Hay que decir lo que hay que decir pronto, de pronto, visceral del tronco; con las menos palabras posibles que sean posibles los imposibles. Hay que hablar poco y decir mucho hay que hacer mucho y que nos parezca poco: Arrancar el gatillo a las armas, por ejemplo.
No sé por qué me quejo porque al fin estoy sola. Y el placer de tirar la ceniza en el suelo, sin que nadie te riña, y untar pan en la salsa y beberse los posos, y limpiarse la boca con el dorso de la mano, cantar al vagabundo porque al fin fue valiente, ir matando los besos como si fueran piojos, beber blanco, pronunciar ciertas frases decir ciertas palabras, exponerte a que un día te borren de la nómina… No debiera estar seria pues vivo como quiero, sólo que a veces tengo, un leve sarpullido.
con los ojos que miran las montañas. Yo era una montaña con almendros montaña solitaria. Y viniste alegre con tu canto y me besaste toda con tu agua. Me dejaste inquietud para la noche y el alma enamorada. Aún te veo, río de mi vida, en la curva lejana, te vas cantando más entre los chopos, te vas cantando más que en tu llegada. Y yo, paralítica montaña; inmóvil te recuerdo, enferma de volcanes, alocada, espero tu regreso, río loco, que pasaste besando mi cuerpo de montaña. Tuviste que seguir tu destino de río, y yo el mío triste de tierra amontonada. Me dice el viento que vas al mar, Te sigo río mío, con los ojos, Te sigo río mío con los ojos, ya que no puedo seguirte con las plantas. Soñé... te quedarías a mi lado, como un lago sin cisnes, para siempre, acunando mi ansia. Qué locura más loca enamorarse de un río una montaña!
Eñe de coño o cigüeña que nos trae, eñe la cizaña o la guadaña que nos lleva, eñe la niña que nos enfría, eñe la leña que nos calienta.
Eñe la caña con que pescamos, eñe el paño que nos calienta, eñe el moño que aún baila jota, eñe la maña que maña ostenta, eñe la uña que nos araña, eñe extremeña.
Eñe de caño de fuente, eñe de cuña que injerta, eñe de añicos, eñe de mierda, o eñe de niño, que somos todos los que aún latimos por un poema.
Si todo va como tiene que ir, nunca. Es necesario no dejar de ser niño aunque peines canas. Tienes que seguir teniendo gracia, no ser nunca pedante, ser cariñoso, inteligente y hasta un poco poeta. Seas chico o chica, si te sigues divirtiendo y riendo y asombrándote con lo que ves en el mundo, aunque crezcas y te hagas alto, no dejarás de ser niño jamás. Y eso es muy bueno, digan lo que digan.
A veces me dicen que soy como una niña grande porque hablo un idioma que entiende toda la gente. Eso me da tranquilidad, aunque haya gente que se piense que soy tonta. Soy sencilla, pero no simple. Siempre he pensado que ser niña es algo positivo.
En septiembre,
ponen sus huevos los saltamontes.
En septiembre,
berrean los ciervos
porque quieren hembra.
En septiembre,
berrean los sintrabajo
porque tienen hambre.
En septiembre,
gritan las paridoras
porque tienen hombre.
En septiembre,
se examinan los estudiantes
porque tienen suspensos.
En septiembre,
se llenan los campos de pequeños saltamontes,
se llenan los bosques de bellos cervatillos
y las salas de partos
se llenan de niños.
La ciudad se embaraza
de pequeñas revoluciones
y los amantes se cogen del sexo.
Los amantes en septiembre
se aman como siempre.
Todo esto y que llega el otoño
sucede en septiembre.
Hemos de procurar no mentir mucho. Sé que a veces mentimos para no hacer un muerto, para no hacer un hijo o evitar una guerra.
De pequeña mentía con mentiras de azúcar, decía a las amigas: “Tengo cuarto de baño” —mi casa era pobre, con el retrete fuera—. “Mi padre es ingeniero” y era sólo fumista, ¡pero yo lo veía ingeniero ingenioso!
Me costó la costumbre de arrancar la mentira, me tejí un vestido de verdad que me cubre, a veces voy desnuda.