Sólo de pensarlo me pongo enfermo, y es peor que el peor dolor de estómago o que las jaquecas que se me levantan por leer con poca luz: una suerte de sarampión del espíritu, de paperas de la psique, de desfiguradora varicela del alma.
Me dices que es demasiado pronto para mirar al pasado, pero eso es porque te has olvidado de la perfecta sencillez que supone ser uno y de la hermosa complejidad introducida por dos. Puedo tumbarme en la cama y recordar todos los números. A los cuatro era un mago de Arabia. Podía volverme invisible si me bebía un vaso de leche de una determinada manera. A los siete era un soldado; a los nueve, un príncipe.
Ahora, sin embargo, paso el tiempo junto a la ventana, contemplando la luz del atardecer. Entonces nunca daba tan solemnemente en los costados de la casita del árbol, y mi bicicleta nunca se apoyaba en el garaje como lo hace hoy, desposeída de su velocidad azul.
Aquí nace la tristeza, me digo, mientras recorro en bambas el universo. Es hora de decir adiós a mis amigos imaginarios, de cumplir mi primer gran número.
Parece que fue ayer cuando creía que debajo de mi piel sólo había luz, que, si me cortabas, fulgía. Pero ahora, cuando me caigo en las aceras de la vida, me pelo las rodillas. Y sangro.
o porque sus colores preferidos son el gris y el azul degastado, sin brillo, de las chaquetas de los oficinistas, no goza entre los jóvenes de buena prensa. De todo lo bueno que les pasa de largo la responsabilizan a ella. Los viejos, sin embargo, incluso rezan para que no falte a la cita al día siguiente. Detesta las euforias desmedidas, las sorpresas y el excesivo culto a la esperanza. No le hace falta más que un rato para bajarle los humos a lo espectacular. Después de las catástrofes y las guerras, después del infierno del desamor, aparece ella, como si nada, y te ayuda a seguir adelante.
Un año más, Cáceres, durante cuatro días de la primavera extremeña, se convierte en el epicentro de la fusión de músicas y culturas del mundo.
El pasado viernes, en el renovado escenario de la Plaza Mayor, actuó Seun Kuti con su banda Egypt 80, inundando las piedras y los corazones de todos los asistentes con su música y su reivindicación de su cultura , de su país y de su continente.
Fela Kuti, su padre, fue un músico multiinstrumentista y político, creador del afrobeat, música que mezcla soul, jazz y funkie, y la puso al servicio de la lucha por los derechos humanos, en contra de las injusticias de las dictaduras y el poder de las multinacionales.
Cuando su padre falleció, Seun lo relevo y lideró los Egypt 80, continuando con su legado de música y activismo en pro de los derechos y libertades de la nación negra.
Recientemente, el nombrado Vicepresidente de la Junta de Extremadura, por la presidenta María Guardiola, gracias al vergonzante pacto firmado por el PP y VOX, declaró que todos las asistentes al WOMAD son unos perroflautas...¿y?, ¿qué problema hay en ser un perroflauta?, Prefiero ser un perroflauta que señorito de pulserita y chaleco, patriota de tres al cuarto, xenófobo y fascista. Como dicen las camisetas que ha puesto en circulación el grupo municipal de Unidas Podemos en Cáceres, yo también soy perraflauta.
¡Perroflautas del mundo, uníos y luchad por la música y la cultura del mestizaje, derribando el muro del fascismo y la intolerancia!
El día del fin del mundo Una abeja circunvuela un trébol, Un pescador repara una red resplandeciente. Marsopas felices saltan en el mar, Por las canaletas gorriones jóvenes juegan Y a la serpiente es arrancada la piel dorada como debe ser siempre.
El día del fin del mundo Las mujeres caminan a través de los campos bajo sus sombrillas, Un borracho se amodorra en el borde de un prado, Vendedores ambulantes de hortalizas gritan en la calle Y un bote de color amarillo que navega se acerca a la isla, La voz de un violín persiste en el aire Y se insinúa en una noche estrellada.
Y los que esperaban rayos y truenos Están decepcionados. Y los que esperaban señales y triunfos de los arcángeles No creen que está sucediendo ahora. Mientras el sol y la luna están por encima, Mientras el abejorro visita una rosa, Mientras los niños sonrosados nacen Nadie cree que está sucediendo ahora.
Sólo un hombre viejo de pelo blanco, que sería un profeta Sin embargo, no es un profeta, porque él está muy ocupado, Repite mientras envuelve sus tomates: No habrá otro fin del mundo, No habrá otro fin del mundo. Czeslaw Milosz (Lituania, 1911-Polonia, 2004)
Siempre que se hace un ranking, de lo que sea, es obvio que el criterio del que lo elabora influye en lo que se incluye en esa lista, y lo que queda fuera de ella, así como en la posición que va a ocupar dentro de esa clasificación, especialmente si el criterio usado no es puramente estadístico ni claramente contrastable.
Me encontré este listado de las palabras más bellas del castellano que, lógicamente, no comparto en su totalidad y, por eso, voy a poner las que me parecen que merecen estar aunque no tengo claro la posición. Entiendo que unas están incluidas por la palabra en sí y otras por su significado y/o por lo que representan en un sentido literal o metafórico.
Para no polemizar ni pretender que prevalezca mi criterio las voy a poner en orden alfabético que, este sí, no es un criterio subjetivo ni discutible.
Arrebol: cuando las nubes adquieren un color rojo al ser iluminadas por los rayos del sol.
Ataraxia: imperturbabilidad, serenidad.
Bonhomía: afabilidad, sencillez,bondad y honradez en el carácter y en el comportamiento.
Compasión: sentimiento de pena, de ternura y de identificación ante los males de alguien.
Elocuencia: el arte de hablar de modo eficaz para deleitar o conmover.
Efervescencia: burbujas en cualquier clase de líquido.
Efímero: de corta duración.
Epifanía: un momento de sorpresiva revelación.
Etéreo: extremadamente delicado y ligero, algo fuera de este mundo.
Incandescencia: luz producida por altas temperaturas.
Inconmensurable: enorme, que no puede medirse.
Inefable: algo tan increíble que no puede ser expresado en palabras.
Inmarcesible: que no puede marchitarse.
Iridiscencia: fenómeno óptico donde el tono de la luz varía creando pequeños arcoiris.
Limerencia: estado mental involuntario, propio de la atracción involuntaria de una persona hacia otra.
Luminiscencia: propiedad de un cuerpo de emitir una luz débil pero visible en la oscuridad.
Melancolía: tristeza vaga, profunda, sosegada y permanente, nacida de causas físicas o morales, que hace que quien la padece no encuentre gusto ni devoción en nada.
Melífluo: un sonido excesivamente dulce, suave o delicado.
Nefelibata: dicho de una persona soñadora que no se apercibe de la realidad.
Nostalgia: pena de verse ausente de la patria o de los amigos.
Ósculo: beso de respeto o afecto.
Perenne: continuo, incesante,que no tiene intermisión.
Petricor: nombre que recibe el olor que produce la lluvia al caer sobre suelo seco.
Resiliencia: capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situación adversos.
Sempiterno: que durará siempre; que habiendo tenido principio no tendrá fin.
Serendipia: Hallazgo afortunado e inesperadoque se produce cuando se está buscando otra cosa distinta.
Muy posiblemente os sobren algunas y os faltarán muchas, pero entre más de 93.000 entradas que tiene el diccionario de la RAE, es muy complicado elegir unas cuantas y, más aún, establecer una clasificación entre ellas. Quedaos con la palabra y su poder, esperando que se imponga, siempre, a la violencia.
Tómame de la mano al atardecer, cuando la luz del día se apague y la oscuridad despliegue su cortina de estrellas… Sostenla apretada cuando no pueda vivir este mundo imperfecto… Tómame de la mano… llévame donde el tiempo no existe… Sostenla apretada en el difícil vivir. Tómame de la mano… cuando me sienta desorientado… cántame la canción de las estrellas, dulce cantinela de voces respiradas… Tómame la mano, y apriétala fuerte antes de que el destino insolente pueda apartarme de ti… Tómame de la mano y no me dejes ir… nunca…
«Llovió esta tarde y frente a mi casa, en el empedrado lleno de baches, se ha formado un charco. Parece un pedazo de espejo tirado en medio de la calle. Al anochecer, sereno ya el tiempo, unos gorriones que tienen sus nidos enfrente, en el cerco de las campanillas azules, vinieron a beber de él. Fue luego un can vagabundo, flaco y peludo, que se acercó a apagar su sed en el charco. Ahora, al reflejar un trozo de cielo, se ha llenado de estrellas. Y mañana, al alba, se irisará con todos los colores de la aurora. Pero después, cuando pasen para el mercado los carros de verdura y de fruta, más de un pesado casco de mulo desgarrará su agua serena. Y el sol, más tarde, lo absorberá gota a gota, hasta que el bache vuelva a quedar seco, con un triste aspecto de esqueleto. El charco, entonces, se habrá ido a las nubes, como dicen que las almas de los buenos se van al cielo después de haber vivido su vida como un hombre noble y soñador: apagando bondadosamente la sed de los dulces pájaros y de los perros sin dueño; reflejando estrellas; sintiendo en sus entrañas vivas la dura pezuña de los mulos que pasan. O, lo que es lo mismo: amando, soñando, sufriendo»