Yo pensaba que mi madre, estaba en su tumba fría, y la he encontrado en mis ojos, llevo su boca en la mía. Mis andares son los suyos, mis gestos y mi mirada. Si me dirijo a mis hijos, utilizo sus palabras. Todo lo que ella decía, lo digo sin darme cuenta. Toso como ella tosía, gasto las bromas de ella. Las madres no se van nunca, se quedan en los espejos, para ver cómo sus hijos, se les van haciendo viejos.
Ven a nosotros ya, tarde de Viernes, danos un sorbo de café y canela, y una lenta bocanada del narguile que frene los precisos engranajes de la prisa. La paz sea con vosotros, administrativos de la oficina A, id felices, blandiendo
llaves de coches que os llevarán a un dichoso atasco de Viernes, porque después, se os depara sofá y televisión. Y a los que preferís los sofocados clubs de música decantaos por cócteles de pociones embriagantes, y por la familiar cerveza, espumadora de bigotes y cosquilleante de labios, incitándoos a la caza del salado aperitivo, igual que a chistes sobre el escotazo de la nueva camarera. Deléitanos, Viernes, con el susurro del tabaco de liar, cántanos los teléfonos de las chicas más locuelas, las que bailan sobre las mesas como en las películas americanas de bajo presupuesto. Oh, Viernes, amo el tornasol de tu cobijo y la emoción de procrastinar las tareas hasta el lunes, como soterradas en la cueva de un dragón vencido, con una perforadora de papel en lugar de afilada mandíbula. Soy persona humilde, que trabaja como una hormiga cada día, entregando manso las horas de mañanas y tardes, pero también anhelo los portazos del Viernes y el alborozado trasiego en las escaleras. Yo mismo trabajé hace tiempo en la oficina A y trataba de ligar con las secretarias, sentadas en soledad ante las puertas de entrada, y en el descanso del almuerzo vagaba por el vecindario. Ahora veo el viernes como una ciudad, de donde me alejé, y en sueños a veces recorro, de sol radiante, o luces de neón, que bulliciosa aguarda la noche.
Serguéi Timoféev (Riga, 1970)
Traducción: Antonio Sánchez Carnicero y Marco Vidal González
Abre todas las puertas: la que conduce al oro, la que lleva al poder, la que esconde el misterio del amor, la que oculta el secreto insondable de la felicidad, la que te da la vida para siempre en el gozo de una visión sublime. Abre todas las puertas sin mostrarte curioso ni prestar importancia a las manchas de sangre que salpican los muros de las habitaciones prohibidas, ni a las joyas que revisten los techos, ni a los labios que buscan los tuyos en la sombra, ni a la palabra santa que acecha en los umbrales. Desesperadamente, civilizadamente, conteniendo la risa, secándote las lágrimas, en el borde del mundo, al final del camino, oyendo cómo silban las balas enemigas alrededor y cómo cantan los ruiseñores, no lo dudes, hermano: abre todas las puertas. Aunque nada haya dentro.
Quiero hacer contigo todo lo que la poesía aún no ha escrito
Cualquiera diría al verte que los catastrofistas fallaron: no era el fin del mundo lo que venía,
eras tú.
Te veo venir por el pasillo como quien camina dos centímetros por encima del aire pensando que nadie le ve. Entras en mi casa —en mi vida— con las cartas y el ombligo boca arriba, con los brazos abiertos como si esta noche me ofrecieras barra libre de poesía en tu pecho, con las manos tan llenas de tanto que me haces sentir que es el mundo el que me toca y no la chica más guapa del barrio.
Te sientas y lo primero que haces es avisarme: No llevo ropa interior pero a mi piel le viste una armadura. Te miro y te contesto: Me gustan tanto los hoy como miedo me dan los mañana.
Y yo sonrío y te beso la espalda y te empaño los párpados y tu escudo termina donde terminan las protecciones: arrugado en el cubo de la basura. Y tú sonríes y descubres el hormigueo de mi espalda y me dices que una vida sin valentía es un infinito camino de vuelta, y mi miedo se quita las bragas y se lanza a bailar con todos los semáforos en rojo.
Beso uno a uno todos los segundos que te quedas en mi cama para tener al reloj de nuestra parte; hacemos de las despedidas media vuelta al mundo para que aunque tardemos queramos volver; entras y sales siendo cualquiera pero por dentro eres la única; te gusta mi libertad y a mí me gusta sentirme libre a tu lado; me gusta tu verdad y a ti te gusta volverte cierta a mi lado.
Tienes el pelo más bonito del mundo
para colgarme de él hasta el invierno que viene; gastas unos ojos que hablan mejor que tu boca y una boca que me mira mejor que tus ojos; guardas un despertar que alumbra las paredes antes que la propia luz del sol; posees una risa capaz de rescatar al país y la mirada de los que saben soñar con los ojos abiertos.
Y de repente pasa, sin esperarlo ha pasado. No te has ido y ya te echo de menos, te acabo de besar y mi saliva se multiplica queriendo más, cruzas la puerta y ya me relamo los dedos para guardarte, paseo por Madrid y te quiero conmigo en cada esquina.
Si la palabra es acción entonces ven a contarme el amor, que quiero hacer contigo todo lo que la poesía aún no ha escrito.
El gentío se reúne alrededor de las altas hogueras.
Esta noche se limpian las casas y las almas. Se arrojan al fuego los trastos viejos y los deseos viejos, cosas y sentires gastados por el tiempo, para que lo nuevo nazca y encuentre lugar.
Desde el norte del mundo, esta costumbre se difundió por todas partes. Siempre fue una fiesta pagana. Siempre, hasta que la Iglesia Católica decidió que ésta sería la Noche de San Juan.
Uno no quería contar con nadie y Uno no entendía porque era impar si antes de él había alguien Uno no quería contar con nadie y uno sentía que después de él estaba el infinito y a Uno ese epíteto le daba miedo así que Uno muerto de pavor se fijó en Cero y cuando Uno vio a Cero pensó que Cero era el número más bonito que había visto y que aun viniendo antes que él era entero
pensó que en Cero había encontrado el amor verdadero en Cero había encontrado a su par así que decidió ser sincero con Cero y decirle que aunque era un Cero a la izquierda sería el Cero que daría valor y sentido a su vida eso de ser el primero ya no le iba así que le dio a Cero la gran bienvenida juntos eran pura alegría y se completaban Uno tenía cero tolerancia al alcohol pero con Cero se podía tomar una cerveza cero por su aniversario que para eso tenía que inventarse una fecha cero en el calendario pero era algo cerrado y le costaba representar textos pero junto a Uno hacían el perfecto código binario y eran los dígitos del barrio y procesaban el amor a diario pero Uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde así que Uno perdió a Cero y para cuando Uno se dio cuenta Cero ya contaba de la mano con Menos Uno que a pesar de ser algo negativo la trataba como a una reina a Cero le gustaba que Menos Uno fuera original tener un hueco en Menos Uno un guión con el que podían jugar a Cero le gustaba que menos uno no fuera uno más que Menos Uno no fuese ordinal
que fuese justamente competitivo y que cuando jugasen al uno Menos Uno no le dejase ganar Cero sentía que a diferencia de Uno Menos Uno le trataba como a un número de verdad y Menos Uno no ponía peros ni pretendía darle valor a Cero poniendo comas entre ellos Menos Uno no tenía complejos y cuando hacían el amor a Menos Uno le encantaba estar bajo Cero y Uno una vez más volvió a quedarse solo separado como una unidad sin Cero su vida se consumía como una vela sin Cero el tiempo en él hacía mella y Uno empezó a contar pero sin Cero se olvidó de los pesos de Cero del sexo con Cero de los celos de Cero y empezó a contar pero sin Cero Uno se olvidó de Cero y le dijo adiós Uno se olvidó de Cero y tal vez del amor y empezó a contar hacia lo que más miedo le daba hasta el infinito o tal vez solo hasta Dos.
En la infancia aprendí que mis padres, mis abuelos, mis tíos… tuvieron que trabajar desde edades muy tempranas, que apenas pudieron conocer el colegio.
Nacían y vivían en un pueblo, uno de tantos que habían perdido la guerra, o mejor dicho, la Guerra Civil les había vencido a ellos, les había derrotado en esos apenas tres años en una derrota que duró lustros.
Conocieron de cerca al enemigo. Pero me temo que pronto olvidaron que el enemigo estaba vivo, que la sombra del enemigo se extendía… hambre, pobreza, miseria, analfabetismo, superstición, miedo a la guerra, miedo a la política, miedo a la muerte.
Conozco al enemigo.
Muchos años después, conocí mi particular campo de batalla, en otra derrota que duró lustros, en ese nuevo escenario las balas y los prisioneros eran otros: dinero, responsabilidades, cumplimientos.
Comprobé que la sombra del enemigo continuaba alargando sus dominios… explotación, competitividad, envidia, poder, codicia.
Decidí desertar. Me alejé de tanta sinrazón, me alejé después de la ciudad, para intentar vivir lejos de cualquier derrota.
Todavía, muchos días, muchas veces, tengo la sensación de que debo seguir alejándome, huyendo.
El mundo es un lugar hermoso donde nacer si no te importa que la felicidad no sea siempre tan divertida si no te importa esa pizca de infierno de vez en cuando justo cuando todo estaba bien ya que ni siquiera en el cielo están cantando todo el rato.
El mundo es un lugar hermoso donde nacer si no te importa que alguna gente muera todo el rato o pase un hambre mortal parte del tiempo lo cual no es ni la mitad de malo si no eres tú.
Oh, el mundo es un lugar hermoso donde nacer si no te importan unas pocas almas muertas en los pisos más altos o una bomba o dos de vez en cuando en tu carita respingona o algunas otras inconveniencias como que nuestra sociedad Marca Registrada sea presa de sus hombres de la distinción y sus hombres de la extinción y sus curas y otros patrulleros y sus segregaciones varias e investigaciones del congreso y otros estreñimientos de los que nuestra tonta carne es heredera
Sí el mundo es el mejor lugar de todos para un puñado de cosas como montar una escena divertida y montar una escena de amor y montar una escena triste y cantar graves canciones y sufrir de inspiración y pasear mirándolo todo y oliendo las flores metiendo mano a las estatuas y hasta pensar y besar a la gente y hacer bebés y llevar pantalones y tocarse el sombrero y bailar e ir a nadar en los ríos en picnics a mitad del verano y así en general "vivir la vida"
Sí pero justo entonces en mitad del asunto llega sonriente el sepulturero.
Un buen libro, Marcus, no se mide sólo por sus últimas palabras, sino por el efecto colectivo de todas las palabras precedentes. Apenas medio segundo después de haber terminado el libro, tras haber leído la última palabra, el lector debe sentirse invadido por un fuerte sentimiento; durante un instante, sólo debe pensar en todo lo que acaba de leer, mirar la portada y sonreír con un gramo de tristeza, porque va a echar de menos a todos los personajes. Un buen libro, Marcus; es un libro que uno se arrepiente de terminar.
Joël Dicker (La verdad sobre el caso de Harry Quebert)
En 1966, Steve Miller, Barry Goldberg, Roy Rubi, Craymore Stevens y Lance Haas, fundaron, en Chicago, la Goldberg-Miller Blues Band, para tocar blues por los garitos de la ciudad.
Poco después, Miller, se trasladó a San Francisco y formó la Steve Miller Blues Band. Aunque, en un principio, no tuvieron excesiva atención por parte del público, comenzaron a grabar discos y, poco a poco, se fueron ganando su favor, aumentado sus ventas.
El tema de hoy forma parte de su disco publicado en 1977, llamado Book of dreams, y nos habla de una cuestión tan vieja como el hombre.
Nos habla de la dicotomía que supone dejar atrás lo conocido y nos proporciona seguridad, para intentar mejorar e iniciar nuevas aventuras, lo que nos provoca miedo y ansiedad a lo desconocido.
La ilusión por abrir caminos y empezar una nueva vida frente al miedo de perder nuestras raíces y el lugar de donde venimos.
Esa lucha es la que ha hecho evolucionar y avanzar al hombre y al mundo; y en esa lucha debemos intentar que venza la ilusión pero sin olvidar nuestra esencia y lo que somos dando gracias a quienes nos han ayudado a conseguirlo.
Como dijo C.S. Lewis, nunca se es demasiado viejo para marcarte un nuevo objetivo o tener un nuevo sueño
¡Salud, música y mirar al frente esperando lo que se avecina, buscando nuestros sueños!
Richard Starkey, músico multiinstrumentista, compositor y actor británico, nacido en Liverpool en 1940, es mundialmente conocido por ser el batería, durante casi todo el periodo que estuvieron en activo como banda, de The Beatles.
Tal vez opacados por la rivalidad y fama de John y Paul, tanto Starr como Harrison, permanecieron un poco en segundo plano, aunque sus carreras en solitario demuestran que no estaban lejos de sus dos compañeros en cuanto a talento y creatividad.
Tras la separación del grupo, Ringo comenzó su carrera en solitario y aún hoy permanece en activo. Con altibajos y algunas pausas, paralelamente desarrolló una carrera como actor y productor, además de ser músico de sesión en multitud de trabajos de otros artistas entre los que se incluyen sus tres compañeros escarabajos.
Con George, el beatle tranquilo, mantuvo una relación muy especial hasta el último día de la vida de Harrison.
El tema que suena hoy, forma parte de su último trabajo discográfico, Long Long Road, publicado en marzo de este año, y está conscripto y producido por T. Bone Burnett que, recientemente, ha sonado en el blog.
It's been too long nos habla de lo bien que sienta reconectar con las personas, hablar, escucharse y planear sueños y realizar proyectos en compañía de las personas que nos importan. Nos dice que todo eso, de algún modo, se ha perdido y tenemos que recuperar esas sensaciones antes de que pase más tiempo y todo eso nos parezca muy lejano y olvidado para siempre.
Lo sabían los tres. Ella era la compañera de Kafka. Kafka lo había soñado. Lo sabían los tres. Él era el amigo de Kafka. Kafka lo había soñado. Lo sabían los tres. La mujer le dijo al amigo: Quiero que esta noche me quieras. Lo sabían los tres. El hombre contestó: Si pecamos, Kafka dejará de soñarnos. Uno lo supo. No había nadie más en la tierra. Kafka se dijo: Ahora que se fueron los dos, he quedado solo. Dejaré de soñarme
Sólo de pensarlo me pongo enfermo, y es peor que el peor dolor de estómago o que las jaquecas que se me levantan por leer con poca luz: una suerte de sarampión del espíritu, de paperas de la psique, de desfiguradora varicela del alma.
Me dices que es demasiado pronto para mirar al pasado, pero eso es porque te has olvidado de la perfecta sencillez que supone ser uno y de la hermosa complejidad introducida por dos. Puedo tumbarme en la cama y recordar todos los números. A los cuatro era un mago de Arabia. Podía volverme invisible si me bebía un vaso de leche de una determinada manera. A los siete era un soldado; a los nueve, un príncipe.
Ahora, sin embargo, paso el tiempo junto a la ventana, contemplando la luz del atardecer. Entonces nunca daba tan solemnemente en los costados de la casita del árbol, y mi bicicleta nunca se apoyaba en el garaje como lo hace hoy, desposeída de su velocidad azul.
Aquí nace la tristeza, me digo, mientras recorro en bambas el universo. Es hora de decir adiós a mis amigos imaginarios, de cumplir mi primer gran número.
Parece que fue ayer cuando creía que debajo de mi piel sólo había luz, que, si me cortabas, fulgía. Pero ahora, cuando me caigo en las aceras de la vida, me pelo las rodillas. Y sangro.
o porque sus colores preferidos son el gris y el azul degastado, sin brillo, de las chaquetas de los oficinistas, no goza entre los jóvenes de buena prensa. De todo lo bueno que les pasa de largo la responsabilizan a ella. Los viejos, sin embargo, incluso rezan para que no falte a la cita al día siguiente. Detesta las euforias desmedidas, las sorpresas y el excesivo culto a la esperanza. No le hace falta más que un rato para bajarle los humos a lo espectacular. Después de las catástrofes y las guerras, después del infierno del desamor, aparece ella, como si nada, y te ayuda a seguir adelante.
Un año más, Cáceres, durante cuatro días de la primavera extremeña, se convierte en el epicentro de la fusión de músicas y culturas del mundo.
El pasado viernes, en el renovado escenario de la Plaza Mayor, actuó Seun Kuti con su banda Egypt 80, inundando las piedras y los corazones de todos los asistentes con su música y su reivindicación de su cultura , de su país y de su continente.
Fela Kuti, su padre, fue un músico multiinstrumentista y político, creador del afrobeat, música que mezcla soul, jazz y funkie, y la puso al servicio de la lucha por los derechos humanos, en contra de las injusticias de las dictaduras y el poder de las multinacionales.
Cuando su padre falleció, Seun lo relevo y lideró los Egypt 80, continuando con su legado de música y activismo en pro de los derechos y libertades de la nación negra.
Recientemente, el nombrado Vicepresidente de la Junta de Extremadura, por la presidenta María Guardiola, gracias al vergonzante pacto firmado por el PP y VOX, declaró que todos las asistentes al WOMAD son unos perroflautas...¿y?, ¿qué problema hay en ser un perroflauta?, Prefiero ser un perroflauta que señorito de pulserita y chaleco, patriota de tres al cuarto, xenófobo y fascista. Como dicen las camisetas que ha puesto en circulación el grupo municipal de Unidas Podemos en Cáceres, yo también soy perraflauta.
¡Perroflautas del mundo, uníos y luchad por la música y la cultura del mestizaje, derribando el muro del fascismo y la intolerancia!
El día del fin del mundo Una abeja circunvuela un trébol, Un pescador repara una red resplandeciente. Marsopas felices saltan en el mar, Por las canaletas gorriones jóvenes juegan Y a la serpiente es arrancada la piel dorada como debe ser siempre.
El día del fin del mundo Las mujeres caminan a través de los campos bajo sus sombrillas, Un borracho se amodorra en el borde de un prado, Vendedores ambulantes de hortalizas gritan en la calle Y un bote de color amarillo que navega se acerca a la isla, La voz de un violín persiste en el aire Y se insinúa en una noche estrellada.
Y los que esperaban rayos y truenos Están decepcionados. Y los que esperaban señales y triunfos de los arcángeles No creen que está sucediendo ahora. Mientras el sol y la luna están por encima, Mientras el abejorro visita una rosa, Mientras los niños sonrosados nacen Nadie cree que está sucediendo ahora.
Sólo un hombre viejo de pelo blanco, que sería un profeta Sin embargo, no es un profeta, porque él está muy ocupado, Repite mientras envuelve sus tomates: No habrá otro fin del mundo, No habrá otro fin del mundo. Czeslaw Milosz (Lituania, 1911-Polonia, 2004)
Siempre que se hace un ranking, de lo que sea, es obvio que el criterio del que lo elabora influye en lo que se incluye en esa lista, y lo que queda fuera de ella, así como en la posición que va a ocupar dentro de esa clasificación, especialmente si el criterio usado no es puramente estadístico ni claramente contrastable.
Me encontré este listado de las palabras más bellas del castellano que, lógicamente, no comparto en su totalidad y, por eso, voy a poner las que me parecen que merecen estar aunque no tengo claro la posición. Entiendo que unas están incluidas por la palabra en sí y otras por su significado y/o por lo que representan en un sentido literal o metafórico.
Para no polemizar ni pretender que prevalezca mi criterio las voy a poner en orden alfabético que, este sí, no es un criterio subjetivo ni discutible.
Arrebol: cuando las nubes adquieren un color rojo al ser iluminadas por los rayos del sol.
Ataraxia: imperturbabilidad, serenidad.
Bonhomía: afabilidad, sencillez,bondad y honradez en el carácter y en el comportamiento.
Compasión: sentimiento de pena, de ternura y de identificación ante los males de alguien.
Elocuencia: el arte de hablar de modo eficaz para deleitar o conmover.
Efervescencia: burbujas en cualquier clase de líquido.
Efímero: de corta duración.
Epifanía: un momento de sorpresiva revelación.
Etéreo: extremadamente delicado y ligero, algo fuera de este mundo.
Incandescencia: luz producida por altas temperaturas.
Inconmensurable: enorme, que no puede medirse.
Inefable: algo tan increíble que no puede ser expresado en palabras.
Inmarcesible: que no puede marchitarse.
Iridiscencia: fenómeno óptico donde el tono de la luz varía creando pequeños arcoiris.
Limerencia: estado mental involuntario, propio de la atracción involuntaria de una persona hacia otra.
Luminiscencia: propiedad de un cuerpo de emitir una luz débil pero visible en la oscuridad.
Melancolía: tristeza vaga, profunda, sosegada y permanente, nacida de causas físicas o morales, que hace que quien la padece no encuentre gusto ni devoción en nada.
Melífluo: un sonido excesivamente dulce, suave o delicado.
Nefelibata: dicho de una persona soñadora que no se apercibe de la realidad.
Nostalgia: pena de verse ausente de la patria o de los amigos.
Ósculo: beso de respeto o afecto.
Perenne: continuo, incesante,que no tiene intermisión.
Petricor: nombre que recibe el olor que produce la lluvia al caer sobre suelo seco.
Resiliencia: capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situación adversos.
Sempiterno: que durará siempre; que habiendo tenido principio no tendrá fin.
Serendipia: Hallazgo afortunado e inesperadoque se produce cuando se está buscando otra cosa distinta.
Muy posiblemente os sobren algunas y os faltarán muchas, pero entre más de 93.000 entradas que tiene el diccionario de la RAE, es muy complicado elegir unas cuantas y, más aún, establecer una clasificación entre ellas. Quedaos con la palabra y su poder, esperando que se imponga, siempre, a la violencia.
Tómame de la mano al atardecer, cuando la luz del día se apague y la oscuridad despliegue su cortina de estrellas… Sostenla apretada cuando no pueda vivir este mundo imperfecto… Tómame de la mano… llévame donde el tiempo no existe… Sostenla apretada en el difícil vivir. Tómame de la mano… cuando me sienta desorientado… cántame la canción de las estrellas, dulce cantinela de voces respiradas… Tómame la mano, y apriétala fuerte antes de que el destino insolente pueda apartarme de ti… Tómame de la mano y no me dejes ir… nunca…
«Llovió esta tarde y frente a mi casa, en el empedrado lleno de baches, se ha formado un charco. Parece un pedazo de espejo tirado en medio de la calle. Al anochecer, sereno ya el tiempo, unos gorriones que tienen sus nidos enfrente, en el cerco de las campanillas azules, vinieron a beber de él. Fue luego un can vagabundo, flaco y peludo, que se acercó a apagar su sed en el charco. Ahora, al reflejar un trozo de cielo, se ha llenado de estrellas. Y mañana, al alba, se irisará con todos los colores de la aurora. Pero después, cuando pasen para el mercado los carros de verdura y de fruta, más de un pesado casco de mulo desgarrará su agua serena. Y el sol, más tarde, lo absorberá gota a gota, hasta que el bache vuelva a quedar seco, con un triste aspecto de esqueleto. El charco, entonces, se habrá ido a las nubes, como dicen que las almas de los buenos se van al cielo después de haber vivido su vida como un hombre noble y soñador: apagando bondadosamente la sed de los dulces pájaros y de los perros sin dueño; reflejando estrellas; sintiendo en sus entrañas vivas la dura pezuña de los mulos que pasan. O, lo que es lo mismo: amando, soñando, sufriendo»
Empuñemos la vida aunque vayamos a perderla. Desde el callejón oscuro de la edad silenciada, contra el muro infame de «las cosas no cambian». Es la hora del grito ingenuo y poderoso, el momento de que los cuerpos en primavera fabriquen verdades honestas para la gran revolución.
Viajemos miles de kilómetros hasta encontrar unos labios que amar. Huyamos de la oficina segura, que el pan no amordace nuestra esperanza. Azotemos las aceras durmientes, desnudemos a mordiscos la rutina. Protejamos las amistades vertiginosas, abrazando los defectos, mimando el imprevisto.
Decidamos armados de honradez porque no hay peor engaño que el que se hace uno mismo. Removamos pueblos y ciudades en busca de políticos limpios. ¡Demos un paso al frente cuando suene esa maldita música! La de «esto funciona así», la de «este es el mundo real». Protejamos el instante que es nuestro. Caminemos millonarios de diferencias porque serán invencibles puestas en común. Demostremos al jefe que lo nuevo puede ser bueno, que el entusiasmo debutante no se paga con dinero.
Adiós a las banderas del odio, a las patrias inflamadas. Adiós a las sonrisas condescendientes que nos disparan. Basta de diluir la fuerza en opio y anestesia, basta de quejas sin sudor, ¡basta de autocomplacencia! A las trincheras, que el tiempo se acaba. Conspiremos desde nuestros parlamentos, que son los bares con servilletas de papel.
Ese lugar más justo está en alguna parte. Empujemos cuando nos digan que no, lleguemos exhaustos al atardecer de la decepción. Porque entonces, y sólo entonces, nos suplicará la eternidad: Quédate, quiero saber de tu pasado.