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martes, 17 de mayo de 2022

Last night - Traveling Wilburys




La última noche del mundo 

¿Qué harías si supieras que esta es la última noche del mundo?
-¿Qué haría? ¿Lo dices en serio?
-Sí, en serio.
-No sé. No lo he pensado.
El hombre se sirvió un poco más de café. En el fondo del vestíbulo las niñas jugaban sobre la alfombra con unos cubos de madera, bajo la luz de las lámparas verdes. En el aire de la tarde había un suave y limpio olor a café tostado.
-Bueno, será mejor que empieces a pensarlo.
-¡No lo dirás en serio!
El hombre asintió.
-¿Una guerra?

El hombre sacudió la cabeza.
-¿No la bomba atómica, o la bomba de hidrógeno?
-No.
-¿Una guerra bacteriológica?
-Nada de eso -dijo el hombre, revolviendo suavemente el café-. Solo, digamos, un libro que se cierra.
-Me parece que no entiendo.
-No. Y yo tampoco, realmente. Solo es un presentimiento. A veces me asusta. A veces no siento ningún miedo, y solo una cierta paz -miró a las niñas y los cabellos amarillos que brillaban a la luz de la lámpara-. No te lo he dicho. Ocurrió por vez primera hace cuatro noches.
-¿Qué?
-Un sueño. Soñé que todo iba a terminar. Me lo decía una voz. Una voz irreconocible, pero una voz de todos modos. Y me decía que todo iba a detenerse en la Tierra. No pensé mucho en ese sueño al día siguiente, pero fui a la oficina y a media tarde sorprendí a Stan Willis mirando por la ventana, y le pregunté: “¿Qué piensas, Stan?”, y él me dijo: “Tuve un sueño anoche”. Antes de que me lo contara yo ya sabía qué sueño era ese. Podía habérselo dicho. Pero dejé que me lo contara.
-¿Era el mismo sueño?
-Idéntico. Le dije a Stan que yo había soñado lo mismo. No pareció sorprenderse. Al contrario, se tranquilizó. Luego nos pusimos a pasear por la oficina, sin darnos cuenta. No concertamos nada. Nos pusimos a caminar, simplemente cada uno por su lado, y en todas partes vimos gentes con los ojos clavados en los escritorios o que se observaban las manos o que miraban la calle. Hablé con algunos. Stan hizo lo mismo.
-¿Y todos habían soñado?
-Todos. El mismo sueño, exactamente.
-¿Crees que será cierto?
-Sí, nunca estuve más seguro.
-¿Y para cuándo terminará? El mundo, quiero decir.
-Para nosotros, en cierto momento de la noche. Y a medida que la noche vaya moviéndose alrededor del mundo, llegará el fin. Tardará veinticuatro horas.
Durante unos instantes no tocaron el café. Luego levantaron lentamente las tazas y bebieron mirándose a los ojos.
-¿Merecemos esto? -preguntó la mujer.
-No se trata de merecerlo o no. Es así, simplemente. Tú misma no has tratado de negarlo. ¿Por qué?
-Creo tener una razón.
-¿La que tenían todos en la oficina?
La mujer asintió.
-No quise decirte nada. Fue anoche. Y hoy las vecinas hablaban de eso entre ellas. Todas soñaron lo mismo. Pensé que era solo una coincidencia -la mujer levantó de la mesa el diario de la tarde-. Los periódicos no dicen nada.
-Todo el mundo lo sabe. No es necesario -el hombre se reclinó en su silla mirándola-. ¿Tienes miedo?
-No. Siempre pensé que tendría mucho miedo, pero no.
-¿Dónde está ese instinto de autoconservación del que tanto se habla?
-No lo sé. Nadie se excita demasiado cuando todo es lógico. Y esto es lógico. De acuerdo con nuestras vidas, no podía pasar otra cosa.
-No hemos sido tan malos, ¿no es cierto?
-No, pero tampoco demasiado buenos. Me parece que es eso. No hemos sido casi nada, excepto nosotros mismos, mientras que casi todos los demás han sido muchas cosas, muchas cosas abominables.
En el vestíbulo las niñas se reían.
-Siempre pensé que cuando esto ocurriera la gente se pondría a gritar en las calles.
-Pues no. La gente no grita ante la realidad de las cosas.
-¿Sabes?, te perderé a ti y a las chicas. Nunca me gustó la ciudad ni mi trabajo ni nada, excepto ustedes tres. No me faltará nada más. Salvo, quizás, los cambios de tiempo, y un vaso de agua helada cuando hace calor, y el sueño. ¿Cómo podemos estar aquí, sentados, hablando de este modo?
-No se puede hacer otra cosa.
-Claro, eso es; pues si no estaríamos haciéndolo. Me imagino que hoy, por primera vez en la historia del mundo, todos saben qué van a hacer de noche.
-Me pregunto, sin embargo, qué harán los otros, esta tarde, y durante las próximas horas.
-Ir al teatro, escuchar la radio, mirar la televisión, jugar a las cartas, acostar a los niños, acostarse. Como siempre.
-En cierto modo, podemos estar orgullosos de eso… como siempre.

El hombre permaneció inmóvil durante un rato y al fin se sirvió otro café.
-¿Por qué crees que será esta noche?
-Porque sí.
-¿Por qué no alguna otra noche del siglo pasado, o de hace cinco siglos o diez?
-Quizá porque nunca fue 19 de octubre de 2069, y ahora sí. Quizá porque esa fecha significa más que ninguna otra. Quizá porque este año las cosas son como son, en todo el mundo, y por eso es el fin.
-Hay bombarderos que esta noche estarán cumpliendo su vuelo de ida y vuelta a través del océano y que nunca llegarán a tierra.
-Eso también lo explica, en parte.
-Bueno -dijo el hombre incorporándose-, ¿qué hacemos ahora? ¿Lavamos los platos?
Lavaron los platos, y los apilaron con un cuidado especial. A las ocho y media acostaron a las niñas y les dieron el beso de buenas noches y apagaron las luces del cuarto y entornaron la puerta.
-No sé… -dijo el marido al salir del dormitorio, mirando hacia atrás, con la pipa entre los labios.
-¿Qué?
-¿Cerraremos la puerta del todo, o la dejaremos así, entornada, para que entre un poco de luz?
-¿Lo sabrán también las chicas?
-No, naturalmente que no.
El hombre y la mujer se sentaron y leyeron los periódicos y hablaron y escucharon un poco de música, y luego observaron, juntos, las brasas de la chimenea mientras el reloj daba las diez y media y las once y las once y media. Pensaron en las otras gentes del mundo, que también habían pasado la velada cada uno a su modo.
-Bueno -dijo el hombre al fin.
Besó a su mujer durante un rato.
-Nos hemos llevado bien, después de todo -dijo la mujer.
-¿Tienes ganas de llorar? -le preguntó el hombre.
-Creo que no.
Recorrieron la casa y apagaron las luces y entraron en el dormitorio. Se desvistieron en la fresca oscuridad de la noche y retiraron las colchas.
-Las sábanas son tan limpias y frescas…
-Estoy cansada.
-Todos estamos cansados.
Se metieron en la cama.
-Un momento -dijo la mujer.
El hombre oyó que su mujer se levantaba y entraba en la cocina. Un momento después estaba de vuelta.
-Me había olvidado de cerrar los grifos.
Había ahí algo tan cómico que el hombre tuvo que reírse.
La mujer también se rió. Sí, lo que había hecho era cómico de veras. Al fin dejaron de reírse, y se tendieron inmóviles en el fresco lecho nocturno, tomados de la mano y con las cabezas muy juntas.
-Buenas noches -dijo el hombre después de un rato.
-Buenas noches -dijo la mujer.

Ray Bradbury  (EEUU, 1920-2012)

jueves, 4 de mayo de 2017

Tweeter and the monkey man - Travelling Wilburys




Charles Trusckott Wilbury tuvo innumerables hijos, varios de ellos se dedicaron en cuerpo y alma a la música y, en 1988, cinco de ellos se juntaron en el estudio de grabación que tenía Dave Stewart (Eurythmics) en Los Ángeles y grabaron el disco “Traveling Wilburys Vol. 1” que constaba de 10 temas entre los que se encontraba “Handle with care” que abría el disco, que ya ha sonado en los principios del blog y que se podría considerar como el germen del grupo.

Nelson, Lefty, Otis, Lucky y Charlie T. Jr. formaron los Traveling Wilburys y con su primer trabajo, como no podía ser de otra manera dado el talento del que estaban dotados todos y cada uno de los hermanos, cosecharon un notable éxito .

Posteriormente en 1990 Spike, Clayton, Boo y Muddy tomaron el relevo de sus hermanos, hay que decir que Lefty había fallecido, y bajo el mismo nombre de grupo, grabaron un disco al que llamaron “Traveling Wilburys Vol. 3” y, aunque no pueda considerarse un fracaso, no consiguió igualar el resultado del anterior disco que habían grabado sus hermanos.

Aunque se produjeron algunos rumores de nuevas grabaciones, la muerte de Nelson y Spike acabó definitivamente con los Traveling Wilburys.

Siempre nos quedará su música, tanto en grupo como por separado y en el blog han sonado y seguirán sonando todos, tanto de forma coral como individualmente.

Si queréis conocer más acerca de los hermanos Wilbury, os animo a que hagáis una búsqueda por Internet y os llevaréis una grata sorpresa. Será, en todo caso, relativa pues seguro que la mayoría conocéis la historia del grupo y en las ocasiones en que han sonado en el blog , aparte del sonido inconfundible de las voces de los hijos de Charles, las imágenes publicadas han aportado alguna pista determinante.

Consideradlo como un juego y un entretenimiento que no pretende ir más alla de eso y como otra forma más de disfrutar de la música de este grupo de amigos que transmiten un increible buen rollo y que están dotados con toneladas de talento.

El tema que suena hoy se incluye en el primer disco y está compuesto por Lucky y Boo Wilbury.

¡Salud y a disfrutar !


miércoles, 18 de marzo de 2015

Got my mind set on you - George Harrison




He pensado que a partir de hoy, igual que con las entradas de "Hecho en Extremadura", voy a publicar mensualmente un post dedicado a grandes temas de la música que, en realidad, son versiones de otros temas ya publicados. 

Algunos son versiones muy buenas, otros son tan populares como el original e, incluso hay alguno, que ha superado y ha hecho olvidar al tema que le dió origen.

Pensando en la canción que abriera esta serie, esta mañana al poner la radio, sonaba este tema de George Harrison que, me parece lleno de optimismo y ayuda a empezar el día con fuerza e ilusión.

El tema que nos ambienta hoy, es obra de Rudy Clark y fué grabado en 1962 por James Ray. El ex-Beatle la escuchó, le gustó y quiso que formara parte de su album "Cloud Nine" que supuso su regreso después de cinco años alejado de la música y sería su último album de estudio en solitario.

Contó con la colaboración de Jeff Lynne, amigo de George y líder de la E.L.O., y algunos dicen que este tema supuso el inicio del sonido The Traveling Wilburys (banda formada por Harrison, Lynne, Petty, Dylan y Orbison que ya ha sonado en el blog).

Tras la disolución de los Beatles, Harrison había estado experimentando con sonidos e instrumentos propios de la cultura de la India, muy influyente en su vida, y con esta canción sus fans consideraron que se había "vendido" a lo comercial en busca del éxito rápido y fácil.

Cierto es que la letra se aleja de las profundas reflexiones sobre la sociedad y nuestro papel en ella, que habían formado parte del espíritu creador de George hasta el momento, pero no es menos cierto que, como decía mi abuelo, en todos los trabajos se fuma y de vez en cuando viene bien una dosis de música fresca, optimista y sin más pretensiones.

Espero que la disfrutéis... Salud


domingo, 29 de abril de 2012

End of the line - Traveling Wilburys



Para acabar el mes de Abril y dar la bienvenida al ansiado Mayo, escuchemos otra perla de esa mezcla de amistad y buen rollo, aliñado con toneladas de talento, que fueron los Traveling Wilburys.