Mostrando entradas con la etiqueta Lewis Carroll. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Lewis Carroll. Mostrar todas las entradas

lunes, 7 de agosto de 2023

Alicia (expulsada al País de las Maravillas) - Enrique Bunbury




El Sombrerero fue el primero en romper el silencio.

-¿Qué día del mes es hoy? -preguntó, dirigiéndose a Alicia.

Se había sacado el reloj del bolsillo, y lo miraba con ansiedad, propinándole violentas sacudidas y llevándoselo una y otra vez al oído.

Alicia reflexionó unos instantes.
-Es día cuatro dijo por fin…

Alicia había estado mirando por encima del hombro de la Liebre con bastante curiosidad.
-¡Qué reloj más raro! -exclamó-. ¡Señala el día del mes, y no señala la hora que es!

-¿Y por qué habría de hacerlo? -rezongó el Sombrerero–. ¿Señala tu reloj el año en que estamos?

-Claro que no -reconoció Alicia con prontitud-. Pero esto es porque está tanto tiempo dentro del mismo año.

-Que es precisamente lo que le pasa al mio –dijo el Sombrerero.

Alicia quedó completamente desconcertada. Las palabras del Sombrerero no parecían tener el menor sentido…
Alicia suspiró fastidiada.
-Creo que ustedes podrían encontrar mejor manera de matar el tiempo -dijo- que ir proponiendo adivinanzas sin solución.

-Si conocieras al Tiempo tan bien como lo conozco yo –dijo el Sombrerero-, no hablarías de matarlo. ¡El Tiempo es todo un personaje!

-No sé lo que usted quiere decir -protestó Alicia.

-¡Claro que no lo sabes! -dijo el Sombrerero, arrugando la nariz en un gesto de desprecio-. ¡Estoy seguro de que ni siquiera has hablado nunca con el Tiempo!

-Creo que no -respondió Alicia con cautela-. Pero en la clase de música tengo que marcar el tiempo con palmadas.

-¡Ah, eso lo explica todo! -dijo el Sombrerero-. El Tiempo no tolera que le den palmadas. En cambio, si estuvieras en buenas relaciones con él, haría todo lo que tú quisieras con el reloj.

Alicia en el País de las Maravillas (Lewis Carroll)

martes, 22 de diciembre de 2020

A winter's tale - Queen





Siempre hace frío en este poema

el viajero baja en una estación donde no baja nadie
donde no le espera nadie
es de noche en este poema
y hace frío
siempre hace frío
nieva
la nieve y la luna llena
dan algo de calor y luz al poema
y al viajero
el viajero va como unos versos de Antonio Machado
«ligero de equipaje/casi desnudo»
y sin rumbo
el pueblo está a varios kilómetros
y el camino se ha perdido
pero el viajero sabe de atajos y veredas y malas hierbas
lo aprendió de los cabreros los pastores y las ovejas negras
el pueblo está vacío abandonado olvidado
el viajero cree oír a lo lejos los ladridos de unos perros
pero todo está vacío y en silencio
las calles las casas los establos los campos la vida
el viajero entra en una casa
la luz de la luna llena
se cuela por la puerta abierta las ventanas los rotos
y alumbra la estancia
tal vez el poema
los muebles de la casa están cubiertos por sábanas blancas
como los cadáveres en una morgue
el viajero curiosea
la curiosidad el viaje
tal vez la poesía
le han salvado
de la soledad y la locura
hay alacenas llenas de tarros de conservas caseras y platos de cerámica azul
hay periódicos viejos y publicidad de abonos y de maquinaria agrícola
hay velas y cajas de cerillas
botellas vacías y unas botas rotas
en la mesa del comedor un cenicero de cinzano con una solitaria colilla
en un armario de una habitación
una caja metálica de dulce de membrillo «Los Apóstoles»
llena de fotografías
el viajero en esas fotografías
cree reconocer su vida
y los recuerdos olvidados:
tardes de verano, amigos, amores, juegos
reuniones, pandillas, fiestas, bodas, bautizos…
cuando todavía es de noche
y sigue haciendo frío
el viajero vuelve al camino
sigue nevando
el viajero es una mancha negra
sobre un paisaje blanco
como un poema
sus huellas en la nieve
duran lo que dura
el mensaje escrito en el vaho de un espejo
solo queda el silencio
y el frío
y el viajero
y el poema
que se funden en la memoria de la tierra
tiritando
en silencio

        José Pastor González (Barcelona, 1967)


viernes, 13 de noviembre de 2020

Hop on it - Joe Louis Walker




...salgamos de una vez. Salgamos a buscar camorra, a defender causas nobles, a recobrar tiempos olvidados, a despilfarrar lo que hemos ahorrado, a luchar por amores imposibles. A que nos peguen, a que nos derroten, a que nos traicionen. Cualquier cosa es preferible a esa mediocridad eficiente, a esa miserable resignación que algunos llaman madurez.

Alejandro Dolina (El libro del fantasma)

martes, 25 de julio de 2017

Hit the road Jack - Ray Charles





¿Podrías decirme, por favor, qué camino debo seguir para salir de aquí?

-Esto depende en gran parte del sitio al que quieras llegar -dijo el Gato.

-No me importa mucho el sitio… -dijo Alicia.

-Entonces tampoco importa mucho el camino que tomes -dijo el Gato.

– … siempre que llegue a alguna parte -añadió Alicia como explicación.

– ¡Oh, siempre llegarás a alguna parte -aseguró el Gato- si caminas lo suficiente!


Alicia en el Pais de las maravillas (Lewis Carroll)

viernes, 14 de agosto de 2015

A kind of magic - Queen




"Por último, imaginó cómo sería, en el futuro, esta pequeña hermana suya, cómo sería Alicia cuando se convirtiera en una mujer. Y pensó que Alicia conservaría, a lo largo de los años, el mismo corazón sencillo y entusiasta de su niñez, y que reuniría a su alrededor a otros chiquillos, y haría brillar los ojos de los pequeños al contarles un cuento extraño, quizás este mismo sueño del País de las Maravillas que había tenido años atrás; y que Alicía sentiría las pequeñas tristezas y se alegraría con los ingenuos goces de los chiquillos, recordando su propia infancia y los felices días del verano"

Alicia en el país de las maravillas (Lewis Carroll)

jueves, 7 de agosto de 2014

Living next door to Alice - Smokie




"Alicia empezaba ya a cansarse de estar sentada con su hermana a la orilla del río, sin tener nada que hacer: había echado un par de ojeadas al libro que su hermana estaba leyendo, pero no tenía dibujos ni diálogos. «¿Y de qué sirve un libro sin dibujos ni diálogos?», se preguntaba Alicia. Así pues, estaba pensando (y pensar le costaba cierto esfuerzo, porque el calor del día la había dejado soñolienta y atontada) si el placer de tejer una guirnalda de margaritas la compensaría del trabajo de levantarse y coger las margaritas, cuando de pronto saltó cerca de ella un Conejo Blanco de ojos rosados. No había nada muy extraordinario en esto, ni tampoco le pareció a Alicia muy extraño oír que el conejo se decía a sí mismo: «¡Dios mío! ¡Dios mío! ¡Voy a llegar tarde!»"

    Alicia en el Pais de las Maravillas (Lewis Carroll)