Mostrando entradas con la etiqueta El último de la fila. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta El último de la fila. Mostrar todas las entradas

jueves, 17 de octubre de 2024

Rosa de los vientos - Los burros



Los vientos del destino

Un barco zarpa para el Este
y otro para el Oeste,
soplando para ambos los mismos vientos,
es el timón del marino y no el viento
el que determina el camino a seguir.

Los vientos del destino son como los vientos del mar,
mientras viajamos a través de la vida.
Son los actos del alma los que determinan el rumbo
y no la calma o la tempestad.

Ella Wheeler Wilcox (EEUU, 1850-1919)

martes, 12 de abril de 2022

No me acostumbro - El último de la fila




La ausencia es una forma de invierno

Como el cuerpo de un hombre derrotado en la nieve,
con ese mismo invierno que hiela las canciones
cuando la tarde cae en la radio de un coche,
como los telegramas, como la voz herida
que cruza los teléfonos nocturnos,
igual que un faro cruza
por la melancolía de las barcas en tierra,
como las dudas y las certidumbres,
como mi silueta en la ventana,
así duele una noche,
con ese mismo invierno de cuando tú me faltas,
con esa misma nieve que me ha dejado en blanco, pues todo se me olvida
si tengo que aprender a recordarte.

      Luis García Montero (Granada, 1958)

jueves, 11 de noviembre de 2021

Insurrección - El último de la fila




Contra vosotros

Vivís de la miseria
de los que nada tienen,
del desamparo de los oprimidos,
del silencio de los cobardes,
de las largas heridas
de los falsos motivos.

Suplantáis la queja de los que sufren,
laméis las sobras de los que mandan,
aparentáis el paso de los perdidos,
el dolor de los nuestros,
el dolor de los muertos,
el dolor de nuestros muertos
a través de los años
y a través de los siglos.

Vosotros, los de siempre,
los de los labios de acero,
los de las palabras huecas,
los de la peste en el alma,
los del sitio de la traición.

En este tiempo de mentira,
vivís de la derrota
administrando la carroña.
Nunca me fie de vosotros.
Nunca creí en vuestras palabras
porque nunca fuisteis de los vencidos.

                   Manuel Ruiz Amezcua (Jaén, 1952)

martes, 3 de marzo de 2020

Mar antiguo - El último de la fila




El mar de los antiguos

No volverá jamás el mar de los antiguos
a rebañar las costas creadas por sus olas.
Un año de ancho, una vida de largo,
se sumió en la honda bocanada del fondo.


Con él las bandas de Erik el Violento
y la pacífica vela de otro ladrón, fenicio,
doblaron para siempre ese horizonte blando
y abajo el precipicio que los tragó
a todos como se cierra un libro.

Ni el ceñudo pirata que un día fue
estatura y bronceado y sombra,
ni el traficante sofocado bajo tricornio y títulos,
tuvieron el poder de detener
aquellas otras olas que se llaman horas;
menos el múltiple ahogado, ése sin nombre,
puede asomar la cabeza ahora
para su intrépido persistir
bajo la luna, a solas.
Ah mar de Eneas y de Ulises
que no eras éste y eras
la cuna del delfín y las especias
y el camino del oro y siempre, lo Otro.
Qué portugueses y españoles eran
cuando eran los que eran en el mar.
¡Y el junco de esa otra historia, la ignorada,
que salía a él bajando de los ríos
como una rama armada de astrolabio,
con hombres amarillos bajo la tensa seda
guardando sus secretos, sus caminos y sus signos!
Veo entre peces voladores
cabalgar la trirreme del romano
y al bajel del griego salir de la zozobra;
todas esas ambiciones que iban tras las Hespérides
encalladas en el arrecife del Minuto.
Y la Sirena, el paganismo de a bordo
recubierto de escamas y colocado fuera,
y el oficial Leviatán del Viejo Testamento
condensados en la ballena blanca
que surcó todavía, en mil ochocientos y tantos,
el querido inolvidable mar de los antiguos.


Luis Benítez (Buenos Aires, 1956)

sábado, 2 de enero de 2016

Llanto de pasión - El último de la fila




ONCE INSTRUCCIONES PARA EMPEZAR EL DÍA

Que se levante y abra la ventana.
Que el sol entre a raudales por sus brazos.
Que mire al cielo y que lo encuentre limpio.
Que brillen en sus ojos los tejados.
Que la brisa más leve acaricie su cara.
Que una mano invisible le toque el corazón.
Que mire un poco hacia el suroeste.
Que se cierren sus ojos un instante.
Que el pensamiento vague perezoso.
Que sueñe otra ventana que se ha abierto.
Que mire, sienta, sepa y siga vivo.

Irene Sánchez Carrón (Navaconcejo, 1967)


domingo, 10 de agosto de 2014

Huesos - Los burros




"¿Encontraría a la Maga? Tantas veces me había bastado asomarme, viniendo por la rue de Seine, al arco que da al Quai de Conti, y apenas la luz de ceniza y olivo que flota sobre el río me dejaba distinguir las formas, ya su silueta delgada se inscribía en el Pont des Arts, a veces andando de un lado a otro, a veces detenida en el pretil de hierro, inclinada sobre el agua. Y era tan natural cruzar la calle, subir los peldaños del puente, entrar en su delgada cintura y acercarme a la Maga que sonreía sin sorpresa, convencida como yo de que un encuentro casual era lo menos casual en nuestras vidas, y que la gente que se da citas precisas es la misma que necesita papel rayado para escribirse o que aprieta desde abajo el tubo de dentífrico.
Pero ella no estaría ahora en el puente. Su fina cara de translúcida piel se asomaría a viejos portales en el ghetto del Marais, quizá estuviera charlando con una vendedora de papas fritas o comiendo una salchicha caliente en el boulevard de Sébastopol. De todas maneras subí hasta el puente, y la Maga no estaba.
Ahora la Maga no estaba en mi camino, y aunque conocíamos nuestros domicilios, cada hueco de nuestras dos habitaciones de falsos estudiantes en París, cada tarjeta postal abriendo una ventanita Braque o Ghirlandaio o Max Ernst contra las molduras baratas y los papeles chillones, aun así no nos buscaríamos en nuestras casas. Preferíamos encontrarnos en el puente, en la terraza de un café, en un cine-club o agachados junto a un gato en cualquier patio del barrio latino. Andábamos sin buscarnos pero sabiendo que andábamos para encontrarnos. Oh Maga, en cada mujer parecida a vos se agolpaba como un silencio ensordecedor, una pausa filosa y cristalina que acababa por derrumbarse tristemente, como un paraguas mojado que se cierra"

                          Rayuela (Julio Cortázar)


viernes, 22 de noviembre de 2013

Mi patria en mis zapatos - El último de la fila




El moño, las pestañas, las pupilas,
el peroné, la tibia, las narices,
la frente, los tobillos, las axilas,
el menisco, la aorta, las varices.

La garganta, los párpados, las cejas,
las plantas de los pies, la comisura,
los cabellos, el coxis, las orejas,
los nervios, la matriz, la dentadura.

Las encías, las nalgas, los tendones,
la rabadilla, el vientre, las costillas,
los húmeros, el pubis, los talones.

La clavícula, el cráneo, la papada,
el clítoris, el alma, las cosquillas,
esa es mi patria, alrededor no hay nada.

                                         Joaquín Sabina




Nadie es patria, todos lo somos.
                          Jorge Luis Borges

No he nacido para sólo un rincón, mi patria es todo el mundo.
                          Séneca

martes, 7 de mayo de 2013

Querida Milagros - El último de la fila




"Querida Milagros" fué el tema que me descubrió a los fantásticos últimos de la fila, allá por el año 1985. Recuerdo claramente que fué en televisión, en un programa de videos musicales y me llamó la atención, aparte de la letra, por la música y sobre todo por el estilo personal y único que siempre acompañó a Manolo García, con su peculiar voz y manera de cantar, y Quimi Portet.

A raiz de este video y gracias al interés que despertó en mí esta canción, descubrí sus orígenes (Los burros, Los rápidos, ...) y he seguido toda su trayectoria posterior.

Por cierto, Portet, en una entrevista con Rolling Stones confiesa: “La escribí de cachondeo, para hacer una parodia de los cantautores trágicos y hacer reír a varios amigos. Nunca imaginé que la gente se la tomaría tan en serio, que lloraría con ella. Cuando me di cuenta de los sentimientos que provocaba, se acabó la coña”

Lo cierto y real es que la historia del soldado Adrián y la carta que le escribe a su amada Milagros, es una historia muy triste y repetida millones de veces a lo largo de la historia de la humanidad en las numerosas y siempre incivilizadas guerras que el ser humano ha provocado.

Esperemos que desaparezcan para siempre todos los Adrianes y todas las Milagros del mundo y para que no olvidemos a los que han existido para que no se repita nunca más su triste historia, escuchemos este fantástico himno antibelicista.

viernes, 26 de marzo de 2010

Los ángeles no tienen hélices - El último de la fila



Yo he visto las maravillas de la creación
sin ni tan siquiera abrir los ojos.
Y tu siempre has estado a mi lado,
a miles de kilómetros o entre mis brazos.
Te amo como se ama por primera vez,
cuando aún no hay constumbres.
Lejos de las leyes de los hombres,
donde se diluye el horizonte.
He visto el paraíso y el infierno
sin ni tan siquiera abrir los ojos,
y tu siempre has estado a mi lado,
a miles de kilómetros o entre mis brazos.
Te amo como se ama por primera vez
cuando aún no hay costumbres.
Lejos de las leyes de los hombres
donde se diluye el horizonte.


                              (Quimi Portet-Manolo García)