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miércoles, 26 de agosto de 2026

Mother - John Lennon & The Plastic Ono Band



Su viva imagen

Eres su viva imagen, me decían
sin sospechar entonces que esas cuatro palabras
iban a ser ahora mi condena.

No tengo dónde huir, dónde esconderme:
sus ojos están dentro de mis ojos;
su apellido en el mío
como el nombre de un barco en el fondo del mar.
Lo que ayer fue mi casa,
es la guarida de los tiburones.

Tú estabas a mi lado
y me has visto nadar en ríos de veneno;
has visto lágrimas
que eran cristales rotos, una lluvia de espinas,
cicatrices de agua que cruzaba la piel.

Miro su alianza de oro en mi dedo
y su rostro tallado sobre el mío,
mientas la vida sigue,
el aire mueve
los árboles o el sol ilumina su casa
lo mismo que si no estuviera vacía.

El tiempo sólo cura aquello que se puede
sustituir y yo no siento nada
que no sintiese antes
cualquiera en cuyas venas ha bebido la muerte:
la grieta de la angustia,
la plaga de los verbos en pasado;
los recuerdos que buscan su lugar en la vida.

Es tan raro saber que no volveré a verla
y los demás
seguiremos entrando en restaurantes,
cines,
supermercados,
estaciones de tren...
Que no volveré a oír su voz pero a las nueve
será otra vez la hora de la cena,
los fines de semana iré al estadio,
mi coche rodará por la autopista
que ella escuchaba desde su jardín...

Pienso en su dios cruel, el dueño del dolor
y la mentira,
el cínico dice:
–Yo te destruyo para que descanses en paz.
Y ojalá fuese cierto lo que nunca he creído
y ella viera la soledad que deja,
cómo la echo de menos; cuánto me va a faltar;
lo que daría
por volverla a tener una vez más aquí,
un día más, tan sólo.

La mía es la tristeza del cobarde
que reúne para seguir en pie
el valor que no tuvo para ver la caída
de aquello que más quiso.

No tengo que explicártelo. Tú estabas con nosotros
y conoces
el dolor sin refugios,
las sábanas que acechan el cuerpo del herido;
conoces el enjambre feroz de las agujas,
las noches que no acaban cuando sale el sol.

Quien lo sabía todo de mí se ha llevado
el secreto a la tumba,
me he convertido en un desconocido:
el hombre que perdió el rastro de su sangre;
que se ha vuelto una sombra;
que no tiene a quién preguntar por él.

Ahora que mi madre ya no está –si eso es cierto,
si hoy no va a resolver un crucigrama,
ni a mirar los concursos de la televisión
como todas las tardes;
si ha caído en un sueño eterno del que nunca
vamos a despertar–,
guardaré sus palabras, custodiaré sus huellas;
y jamás voy a darla por perdida:
la memoria es el margen de error del olvido.

Le gustaban la nieve, los gatos, la familia;
el fuego,
cocinar,
los cumpleaños,
llorar con las películas románticas;
encender velas en las catedrales.
Le asustaban los médicos,
las llamadas nocturnas,
las tormentas,
el frío,
los reptiles...

Antes de las sirenas y las radiografías,
el miedo blanco de las ambulancias,
sus labios devorados
lentamente
por la carcoma de las oraciones.

Antes de los engaños piadosos,
el fuego amigo de las medicinas,
el esqueleto abriéndose paso hacia la luz.

Cómo puedo escribir lo inexplicable,
lo que no tiene nombre,
lo que todos callamos porque la vida sigue
y junto al cementerio hay tiendas y mercados,
jóvenes que adelantan con sus motocicletas
a los furgones fúnebres,
y avanzamos de espaldas a lo que nos espera
y llamamos silencio
a todo lo que nadie quiere oír.

Le gustaban las fiestas,
los océanos
y creer que su dios no le daba los golpes
sino la fuerza para soportarlos.
Temía la vejez y al abandono:
pensaba que la forma más triste de marcharse
es no tener a alguien que te diga adiós.

La imagino en la época en que yo no existía,
haciendo cosas
que nunca le vi hacer: enamorarse,
bailar, romper las reglas, ser feliz;
y a veces me pregunto
si fue siempre la misma mujer que conocíamos,
tuvo tan claras sus obligaciones,
dónde estaba su sitio,
de qué infiernos no era decente escapar.

Le gustaba que habláramos
de su salud,
del clima,
de su infancia en los años de la Guerra Civil.
Le asustaban los cambios y las banderas rojas,
la libertad y el paso de los días.

Antes de la morfina y el delirio,
de que fuera quedándose sin caminos de vuelta,
sin puentes que cruzar,
sin esperanza.
No sé cómo explicarlo:
los recuerdos te siguen; pero cuando te vuelves,
nunca están ahí.

Ahora que ya se ha ido,
sólo será posible querernos a escondidas,
fingir ante los otros que no me habla por dentro,
que todo ha terminado entre los dos.
Las cosas no se pierden cuando desaparecen,
sino cuando las dejas de buscar.

Miro su anillo;
miro sus fotos
y soy yo:
puedo ver nuestra cara, nuestras manos...
Y eso que era mi orgullo, ahora es mi condena:
ser hoy que ya no está su viva imagen,
ser su eco,
su huella
el fantasma
de María Ángeles Prado, la mujer de mi vida

Benjamín Prado (Madrid, 1961)

lunes, 16 de enero de 2023

Volverás - Elefantes






 





































 Roto


Solo, en medio de todo;
estar tan solo
como es posible,
mientras ellos vienen
muy despacio,
se agrupan,
ponen su campamento,
invaden,
talan,
hunden,
derriban las palabras
una a una,
se reparten mi vida,
poco a poco,
levantan su pared
golpe a golpe.

Después se van;
se marchan
lentamente,
pensando:
-Nunca podrás huir de todo lo que has perdido.

Tal vez tengan razón.
Tal vez es cierto.

Pero llega otro día,
el cielo quema
su cera azul encima de las casas;
yo regreso de todo lo que han roto,
busco entre lo que tiene
su propia luz,
encuentro
la mirada del hombre que ha soplado unas velas,
el limón que jamás es parte de la noche;
ato,
pongo de pie,
reúno los fragmentos,
me convierto en su suma.

Y todo vuelve
otra vez;
las palabras 
llegan donde yo estoy;
son las palabras
perfectas,
las que tienen
mi propia forma,
ocupan cada hueco
y cierran cada herida.

Las palabras que valen para hacer estos versos
y sentarse a esperar que regresen los bárbaros.

Benjamín Prado
("Todos nosotros" 1988)

lunes, 12 de julio de 2021

Broken flag - Patti Smith




Frío como el infierno 

Estamos en invierno y esto es Roma
y tú no estás.
Yo voy de un lado a otro
de tu nombre,
lo mismo
que un oso en una jaula;
marco un número;
pongo la radio, escucho una canción
de Patti Smith dar vueltas dentro de Patti Smith
igual que un gato en una lavadora.

Estamos en invierno y yo busco un cuchillo;
miro la calle;
pienso en Pasolini;
coges una naranja con mi mano.

Y esto es Roma.
La nieve
convierte la ciudad en una parte del cielo,
ilumina la noche,
deja sobre las casas su ángel multiplicado.

Y tú no estás.
Yo cierro una ventana,
miro el televisor,
leo a Ungaretti,
pienso:
la distancia es azul,
yo soy lo único que hay entre tú y este frío.
Estamos en invierno y esta ciudad no es Roma
ni ninguna otra parte.
Miro atrás
y puedo verlo: acabas de apagar una lámpara;
has cerrado los ojos
y sueñas con un bosque;
de repente
alargas una mano,
buscas una manzana
que está en el otro lado de la mujer dormida…

Mientras,
yo odio este mundo frío como el infierno
y el cansancio que caza lentamente mis ojos;
odio al lobo que has puesto en la palabra noche
y la forma en que llenas la habitación vacía.
Odio lo que veré
desde hoy y para siempre: tus pisadas
en la nieve de Roma, donde nunca has estado.

Benjamín Prado  (Madrid, 1961)

sábado, 30 de mayo de 2020

Reach out i'll be there - Four Tops






 Los camaradas 

Uno no tiene nada más que contar
y eso
es todo lo que el otro necesita saber.

Han aprendido
que no hay nada más dulce que la sal de las lágrimas
de aquel que llora sobre tus heridas.

Saben que mentir hace que la verdad nos duela;
que el modo más humano de buscar calor
es abrazarse a otro que también tiene frío.

Saben que las mejores compañías
son las que han aprendido a dejarnos solos;
que hay distancias
que no puede salvar el hecho de estar juntos.

Si alguna vez discuten, no olvidan que el silencio
siempre es mejor que aquello que no quieres decir;
que quien cierra la mano ahoga su destino
y el que abre una puerta
detiene al que la quiere derribar.

Saben prestarse ayuda,
darse sombra uno al otro cuando la vida quema.
se respaldan,
se cuidan,
se defienden…
y lo mismo que toda sed es una metáfora
del desierto
sus vidas son iguales
al azar y los dados,
el odio y las fronteras
o el tiempo y el olvido:
son lo que no se puede separar.

Saben que al encontrarse se detuvo el pasado,
lo mismo que a las doce de la noche
dejas de decir hoy para decir ayer.

Saben que lo que une a dos personas
no es lo que comparten,
sino eso
por lo que luchan juntos todavía.

Son ellos. Son así: los camaradas

Benjamín Prado (Madrid, 1961) 


viernes, 3 de enero de 2020

Get ready - Molotov Jukebox




NUNCA ES TARDE

Nunca es tarde para empezar de cero,
para quemar los barcos,
para que alguien te diga:
-Yo sólo puedo estar contigo o contra mí.

Nunca es tarde para cortar la cuerda,
para volver a echar las campanas al vuelo,
para beber de ese agua que no ibas a beber.

Nunca es tarde para romper con todo,
para dejar de ser un hombre que no pueda
permitirse un pasado.

Y además
es tan fácil:
llega María, acaba el invierno, sale el sol,
la nieve llora lágrimas de gigante vencido
y de pronto la puerta no es un error del muro
y la calma no es cal viva en el alma
y mis llaves no cierran y abren una prisión.

Es así, tan sencillo de explicar: -Ya no es tarde,
y si antes escribía para poder vivir,
ahora
quiero vivir
para contarlo.

              Benjamín Prado (Madrid, 1961)

domingo, 8 de octubre de 2017

Mediterráneo - Joan Manuel Serrat



Hablemos, parlem

Hablemos sin cuchillos en las manos
hablemos sin quemarnos las banderas
con razones, sin sangre en las aceras
con libertad, sin ira, como hermanos.


Hablemos de palabras, no de idiomas
digamos "te respeto", "no te vayas"
sin ver puntos finales donde hay comas
sin ver desiertos donde solo hay playas.

La justicia consiste en ser iguales
la igualdad, en poder ser diferentes
la esperanza, en querer mover montañas


que aprendan a pensar en nuestra gente
abrir ventanas, sin romper cristales,
hay sitio para todos en España.

Benjamín Prado





Sirvan estos versos como reivindicación de la importancia de hablar y, sobre todo, de escuchar.

Serrat con su música y su palabra consigue que, habiendo nacido y crecido en Extremadura, a más de 500 kilómetros de la orilla del Mare Nostrum, consideres al Mediterráneo como algo propio que llevas dentro de tí, con el que te identificas y que forma parte de tu cultura y de tu forma de vida.

El mar Mediterráneo como símbolo de unión y de comunicación entre pueblos, entre personas, como puerta permanentemente abierta a la entrada de otras visiones y culturas, como medio de mestizaje entre iguales, de intercambio y de convivencia, enriqueciendo lo propio sin que ello suponga una pérdida de su esencia sino, más bien al contrario, un valor añadido.

Como decía Mahatma Gandhi «No quiero mi casa amurallada por todos lados ni mis ventanas selladas. Yo quiero que las culturas de todo el mundo soplen sobre mi casa tan libremente como sea posible. Pero me niego a ser barrido por ninguna de ellas».

¡Salud, diálogo y música...siempre!

sábado, 14 de febrero de 2015

Nothing compares to you - Sinéad O'Connor




EL DÍA EN QUE DEJE DE QUERERTE

Sé que llegará el día en que deje de quererte.
Todo será tan rápido:
primero pensaré que la vida se acaba,
que nunca fui más lejos que al dejarte marchar;
después
vendrá el olvido.

Estos poemas
hablarán todavía de nosotros
pero de tí y de mí, ya no, ya nunca más.


Cuando África amanezca cubierta por la nieve
y en los cuadros de Goya luzca el sol.
El día en que las águilas se vuelen de los dólares,
Pompeya se despierte
de su sueño a la sombra del volcán,
entonces,
sólo entonces
dejaré de quererte.

El día que no acabe a las doce de la noche.
El día en que el cielo de Marte cubra el cielo
o Raskolnikov salga de ‘Crimen y castigo’
a poner unas rosas
en la tumba de Dostoievsky,
entonces
todo habrá terminado,
no te voy a querer.


Pero hasta que eso ocurra,
sólo tú y yo
podríamos
separarme
de ti.


            Benjamín Prado

miércoles, 12 de marzo de 2014

In my veins - Andrew Belle




              DIEZ 11M DESPUÉS

El olvido es el túnel donde mueren los trenes.
En el olvido dejan de oirse las campanas,
se mira hacia otro lado, se ciegan las ventanas,

se toma a la justicia y a la luz de rehenes.


El olvido es un viento que engaña a las banderas;
una mano que borra los nombres de los muros;
un pais donde sólo hay memoria o futuro
y algunas fotos lloran dentro de las carteras.


El olvido es un libro con las hojas en blanco;
es donde el egoista celebra su victoria
El olvido es un perro que da vueltas a un banco.
El olvido es robarle las llaves a la historia.

                                                                    
                         Benjamín Prado (Madrid, 1961)



El 11 de marzo fue ayer. Cierras los ojos y te viene la ansiedad, el recuerdo de estar buscándole. 11 de marzo es prácticamente todos los días. Me preguntan si estos días son especiales, pero son tan especiales como cuando enciendes las luces de Navidad y los seres queridos no vienen a casa para verlas. O cuando brota la primavera y ves que la vida vuelve con toda su fuerza y los hay que ya no van a volver.

               Pilar Manjón (presidenta de la Asociación 11-M Afectados del Terrorismo)