Bendita sea la ira la pálida ira silenciosa que tiembla igual que un arco demasiado tenso o la ira colérica que grita con voz resonante y la oscura ira abismal que retumba en la campana de alarma de la tormenta
Bendita sea la ira
que con su guadaña de luz despierta al indiferente y con su fuego oscurece la sonrisa del tramposo la ira que desenmascara al ostentosamente dadivoso y al que acepta con avidez
Maldita sea la ira que habla con la lengua del odio sólo para extender más odio Huye de esta ira engañosa como si de una serpiente venenosa huyeras
Pero no huyas de la ira que embriagada de furor tropieza con sus palabras préstale la oreja redonda de la paciencia Y tu propia ira contenida que se retuerce como un sacacorchos en tu corazón o susurra como una abeja encerrada en tu mano: libérala reparte contigo mismo las frutas de tu ira
Bendita sea la ira que con su discurso brillante agudiza y se yergue haciendo huir a la maldad al igual que las sombras huyen de la luz
Bendita sea la ira que lucha por más vida en la vida más amor en el amor más justicia en la justicia.
El 2 de octubre de 2025, la filósofa, académica y escritora española María Isabel Peña Aguado, publicaba en el medio digital chileno EL Desconcierto, el artículo que a continuación reproduzco y que lleva por título, Tiempos funestos, tiempos oscuros: Carta a Bertolt Brecht.
La carta va dirigida al autor de, entre otras muchas obras, los poemas titulados En Tiempos oscuros y A los que vendrán después, y en ella establece un paralelismo entre la época que inspiró al gran dramaturgo y poeta alemán las obras citadas y los tiempos que nos tocan vivir en la actualidad.
Estimado señor Brecht,
Espero que se encuentre bien en algún lugar del universo, conjunción del espacio-tiempo. Como verá por esta carta aún participo de ese pensamiento mágico que me lleva a creer que mis palabras le van a llegar; que las va a escuchar.
Entiendo que es esa misma fe la que le movió a usted a escribir A los que vendrán (An die Nachgeborene), un poema que ha encontrado un lugar en mi corazón y me acompaña a todos los sitios desde hace un tiempo. Un tiempo tan oscuro y sombrío como el que usted describe en su composición.
Quizá lo considere usted una arrogancia por mi parte, pero me atrevo a responderle como quien forma parte de ese grupo que surgimos del mismo “marasmo” que hundió a sus coetáneos; a su generación. Me dirijo a usted como parte de una humanidad que usted creyó que se “libraría” “de los tiempos sombríos”.
Y créame, no sabe lo que siento decepcionarle: una vez más un conjunto de iluminados -convencidos de que su estrella tiene que ser la más poderosa, la que más se vea en el universo- se han hecho con parte del mundo y pretenden someter al resto.
Estamos donde estaba usted, con la conciencia de que “hablar sobre árboles es casi un crimen porque implica silenciar tanta injusticia”. Igualmente comemos y bebemos sabiendo que hay un programa de exterminio operando y deja morir de sed y hambre a miles de seres humanos, casi cadáveres andantes.
No sé si son personas porque parecen haber perdido su condición legal y social, mientras nosotros miramos y miramos y miramos sin hacer nada frente al desastre y la impunidad. Seguimos pues en “tiempos sombríos” en los que cada vez hay más seguidores de esas estrellas prepotentes y mandonas. Algunos, incluso las adoran y les ofrecen cultos.
Mientras tanto, señor Brecht, hemos vuelto a ver como crecía la iniquidad y la tropelía y “nadie se indignaba”. Y hemos continuado “comiendo y bebiendo”, aunque, y a diferencia de lo que hizo usted, hemos evitado mezclarnos “entre hombres en época turbulenta”. Nos hemos refugiado en un individualismo de respiración acompasada y sabiduría rítmica para “el tiempo de nuestra breve vida en la tierra”.
Nos adormecen y acunan grandes pantallas y somos incapaces de distinguir entre lo que es real y lo que es ensueño. Somos libres de ser muchos, y al mismo tiempo, no somos nadie. Hemos perdido el criterio y, ni siquiera sabemos cuáles son nuestros deseos, si son nuestros o inducidos. Tal es así que los iluminados ni siquiera se esfuerzan en seducirnos con buenas palabras, ni gestos aparentes. ¿Para qué? ¿Por qué deberían hacerlo si la bronca y la mentira son mucho más eficaces?
Poco más puedo decirle, admirado señor Brecht. Solo añadir que comparto su vergüenza y la seguridad de que la historia nos juzgara por nuestra pasividad. Que los que vendrán también se preguntaran cómo fue posible que nos quedáramos de brazos cruzados ante tal asedio, ante tantas vidas, tantas infancias despedazadas por las bombas.
Eso sí, señor Brecht, nosotros, a los que nos dirige sus palabras, ya no podemos implorar piedad en el juicio de las nuevas generaciones. Ya no estamos en condiciones de esperar que nos recuerden “con comprensión”. Ni que nos crean cuando gritemos que “queríamos ser bondadosos”.
No podemos ni esperar el perdón para aquellos que no saben lo que hacen, porque nosotros sí, sí sabemos lo que se está haciendo y hemos sido cómplices, aunque empecemos a gritar ahora entre las ruinas.
Con un cordial saludo, una lectora que le admira.
María Isabel Peña Aguado
Definitivamente, creo que estamos necesitando que, más pronto que tarde, baje Ziggy Stardust a la Tierra a intentar salvarnos de la destrucción del planeta.
Resulta del todo imposible que tal hecho ocurra, pero si así fuese, muy probablemente, el poder de Stardust, no conseguiría vencer a la estupidez humana.Lo que sí es seguro es que nos divertiríamos con él y su música; eso está garantizado.
¡Larga vida a Ziggy Stardust y al planeta, aún con toda su oscuridad y sus miserias!
En 1995 se publicó el primer disco homenaje a uno de los grandes de la música en España, Joan Manuel Serrat.
Artistas tan diferentes como Sabina, Loquillo, Juan Perro, Antonio Vega, Lole y Manuel, Carlos Varela y así hasta completar una lista de 16 versiones de canciones del Nano, todas compuestas por él, tanto letra como música, excepto La saeta cuya letra es de Antonio Machado y la música de Penélope, compuesta por Augusto Algueró.
Me gusta mucho la versión de Aquellas pequeñas cosas de Ketama y el Romance de Curro "El Palmo" que hace el añorado Antonio Vega, pero creo que, por encima de todas, destaca la versión que suena hoy en el blog, para intentar alegrarnos el viernes.
Los Enemigos imprimen su sello al tema de Serrat y me atrevería a decir que con su personalidad y su trayectoria le dan al tema una capa de realidad, lo alejan de la alta sociedad, lo acercan al barrio y le aportan bastante más mala leche. No debemos olvidar que la canción nos cuenta una historia, tan vieja como el mundo. Una chica de buena familia que se enamora del tipo equivocado, según la opinión de sus padres.
Cantada por el maestro Serrat puede hacernos pensar que los equivocados son los padres, y ponernos del lado de los amantes, pero si la cantan Josele y sus amigos, podríamos llegar a comprender los reparos de los padres de la buena muchacha a esa relación ... jeje.
En fin, lo importante es que el amor triunfe y acabe con todos los obstáculos que se presenten en su camino... eso, desgraciadamente, en el tema de hoy, no lo sabemos aunque me gustaría pensar que sí.
Espero que os guste la versión que suena y que nunca debáis enfrentaros a una situación similar, en cualquiera de sus roles.
¡Viva el amor, que puede con todo y viva la música que une a los diferentes y nos hace felices!
Ayer, en la escalera, me encontré con un hombre que no estaba ahí. Hoy tampoco estaba. Ojalá se fuera, cómo deseo que se vaya.
Cuando anoche llegué a casa a las tres, el hombre me estaba esperando, pero cuando miré alrededor del salón, no pude verlo ahí. ¡Vete, vete, no vuelvas más! ¡Vete, vete, y, por favor, no des un portazo! (¡Slam!)
Anoche, en la escalera, vi a un hombrecito que no estaba ahí. Hoy tampoco estaba. ¡Como desearía que se marchara!
se rompe ahora en los ojos, nos chupa la cara, y nos descubre en la luz frágil de una canción que llega del fondo del bar. Son las seis y media en la calle. Apenas hay nadie aquí, con nosotros, y apenas somos nosotros quienes permanecen ebrios contra la puerta y disparan por instinto en busca de un pájaro o un cuadro de Modigliani. Contra los filos del día que viene del aire. Contra la juventud que nos estamos jugando. Sigue siendo necesario ser joven contra las cuerdas y presagiar de alguna forma el final detrás de la risa y el humo de los cigarros. Hay una tía de Alicante con los vaqueros a la altura de las rodillas: la hemos amado y había un puñado de cristales en el suelo. Los últimos chicos se han ido y llegan (como si volvieran de repente en un vaso de cerveza) aquellas trece noches iguales a este exilio en las afueras de la droga y la escarcha. Ya es catorce de octubre y no hemos visto a Beatrice ni a María bailando en el centro de la pista You are a rock and roll suicide. El idealismo nos nace en las manos como marihuana, el agua necesaria hierve y llega el momento de entrar al insomnio a menos nunca, a menos dulcemente.
En los campos de Flandes se agitan las amapolas entre las cruces, hilera sobre hilera, que marcan nuestra morada, y en el cielo cantan valientes las alondras, en vuelo silencioso entre los fusiles allá abajo.
Somos los muertos; hace pocos días vivíamos, caíamos, contemplábamos la luz del amanecer; amábamos y éramos amados, ¡y ahora yacemos en los campos de Flandes!
Proseguid la lucha con el enemigo: Os arrojamos, con nuestras manos exangües, la antorcha; que sea vuestra y la alcéis. Si perdéis la fe en nosotros, los muertos, ¡no podremos dormir, aunque crezcan las amapolas en los campos de Flandes!
He guardado mis penas bajo el manto de una noche de verano Dándole a cada breve tormenta el espacio que le toca en el tiempo, En silencio, persiguiendo historias catastróficas enterradas en mis ojos, Y sí, el mundo no es cualquier Partida Cósmica sin jugar, Y el sol sigue a noventa y tres millones de millas de mí, Y en el bosque imaginario, el redondeado hipopótamo se convierte en el unicornio gay. No, mi movimiento no incluye a los confusos guardianes de los desastres de ayer, Exploradores del destripamiento manifiesto en las empaladas de los dolores de ayer. Los blues vienen vestidos como los ecos introspectivos de un viaje. Y sí, he buscado los aposentos de la luna en las frías noches de verano. Y sí, he revivido una y otra vez esos encuentros interminables, Inmóviles, aún sin terminar. Y sí, a veces he querido ser algo diferente.
Las tragedias se cantan cada noche en los funerales del poeta;
El alma revisitada se cubre con el aura de la familiaridad.
Bob Kaufman (Nueva Orleans, 1925-San Francisco, 1986)
te busco. No en tu nombre, si lo dicen no en tu imagen, si la pintan. Detrás, detras, más allá. Por detrás de ti te busco. No en tu espejo, no en tu letra, ni en tu alma Detrás, más allá. Tambien detrás, más atrás de mí te busco. No eres lo que yo siento de ti. No eres Io que me está palpitando con sangre mía en las venas, sin ser yo. Detrás, más allá te busco. Por encontrarte, dejar de vivir en ti, y en mí, y en los otros. Vivir ya detrás de todo, al otro lado de todo —por encontrarte—, como si fuese morir.
Ya empieza tu sonrisa, como el son de la lluvia en los cristales. La tarde vibra al fondo de frescura, y brota de la tierra un olor suave, un olor parecido a tu sonrisa, y a mover tu sonrisa como un sauce con el aura de abril; la lluvia roza vagamente el paisaje, y hacia adentro se pierde tu sonrisa, y hacia dentro se borra y se deshace, y hacia el alma me lleva, desde el alma me trae, atónito, a tu lado. Ya tu sonrisa entre mis labios arde, y oliendo en ella estoy a tierra limpia, y a luz, y a la frescura de la tarde donde brilla de nuevo el sol, y el iris, movido levemente por el aire, es como tu sonrisa que se acaba dejando su hermosura entre los árboles…