Antaño, don Verídico sembró casas y gentes en torno al boliche El Resorte para que el boliche no se quedara solo. Este sucedido sucedió, dicen que dicen en el pueblo por él nacido.
Y dicen que dicen que había allí un tesoro, escondido en la casa de un viejito calandraca.
Una vez por mes, el viejito, que estaba en las últimas, se levantaba de la cama y se iba a cobrar la jubilación.
Aprovechando la ausencia, unos ladrones, venidos de Montevideo, le invadieron la casa.
Los ladrones buscaron y rebuscaron el tesoro en cada recoveco. Lo único que encontraron fue un baúl de madera, tapado de cobijas, en un rincón del sótano. El tremendo candado que lo defendía resistió, invicto el ataque de las ganzúas.
Así que se llevaron el baúl. Y cuando por fin consiguieron abrirlo, ya lejos de allí, descubrieron que el baúl estaba lleno de cartas. Eran las cartas de amor que el viejito había recibido todo a lo largo de su larga vida.
Los ladrones iban a quemar las cartas. Se discutió. Finalmente decidieron devolverlas. Y de a una. Una por semana.
Desde entonces, al mediodía de cada lunes, el viejito se sentaba en la loma. Allá esperaba que apareciera el cartero en el camino. No bien veía asomar el caballo, gordo de alforjas, por entre los árboles, el viejito se echaba a correr. El cartero, que ya sabía, le traía su carta en la mano. Y hasta San Pedro escuchaba los latidos de ese corazón loco de la alegría de recibir palabras de mujer.
Gente buena. Gente buena escondida. Bajo las piedras, pero escondida. Gente buena.
Gente buena escondida, paseando por la calle. Corriendo escondida por la calle. Gente buena en plazas, en parques, en vehículos, en bares, escondida, gente buena.
Gente buena escondida en “la” escuela. Gente buena dando clases en “la” escuela. Gente buena recibiendo clases en “la” escuela.
Gente buena y aún así, en “la” escuela. Gente buena.
Gente buena aparcando. Gente buena aparcando en tu vida. Gente buena de paso durante una noche o durante 30 años. Gente buena y aún así, de paso. Gente buena.
Gente buena coqueteando. Siempre asustada y a la vez deseando. Gente buena desconfiando de si delante tienen o no a gente buena... pero gente buena.
Gente buena quedándose, sin necesidad de hacerlo durante una noche o durante 30 años. Gente buena regalándose esperanza. Gente buena repitiéndose a si misma, en voz baja: “gente buena”.
Gente buena entrando y saliendo sin cesar del hormiguero. Gente buena apilada en el metro, constriñendo cada músculo hasta parecer gente neutra. Hasta parecer no gente... pero gente buena.
Gente buena en oficinas. Gente buena vendiendo bonos no buenos a gente buena. Gente buena comprando artículos no buenos a gente buena. Gente buena escondida, de lunes a viernes, en oficinas. Gente buena y aún así, en oficinas. Gente buena y aún así, especulando con lo único que posee otra gente buena. Gente buena olvidando. De lunes a viernes y de sábado a domingo. Gente buena y aún así, olvidando... pero gente buena.
Gente buena mirándose el ombligo. (Ombligo tras ombligo tras ombligo), hasta hacer de sus ojos dos ombligos. Hasta hacer de sus labios instrumento, para atraer a otros labios que les permitan poder, al fin, besar su propio ombligo. Gente buena saboreando la comisura de su ombligo. Gente buena eyaculando sobre gente buena, para que el impacto de su flujo rebote en esa piel y se pose después sobre si mismo.
Gente buena dilatando, segundo tras segundo el propio ombligo, sin darse cuenta que lo transforman en abismo. Gente-ombligo cayéndose a un abismo dentro de si mismos... pero gente buena.
Gente buena con la rabia en los labios. Gente buena con el alma vieja. Gente buena con el afecto podrido. Gente buena cargada de juicios. Gente buena haciendo verdad una mala mentira. 100 malas mentiras. Hasta parecer gente no buena... pero gente buena
Gente buena empuñando un arma. Gente buena exaltando una patria. Gente buena creyéndose bandera en vez de tierra. Gente buena con la ambición como credo. Gente buena predicando, quién SÍ es gente buena y quién NO es gente buena. Gente buena que, mantra tras mantra, tras mantra, repetido desde infancia, desde lactancia, desde adolescencia, mantra, tras mantra, tras mantra olvida lo que es ser gente buena. Y aún así, gente buena.
Gente buena y aún así, gente dormida. Gente buena y aún así, gente neutra. Gente buena y aún así, sin tomar partido. Gente buena y aún así, gente ciega. Gente buena y aún así, en la crítica atroz, despiadada, contra gente buena. Gente buena y aún así, en el prejuicio infundado, arcaico, contra gente buena. Gente buena y aún así, en los púlpitos. Gente buena y aún así, en la guerra. Gente buena y aún así, en el odio. Y así, al final, mantra, tras mantra, tras mantra, gente buena actuando como gente NO buena. Y así, al final, GENTE NO BUENA.
Y así, al final, ya sin esconderse, gente no buena, gente-mantra y gente-piedra.
Y aún así, gente perdida pero gente no muerta. Dándole patadas de esperanza a todas estas piedras que forman este inmenso búnker de salvaje supervivencia, haciendo que aparezca siempre, patada tras patada, tras patada a montones, a millones, bajo ellas, escondida... gente buena.
Salva Soler
Antonio Machado (Sevilla, 26 jul 1875-Colliure, 22 feb 1939) in memoriam.
Cada día, cuando entran en el barlo ven ahí, solo con su cerveza, ocupando el mismo lugar de la barra, dejando que las horas se deshagan. Casi todos lo miran con esa mezcla de superioridad
y alivio llamada condescendencia, haciéndose su propia idea sobre su soledad. Piensan en la vida que pudo tener para acabar así, solo, frente a una botella, maltrecho para siempre. Solo él sabe que no hay amor pasado ni corazón roto. Simplemente prefiere estar solo, observando a esos mismos tipos que encajan en este mundo y piensan en el daño que hace la soledad. Él no siente ningún dolor. Todo lo contrario. Simplemente tiene un secreto y está solo por eso: él sabe el daño que hacen los rebaños.
Sandra, uno mira hacia el norte el este el oeste el sur y comprueba una vez más que no hay salida, que no hay para dónde tomar, que todo está perdido
Entonces uno echa a un lado sus armas y muestra en alto una bandera blanca o un sábana blanca o una hoja de papel blanco o una toalla blanca o un cartón blanco o una baraja blanca o un paño de cocina blanco, lo que pueda
Y uno apaga las luces y sale con las manos en alto diciendo: “No puedo más, amor de mi vida, me entrego”.
"Si te sirve de algo, nunca es demasiado tarde o, en mi caso, demasiado pronto para ser quien quieres ser. No hay límite de tiempo. Empieza cuando quieras. Puedes cambiar o no hacerlo. No hay normas al respecto. De todo podemos sacar una lectura positiva o negativa. Espero que tú saques la positiva. Espero que veas cosas que te sorprendan. Espero que sientas cosas que nunca hayas sentido. Espero que conozcas a personas con otro punto de vista. Espero que vivas una vida de la que te sientas orgullosa. Y si ves que no es así, espero que tengas la fortaleza para empezar de nuevo"
estar solo pero a menudo toma décadas darse cuenta de ello y más a menudo cuando esto ocurre es demasiado tarde y no hay nada peor que un demasiado tarde.
El hombre es el único animal que necesita escribir su historia para poder recordarla. Cuando nace no sabe absolutamente nada. Moriría si no aprendiera a vivir. La raza humana es la única en la naturaleza que no transmite ninguna información innata que vaya más allá de lo puramente genético. Carece de auténticos instintos. No durará mucho. Porque ¿quién escribe la historia? Nunca los vencidos, los despojados, los sometidos. Por eso, por ejemplo, las guerras -cuando acaban, y pasa el tiempodejan en la memoria colectiva un poso en el que se adivina el inconfundible y dulce sabor de la victoria: esfuerzo con recompensa, sufrimiento con premio, dolor que termina, que se olvida. ¡Qué distinta hubiera sido la historia de la humanidad si sólo se hubiera escuchado a los perdedores! Tampoco escribimos la historia los ignorados, los que no existimos, los que no tenemos voz, los que, en definitiva, no contamos. Y me incluyo porque la mía es una de esas historias que escribirán otros. No contarán lo que sentí cuando perdí a toda mi familia, cómo se quebró mi espíritu, ni cómo lloré la pérdida de todos mis amigos. Nadie hablará del dolor de los míos, del miedo. Sé que a nadie interesa mi punto de vista, pero soy yo quien debería contar lo que ocurrió.
Yo no lo sé de cierto, pero supongo que una mujer y un hombre un día se quieren, se van quedando solos poco a poco, algo en su corazón les dice que están solos, solos sobre la tierra se penetran, se van matando el uno al otro.
Todo se hace en silencio. Como se hace la luz dentro del ojo. El amor une cuerpos. En silencio se van llenando el uno al otro. Cualquier día despiertan, sobre brazos; piensan entonces que lo saben todo. Se ven desnudos y lo saben todo. (Yo no lo sé de cierto. Lo supongo.)