El gentío se reúne alrededor de las altas hogueras.
Esta noche se limpian las casas y las almas. Se arrojan al fuego los trastos viejos y los deseos viejos, cosas y sentires gastados por el tiempo, para que lo nuevo nazca y encuentre lugar.
Desde el norte del mundo, esta costumbre se difundió por todas partes. Siempre fue una fiesta pagana. Siempre, hasta que la Iglesia Católica decidió que ésta sería la Noche de San Juan.
Uno no quería contar con nadie y Uno no entendía porque era impar si antes de él había alguien Uno no quería contar con nadie y uno sentía que después de él estaba el infinito y a Uno ese epíteto le daba miedo así que Uno muerto de pavor se fijó en Cero y cuando Uno vio a Cero pensó que Cero era el número más bonito que había visto y que aun viniendo antes que él era entero
pensó que en Cero había encontrado el amor verdadero en Cero había encontrado a su par así que decidió ser sincero con Cero y decirle que aunque era un Cero a la izquierda sería el Cero que daría valor y sentido a su vida eso de ser el primero ya no le iba así que le dio a Cero la gran bienvenida juntos eran pura alegría y se completaban Uno tenía cero tolerancia al alcohol pero con Cero se podía tomar una cerveza cero por su aniversario que para eso tenía que inventarse una fecha cero en el calendario pero era algo cerrado y le costaba representar textos pero junto a Uno hacían el perfecto código binario y eran los dígitos del barrio y procesaban el amor a diario pero Uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde así que Uno perdió a Cero y para cuando Uno se dio cuenta Cero ya contaba de la mano con Menos Uno que a pesar de ser algo negativo la trataba como a una reina a Cero le gustaba que Menos Uno fuera original tener un hueco en Menos Uno un guión con el que podían jugar a Cero le gustaba que menos uno no fuera uno más que Menos Uno no fuese ordinal
que fuese justamente competitivo y que cuando jugasen al uno Menos Uno no le dejase ganar Cero sentía que a diferencia de Uno Menos Uno le trataba como a un número de verdad y Menos Uno no ponía peros ni pretendía darle valor a Cero poniendo comas entre ellos Menos Uno no tenía complejos y cuando hacían el amor a Menos Uno le encantaba estar bajo Cero y Uno una vez más volvió a quedarse solo separado como una unidad sin Cero su vida se consumía como una vela sin Cero el tiempo en él hacía mella y Uno empezó a contar pero sin Cero se olvidó de los pesos de Cero del sexo con Cero de los celos de Cero y empezó a contar pero sin Cero Uno se olvidó de Cero y le dijo adiós Uno se olvidó de Cero y tal vez del amor y empezó a contar hacia lo que más miedo le daba hasta el infinito o tal vez solo hasta Dos.
En la infancia aprendí que mis padres, mis abuelos, mis tíos… tuvieron que trabajar desde edades muy tempranas, que apenas pudieron conocer el colegio.
Nacían y vivían en un pueblo, uno de tantos que habían perdido la guerra, o mejor dicho, la Guerra Civil les había vencido a ellos, les había derrotado en esos apenas tres años en una derrota que duró lustros.
Conocieron de cerca al enemigo. Pero me temo que pronto olvidaron que el enemigo estaba vivo, que la sombra del enemigo se extendía… hambre, pobreza, miseria, analfabetismo, superstición, miedo a la guerra, miedo a la política, miedo a la muerte.
Conozco al enemigo.
Muchos años después, conocí mi particular campo de batalla, en otra derrota que duró lustros, en ese nuevo escenario las balas y los prisioneros eran otros: dinero, responsabilidades, cumplimientos.
Comprobé que la sombra del enemigo continuaba alargando sus dominios… explotación, competitividad, envidia, poder, codicia.
Decidí desertar. Me alejé de tanta sinrazón, me alejé después de la ciudad, para intentar vivir lejos de cualquier derrota.
Todavía, muchos días, muchas veces, tengo la sensación de que debo seguir alejándome, huyendo.
El mundo es un lugar hermoso donde nacer si no te importa que la felicidad no sea siempre tan divertida si no te importa esa pizca de infierno de vez en cuando justo cuando todo estaba bien ya que ni siquiera en el cielo están cantando todo el rato.
El mundo es un lugar hermoso donde nacer si no te importa que alguna gente muera todo el rato o pase un hambre mortal parte del tiempo lo cual no es ni la mitad de malo si no eres tú.
Oh, el mundo es un lugar hermoso donde nacer si no te importan unas pocas almas muertas en los pisos más altos o una bomba o dos de vez en cuando en tu carita respingona o algunas otras inconveniencias como que nuestra sociedad Marca Registrada sea presa de sus hombres de la distinción y sus hombres de la extinción y sus curas y otros patrulleros y sus segregaciones varias e investigaciones del congreso y otros estreñimientos de los que nuestra tonta carne es heredera
Sí el mundo es el mejor lugar de todos para un puñado de cosas como montar una escena divertida y montar una escena de amor y montar una escena triste y cantar graves canciones y sufrir de inspiración y pasear mirándolo todo y oliendo las flores metiendo mano a las estatuas y hasta pensar y besar a la gente y hacer bebés y llevar pantalones y tocarse el sombrero y bailar e ir a nadar en los ríos en picnics a mitad del verano y así en general "vivir la vida"
Sí pero justo entonces en mitad del asunto llega sonriente el sepulturero.
Un buen libro, Marcus, no se mide sólo por sus últimas palabras, sino por el efecto colectivo de todas las palabras precedentes. Apenas medio segundo después de haber terminado el libro, tras haber leído la última palabra, el lector debe sentirse invadido por un fuerte sentimiento; durante un instante, sólo debe pensar en todo lo que acaba de leer, mirar la portada y sonreír con un gramo de tristeza, porque va a echar de menos a todos los personajes. Un buen libro, Marcus; es un libro que uno se arrepiente de terminar.
Joël Dicker (La verdad sobre el caso de Harry Quebert)
En 1966, Steve Miller, Barry Goldberg, Roy Rubi, Craymore Stevens y Lance Haas, fundaron, en Chicago, la Goldberg-Miller Blues Band, para tocar blues por los garitos de la ciudad.
Poco después, Miller, se trasladó a San Francisco y formó la Steve Miller Blues Band. Aunque, en un principio, no tuvieron excesiva atención por parte del público, comenzaron a grabar discos y, poco a poco, se fueron ganando su favor, aumentado sus ventas.
El tema de hoy forma parte de su disco publicado en 1977, llamado Book of dreams, y nos habla de una cuestión tan vieja como el hombre.
Nos habla de la dicotomía que supone dejar atrás lo conocido y nos proporciona seguridad, para intentar mejorar e iniciar nuevas aventuras, lo que nos provoca miedo y ansiedad a lo desconocido.
La ilusión por abrir caminos y empezar una nueva vida frente al miedo de perder nuestras raíces y el lugar de donde venimos.
Esa lucha es la que ha hecho evolucionar y avanzar al hombre y al mundo; y en esa lucha debemos intentar que venza la ilusión pero sin olvidar nuestra esencia y lo que somos dando gracias a quienes nos han ayudado a conseguirlo.
Como dijo C.S. Lewis, nunca se es demasiado viejo para marcarte un nuevo objetivo o tener un nuevo sueño
¡Salud, música y mirar al frente esperando lo que se avecina, buscando nuestros sueños!
Richard Starkey, músico multiinstrumentista, compositor y actor británico, nacido en Liverpool en 1940, es mundialmente conocido por ser el batería, durante casi todo el periodo que estuvieron en activo como banda, de The Beatles.
Tal vez opacados por la rivalidad y fama de John y Paul, tanto Starr como Harrison, permanecieron un poco en segundo plano, aunque sus carreras en solitario demuestran que no estaban lejos de sus dos compañeros en cuanto a talento y creatividad.
Tras la separación del grupo, Ringo comenzó su carrera en solitario y aún hoy permanece en activo. Con altibajos y algunas pausas, paralelamente desarrolló una carrera como actor y productor, además de ser músico de sesión en multitud de trabajos de otros artistas entre los que se incluyen sus tres compañeros escarabajos.
Con George, el beatle tranquilo, mantuvo una relación muy especial hasta el último día de la vida de Harrison.
El tema que suena hoy, forma parte de su último trabajo discográfico, Long Long Road, publicado en marzo de este año, y está conscripto y producido por T. Bone Burnett que, recientemente, ha sonado en el blog.
It's been too long nos habla de lo bien que sienta reconectar con las personas, hablar, escucharse y planear sueños y realizar proyectos en compañía de las personas que nos importan. Nos dice que todo eso, de algún modo, se ha perdido y tenemos que recuperar esas sensaciones antes de que pase más tiempo y todo eso nos parezca muy lejano y olvidado para siempre.
Lo sabían los tres. Ella era la compañera de Kafka. Kafka lo había soñado. Lo sabían los tres. Él era el amigo de Kafka. Kafka lo había soñado. Lo sabían los tres. La mujer le dijo al amigo: Quiero que esta noche me quieras. Lo sabían los tres. El hombre contestó: Si pecamos, Kafka dejará de soñarnos. Uno lo supo. No había nadie más en la tierra. Kafka se dijo: Ahora que se fueron los dos, he quedado solo. Dejaré de soñarme
Sólo de pensarlo me pongo enfermo, y es peor que el peor dolor de estómago o que las jaquecas que se me levantan por leer con poca luz: una suerte de sarampión del espíritu, de paperas de la psique, de desfiguradora varicela del alma.
Me dices que es demasiado pronto para mirar al pasado, pero eso es porque te has olvidado de la perfecta sencillez que supone ser uno y de la hermosa complejidad introducida por dos. Puedo tumbarme en la cama y recordar todos los números. A los cuatro era un mago de Arabia. Podía volverme invisible si me bebía un vaso de leche de una determinada manera. A los siete era un soldado; a los nueve, un príncipe.
Ahora, sin embargo, paso el tiempo junto a la ventana, contemplando la luz del atardecer. Entonces nunca daba tan solemnemente en los costados de la casita del árbol, y mi bicicleta nunca se apoyaba en el garaje como lo hace hoy, desposeída de su velocidad azul.
Aquí nace la tristeza, me digo, mientras recorro en bambas el universo. Es hora de decir adiós a mis amigos imaginarios, de cumplir mi primer gran número.
Parece que fue ayer cuando creía que debajo de mi piel sólo había luz, que, si me cortabas, fulgía. Pero ahora, cuando me caigo en las aceras de la vida, me pelo las rodillas. Y sangro.