Verano para prosa y limones, para desnudez y languidez,
para la eterna indolencia del regreso imaginado,
para flautas singulares y pies descalzos, y el dormitorio de agosto
con sábanas enredadas y la sal del domingo, ¡ah, violín!
Cuando aprieto juntos los atardeceres de verano sale
un mes de acordeones callejeros y surtidores
que alivian el polvo, pequeñas sombras que huyen de mí.
Es música que empieza y acaba, Italia mía, en Bleecker,
ciao, Antonio, y los gritos de niños que juegan en el agua
rompiendo el cielo rosado en tiras de papel;
es atardecer en la nariz y el aroma del agua
por calles sucias que no conducen al agua,
y reunir islas y limones en la mente.
Está el Hudson, como el mar en llamas.
Te desnudaría en el calor del verano,
y reiría y secaría tu carne húmeda si vinieses.
Derek Walcott (Santa Lucía, 1930-2017)
para la eterna indolencia del regreso imaginado,
para flautas singulares y pies descalzos, y el dormitorio de agosto
con sábanas enredadas y la sal del domingo, ¡ah, violín!
Cuando aprieto juntos los atardeceres de verano sale
un mes de acordeones callejeros y surtidores
que alivian el polvo, pequeñas sombras que huyen de mí.
Es música que empieza y acaba, Italia mía, en Bleecker,
ciao, Antonio, y los gritos de niños que juegan en el agua
rompiendo el cielo rosado en tiras de papel;
es atardecer en la nariz y el aroma del agua
por calles sucias que no conducen al agua,
y reunir islas y limones en la mente.
Está el Hudson, como el mar en llamas.
Te desnudaría en el calor del verano,
y reiría y secaría tu carne húmeda si vinieses.
Derek Walcott (Santa Lucía, 1930-2017)










