencia residía, en parte, en el tiempo. Mientras el turista se apresura por lo general a regresar a su casa al cabo de algunos meses o semanas, el viajero, que no pertenece más a un lugar que al siguiente, se desplaza con lentitud durante años de un punto a otro de la tierra. [...] otra importante diferencia entre el turista y el viajero es que el primero acepta su propia civilización sin cuestionarla; no así el viajero, que la compara con las otras y rechaza los aspectos que no le gustan.."

El cielo protector (Paul Bowles)

miércoles, 17 de agosto de 2016

On the beach - Chris Rea




«El sol no había nacido todavía. Hubiera sido imposible distinguir el mar del cielo, excepto por los mil pliegues ligeros de las ondas que le hacían semejarse a una tela arrugada. Poco a poco, a medida que una palidez se extendía por el cielo, una franja sombría separó en el horizonte al cielo del mar, y la inmensa tela gris se rayó con grandes líneas que se movían debajo de su superficie, siguiéndose una a otra persiguiéndose en un ritmo sin fin. Al aproximarse a la orilla, cada una de ellas adquiría forma, se hinchaba y se rompía arrojando sobre la arena un delgado velo de blanca espuma. La ola se detenía para alzarse enseguida nuevamente, suspirando como una criatura dormida cuya respiración va y viene inconscientemente. Poco a poco, la franja oscura del horizonte se aclaró: se hubiera dicho un sedimento depositado en el fondo de una vieja botella, dejando al cristal su transparencia verde. En el fondo, el cielo también se hizo translúcido, cual si el sedimento blanco se hubiera desprendido o cual si el brazo de una mujer tendida debajo del horizonte hubiera alzado una lámpara, y bandas blancas, amarillas y verdes se alargaron sobre el cielo, igual que las varillas de un abanico. Enseguida la mujer alzó más alto su lámpara y el aire pareció dividirse en fibras, desprenderse de la verde superficie en una palpitación ardiente de fibras amarillas y rojas, como los resplandores humeantes de un fuego de alegría. Poco a poco las fibras se fundieron en un solo fluido, en una sola incandescencia que levantó la pesada cobertura gris del cielo transformándola en un millón de átomos de un azul tierno. La superficie del mar fue adquiriendo gradualmente transparencia y yació ondulando y despidiendo destellos hasta que las franjas oscuras desaparecieron casi totalmente. El brazo que sostenía la lámpara se alzó todavía más, lentamente, se alzó más y más alto, hasta que una inmensa llama se hizo visible: un arco de fuego ardió en el borde del horizonte, y a su alrededor el mar ya no fue sino una sola extensión de oro. La luz golpeó sucesivamente los árboles del jardín iluminando una tras otra las hojas, que se tornaron transparentes. Un pájaro gorjeó muy alto; hubo una pausa: más abajo, otro pájaro repitió su gorjeo. El sol utilizó las paredes de la casa y se apoyó, como la punta de un abanico, sobre una persiana blanca; el dedo del sol marcó sombras azules en el arbusto junto a la ventana del dormitorio. La persiana se estremeció dulcemente. Pero todo en la casa continuó siendo vago e insustancial. Afuera, los pájaros cantaban sus vacías melodías.»

"Las olas" de Virginia Woolf


domingo, 5 de mayo de 2013

Julia - Chris Rea




En estas entradas que estamos dedicando a las mujeres, y en este domingo dedicado, especialmente, a las madres, hoy le toca el turno a  "Julia", la canción de Chris Rea que quiero dedicar a tres mujeres muy especiales para mí, mis tres mujeres.

Una de ellas María, mujer en proyecto, pequeño pajarillo inocente y desvalido que inicia hoy su primer vuelo lejos del nido.

La otra mujer, su madre, mujer amada, que en las últimas horas se afana en que el vuelo de su pequeña resulte satisfactorio, teniendolo todo preparado para intentar anticiparse a los inconvenientes que a buen seguro surgirán, pero que gracias a sus consejos y desvelos serán resueltos sin mayores contratiempos.

La tercera, Claudia, brote tierno de mujer, espero que esta canción sirva para enjugar sus lagrimas y hacer más corta su espera.


A María esta canción le dará fuerzas y seguridad en lo que ella considera toda una aventura y a nosotros, al escucharla, la sentiremos más cercana en los momentos en que la echemos de menos, ansiando su regreso.


¡Vuela feliz, pajarillo, y regresa pronto, te esperamos!



lunes, 1 de abril de 2013

Dancing my blues away - Chris Rea




Temazo del gran Chris Rea, para que a modo de "antidanza" de la lluvia, haga que se alejen las persistentes nubes y que los agricultores puedan llevar a cabo su, nunca suficientemente reconocida, labor.

Esos grandes ignorados, maltratados por bancos, intermediarios, gobiernos, y que si un día lograran ponerse de acuerdo y sólamente durante un año, se quedaran en casa y dejaran los campos sin producir, nos daríamos cuenta de lo importantes que son y de la poca importancia que les damos.


Las laboriosas manos de los trabajadores
caerán sobre vosotras con dientes y cuchillas.
Y las verán cortadas tantos explotadores
en sus mismas rodillas.

                     Miguel Hernández


martes, 31 de enero de 2012

God's Great Banana Skin - Chris Rea




"Sin libertad de pensamiento, la libertad de expresión no sirve para nada"

"El capitalismo está muerto porque fué un invento maravilloso para el siglo XV"

" A los ricos hay que quitarles el poder"

"Sólo nos queda el estoicismo, tenemos el deber de vivir y de hacerlo con dignidad"
                                              
                       José Luis Sampedro (Barcelona, 1917)

domingo, 7 de febrero de 2010

Road to hell - Chris Rea




Extraordinario tema de un grande de esto, de un auténtico "guitar man", de un superviviente...