viernes, 3 de julio de 2026

Viernes - Manolo García




ODA AL VIERNES

Ven a nosotros ya, tarde de Viernes,
danos un sorbo de café y canela,
y una lenta bocanada del narguile
que frene los precisos engranajes de la prisa.
La paz sea con vosotros, administrativos de la oficina A,
id felices, blandiendo
llaves de coches que os llevarán
a un dichoso atasco de Viernes,
porque después, se os depara sofá y televisión.
Y a los que preferís los sofocados clubs de música
decantaos por cócteles de pociones embriagantes,
y por la familiar cerveza, espumadora de bigotes
y cosquilleante de labios, incitándoos a la caza del salado aperitivo,
igual que a chistes sobre el escotazo de la nueva camarera.
Deléitanos, Viernes, con el susurro del tabaco de liar,
cántanos los teléfonos de las chicas más locuelas,
las que bailan sobre las mesas como
en las películas americanas de bajo presupuesto.
Oh, Viernes, amo el tornasol de tu cobijo
y la emoción de procrastinar las tareas
hasta el lunes, como soterradas en la cueva
de un dragón vencido, con una perforadora de papel en lugar de afilada mandíbula.
Soy persona humilde, que trabaja como una hormiga
cada día, entregando manso las horas de mañanas y tardes,
pero también anhelo los portazos del Viernes
y el alborozado trasiego en las escaleras.
Yo mismo trabajé hace tiempo en la oficina A
y trataba de ligar con las secretarias, sentadas
en soledad ante las puertas de entrada,
y en el descanso del almuerzo vagaba por el vecindario.
Ahora veo el viernes como una ciudad,
de donde me alejé, y en sueños a veces recorro,
de sol radiante, o luces de neón,
que bulliciosa aguarda la noche.

Serguéi Timoféev (Riga, 1970)

Traducción: Antonio Sánchez Carnicero y Marco Vidal González