Me dio un abrazo corto, pero intenso, de esa clase de abrazo que se siente hasta en las uñas de los pies, un salto mortal hacia la vida, una caricia incandescente de esas que no duran pero que queman, algo repentino y fugaz, un abrazo que podría darse sin brazos, porque pertenece a la categoría del conjuro y no a la escala de los achuchones. Recibir un abrazo así, de cuando en cuando, es una prueba irrefutable de que la vida a veces te regala argumentos contra la soledad.
-esta muerte que nos acompaña de la mañana a la noche, insomne, sorda, como un viejo remordimiento o un vicio absurdo-. Tus ojos serán una vana palabra, un grito acallado, un silencio.
Así los ves cada mañana cuando sola sobre ti misma te inclinas en el espejo. Oh querida esperanza, también ese día sabremos nosotros que eres la vida y eres la nada.
Para todos tiene la muerte una mirada.
Vendrá la muerte y tendrá tus ojos. Será como abandonar un vicio, como contemplar en el espejo el resurgir de un rostro muerto, como escuchar unos labios cerrados.
Sé el primero en hacerlo. Cambia de contexto, de ángulo, de forma. Conviértete en tu mejor amigo. No produzcas ideas, produce emociones. Ama tu canto pero enamórate de tu silencio. No trates d e impresionar. Impresiónate. Llora a la vez que ríes. Reniega del color, del olor, del sabor que te fueron impuestos.
Respira como si fuera la última vez. Mira dentro, no lejos. Lee bien, no mucho. Baila sin llegar a moverte. No hagas de ti lo que se espera. Ansía lo imposible. Pon toda tu atención en la música que te rodea. Abandona tus cargas. Regala libros, discos, semillas. No trabajes. No hagas el menor esfuerzo por simple decisión ajena. Cambia de intuición. No des cuentas a nadie. Comparte tu cuerpo con otros cuerpos. Completa tu mente por otras mentes. Pon en duda tus certezas, confirma tus dudas. No te detengas cuando todos lo hagan. No sonrías frente el escepticismo. Pisa la frontera. Crea tu propia fe. Asómbrate de nuevo. Pon nombre a lo invisible. Abandona todo reposo. Enamórate al menos una vez al minuto. Ve a todas las fiestas y observa. Desprecia el éxito. No permitas que te amen mal. Humíllate ante los humillados. Redacta una propuesta de desacuerdo. Besa por sorpresa a cualquiera de tus enemigos. Seduce sin distinción. Evita los espejos, los relojes y los telediarios. Respeta la vejez y la locura. No aceptes. No corrijas. Corrígete. Aprende lenguajes, no idiomas. Desaprende conceptos. Relaciónate más con los animales y las plantas. Cambia de postura. No cambies de impostura. Destruye toda ilusión vana. Túmbate sobre la arena. Sé más bello que ayer. Sé más útil que ayer. Olvida las reglas. Desea de nuevo. No acopies. No te repitas. No temas, Silba al azar. Reprodúcete. Camina. Juega. No preveas. No ahorres. Entra en cada hospital, en cada geriátrico, en cada cementerio abierto. Admira lo que nadie admira. Renuncia a renunciar. No escojas lo fácil. Provócate el deseo. Construye el mundo que habitarás. Obvia la incapacidad general. Besa. Acaricia. Despierta como si fuera la primera vez.
Se hace, pues, inútil retomar aquellos versos que guardamos muchos años atrás e intentar adaptarlos al nuevo ritmo del tiempo. Quiero decir que, en conciencia, ya no puede decirse ahora caridad ni amor ni libertad como entonces. Envejecen los versos y la voz se nos deforma si no tratamos, tenaces, de entender que ha cambiado el sentido vital de las palabras. Es una pendiente fácil y resbaladiza, que no nos deja crecer. Para los que luchan siempre se hace corto el tiempo; los otros se extasían y protestan, airados, contra cualquier viento que agite el agua del pilón que los conserva. Y se mojan entre sí, displicentes, con las viejas palabras. Porque el juego consiste en sentirse siempre húmedo, convencido, inefable.
Amé América desde mi primer minuto en aquella fila en Ellis Island. La amé con la ingenuidad insultante
con la que se ama al primer camello. La Estatua de la Libertad majestuosa como una vagina infinita que albergara a todos los desarrapados del mundo. Hablo de la América de verdad, no de la otra que solo ha aportado revoluciones y un dramatismo vulgar de plañidera. Amé a esos hombres temerosos de dios siempre dispuestos a apretar el gatillo de la sagrada biblia. Sus ciudades artificiales y neumáticas las noches heladas como esta en que caminan con los pies arrugados por la quinta avenida hadas calvas. La víspera de la víscera en un sanatorio en San Antonio, Texas-París y Harry Dean Stanton sentando cátedra. Hablo de la América de verdad, no de la otra la de chicha y mezcal calle corrientes arrojando al mundo una cochambre de poetas muertos de hambre y ganas infinitas de molestar. Amé América, su sueño descerrajado en la dulce panza de las gasolineras el color adecuado de las camareras sus barras y barreras repletas de estrellas y el pelaje de los coyotes esperando su turno en la periferia de cualquier barrio residencial.
Decidí vender mi alma al diablo. El alma es lo más valioso que tiene el hombre, de modo que esperaba un negocio colosal.
El diablo que se presentó a la cita me decepcionó. Las pezuñas de plástico, la cola arrancada y atada con una cuerda, el pellejo descolorido y como roído por las polillas, los cuernos pequeñitos, poco desarrollados. ¿Cuánto podía dar un desgraciado así por mi inapreciable alma?
-¿Seguro que es usted el diablo? –pregunté.
-Sí, ¿por qué lo duda?
-Me esperaba al príncipe de las Tinieblas y usted es, no sé, algo así como una chapuza.
-A tal alma, tal diablo –contestó-. Vayamos al negocio.
yo sabía que al fin iba a quedarme desnudo en la ribera de la risa.
Aquí, hoy, digo: siempre recordaré tu desnudez en mis manos, tu olor a disfrutada madera de sándalo clavada junto al sol de la mañana; tu risa de muchacha, o de arroyo, o de pájaro; tus manos largas y amantes como un lirio traidor a sus antiguos colores; tu voz, tus ojos, lo de abarcable en ti que entre mis pasos pensaba sostener con las palabras.
Pero ya no habrá tiempo de llorar.
Ha terminado la hora de la ceniza para mi corazón.
Hace frío sin ti, pero se vive.
Roque Dalton
La canción que suena forma parte del tercer disco de la banda, "The Original Soundtrack" y supone su gran éxito internacional y su tema más conocido. Tiene una melodía, innovadora en su momento, que la dota de un cariz romántico que la letra no tiene en absoluto, más bien al contrario.
No se trata de un tema de amor sino de un desamor brutal y cruel lo que nos hace suponer que el amor previo también fue de proporciones épicas, pues para que exista el desamor debe haber existido previamente un amor y una pasión que determinan la categoría del desamor posterior.
Por cierto, el nombre de la banda, tiene un origen curioso. Investigad por ahí a qué corresponden los 10 c.c., ¿os parece mucho o poco?
¡Salud y que vengan muchos c.c. provocados por el amor!
Si por intelectual entendemos todo aquel que trabaja únicamente con su cabeza, y no con sus manos, un empleado de banca es un intelectual, y Miguel Ángel no.
Hoy, con los ordenadores, cualquiera es un intelectual. Por eso no creo que la cuestión tenga nada que ver con profesiones o con clases sociales.
Para mí, un intelectual es alguien que produce nuevos conocimientos haciendo uso de su creatividad.
Un campesino, cuando comprende que un nuevo tipo de injerto puede producir una nueva clase de manzanas, está desarrollando una actividad intelectual, mientras que un catedrático de Filosofía que se pasa la vida repitiendo la misma clase sobre Heidegger, no tiene por qué ser un intelectual.
La creatividad crítica, el espíritu crítico para analizar lo que hacemos o inventar formas mejores de hacerlo, es la única vara para medir la actividad intelectual.
Para cerrar el mes de Junio vamos con uno de los llamados one hit wonder, que son esos grupos conocidos por un sólo tema que conforma un exitazo a nivel mundial. En la mayoría de los casos hay mucho trabajo detrás y toda una carrera de esfuerzos y sacrificios para, lamentablemente, ser recordados por una sola canción. El tema que suena hoy en el blog podría ser usado como ejemplo perfecto de ello.
El bueno de Peter Frampton lleva toda su vida trabajando duro, dedicado en cuerpo y alma a triunfar en el mundo de la música. Además, en su juventud, estaba dotado de una melena de rizos rubios y un atractivo físico importante y tuvo que luchar por demostrar que era algo más que una cara bonita y no un producto de las discográficas para consumo de adolescentes enamoradizas.
En sus orígenes, en la escuela, formó un grupo con David Bowie y más tarde conocería a Bill Wyman (miembro de los Rolling Stones) que le cambió su manera de pensar y le orientaría al rock .
Entre 1969 y 1975 formo parte de la banda Humble Pie, con la que grabó hasta cinco discos de estudio antes de lanzarse en solitario con varios álbumes, de gran calidad pero no muy conocidos entre el gran público.
Más tarde, colaboró en varios trabajos de Ringo Starr y en la banda sonora de Grease. Se unió al trio The Bee Gees e incluso llegó a participar en la película Sgt Peppers Lonely Hearts Club Band, y poco a poco fue forjándose una fama de excepcional guitarrista.
Un accidente de tráfico que casi le cuesta la vida le aleja de. música durante un tiempo y a partir de ahí se dedica a tocar en acústico en pequeños clubs y colaboraciones con artistas de la talla de Ringo Starr, Bill Wyman, Grand Funk Railroad y Lynyrd Skynyrd.
El tema que hoy nos ocupa es de 1976 y es más conocida por las distintas versiones que han ido apareciendo por parte de artistas de todos los estilos. Diana Ross en 1983 y Mig Ayesa 8con la colaboración del propio Frampton) en 2006 son las más conocidas. Mención aparte merece la versión reggae que en 1994 grabaron los estadounidenses Big Mountain y que triunfó en todo el mundo.
En resumen, nos encontramos ante un trabajador tenaz e incansable que consiguió el éxito, entendiendo como tal la satisfacción personal de vivir de lo que le gusta, la música, aunque no le reportara dinero y fama que le convirtieran en una estrella del rock.
Los chicos rebeldes se han vuelto tiernos con la edad se emocionan leyendo poemas, circulan lento frente a los escaparates del pasado han abandonado el gusto por las citas y envejecen con cierta elegancia, a sus novias ya no les dicen tías les llaman corazón, han aprendido a lavar la ropa, a planchar y a doblar con cuidadoso acierto cada uno de sus errores, a los chicos rebeldes el amor ya no les quita el sueño pero no podrían vivir ni un sólo día sin amar, hacen trampas con el tiempo pero tienen los días contados.
Los chicos rebeldes saben que ya no volverán a caminar sobre ninguno de sus propios pasos por eso ahora cada caricia es siempre la primera cada beso el último beso.
Ya no persiguen ni se dejan perseguir son incómodos frente a la ambición aman las causas perdidas y nadan contracorriente.
Los chicos rebeldes con la edad toman pastillas que no les drogan drogas que no les matan y mueren un poquito cada día sin perder ni ocultar el brillo errático de sus miradas.
Los chicos rebeldes han aprendido a despedirse sin decir adiós se van sin hacer ruido ni dejar rastro solos, siempre solos con el mundo dentro.