Aún en los días en que el cansancio me entristece las ancas y la espalda acusa el pesado fuelle de los pulmones la mujer que piensa dentro de mi recién habrá cumplido los cuarenta. El reflejo repentino en el cruel escaparate las fotos inoportunas, el asombro discreto del que de mi conserva la imagen de un antiguo y fugaz encuentro los atribuyo sin recato al pasajero mal día, el desvelo o el maquillaje desleído. Cuanto más fácil me resultaría esta fe sin el nuevo aire de respeto de la recepcionista del hotel la dificultad de los chicos para el tuteo al que los invito O la cada vez más frecuente sensación de ser invisible -el resto de mortales mirando a través de mí, como si lentamente me hubiese despojado de masa, sustancia, peor aún: ¿de importancia!- Para colmo, empiezan a inquietarme los amigos: El guapo al que se le inclina la vecina nariz las mejillas agotadas de aquella el canoso, el panzón, la de innumerables pliegues o los que me saludan y apenada no reconozco. Y sin embargo en el aliento de sus miradas el vapor del tiempo se deshace. Furiosamente apegados a la vida retozamos en la avanzada juventud como si la muerte no existiera. Gioconda Belli (En la avanzada juventud) |
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lunes, 2 de octubre de 2023
Too old to rock'n'roll too young to die - Jethro Tull
martes, 12 de julio de 2022
Aqualung - Jethro Tull
El diablo que se presentó a la cita me decepcionó. Las pezuñas de plástico, la cola arrancada y atada con una cuerda, el pellejo descolorido y como roído por las polillas, los cuernos pequeñitos, poco desarrollados. ¿Cuánto podía dar un desgraciado así por mi inapreciable alma?
-¿Seguro que es usted el diablo? –pregunté.
-Sí, ¿por qué lo duda?
-Me esperaba al príncipe de las Tinieblas y usted es, no sé, algo así como una chapuza.
-A tal alma, tal diablo –contestó-. Vayamos al negocio.
lunes, 20 de enero de 2020
Thick as a brick - Jethro Tull
Cuando en 1971 Jethro Tull publicó su cuarto album de estudio titulado "Aqualung", pasó a convertirse en su disco más exitoso tanto a nivel de crítica como de público. Sin embargo, a Ian Anderson, líder del grupo y único miembro que ha formado parte de toda la trayectoria de la banda, le quedó clavada una espinita.
A pesar de que Ian lo ha desmentido una y mil veces, Aqualung ha pasado a la historia de la música rock como un album conceptual, incluso se ha dicho que el tema del disco es la distinción entre la religión y Dios.
Un poco irritado por esa etiqueta impuesta a su disco, en su siguiente trabajo llamado "Thick as a brick", de forma irónica y tratando de ridiculizar la idea "conceptual" en un disco, se dedicaron a crear, en palabras del propio Anderson, «no solo un álbum conceptual real, sino que vamos a convertirlo en la madre de todos los discos conceptuales».
Apoyado también en la percepción de que el rock progresivo se había convertido en algo demasiado importante y que la idea que se tenía de él estaba muy alejada de la realidad, pretendió rebajar un poco el tono serio e impostado del género y se dijo que harían una burla irónica y divertida para que no se notara como una agresión.
La pieza central del álbum es un poema escrito por un niño de 12 años, Gerald Bostock (personaje ficticio creado por Anderson, al igual que el poema) que resulta premiado en un concurso de poesía pero que, unos días después, será despojado de su premio cuando se dan cuenta de que, en realidad, el poema del pequeño Gerald es una feroz y ácida crítica al sistema educativo inglés.
La funda del vinilo está diseñada de forma que se asemeja a un periódico con todas sus secciones y que narra el ascenso y posterior caida de Gerald.
En resumen, un poema falso compuesto por un falso poeta retratado en un periódico falso, toda una mentira que es un reflejo de la falsedad e hipocresía que inunda el sistema educativo inglés y, por ende, a toda la sociedad británica.
El título del disco se podría traducir de manera literal como "denso como un ladrillo", aunque pudiera ser muy parecido a la expresión "full of shit", y está dividido en dos mitades (una por cada cara del vinilo) unidas por un fundido en sonido de viento, por lo que podemos decir que es una sola canción de 45 minutos.
En el blog suenan los primeros 6 minutos, si queréis escuchar el disco completo lo podéis hacer aquí.
Sirva esta entrada como homenaje a Jethro Tull y a su música y como reivindicación de mantener las mentes abiertas sin etiquetas ni estereotipos y de un sistema educativo público que eduque a nuestros hijos en libertad y en la diversidad y el respeto al distinto, que les muestre la vida, el mundo, con todas sus caras y todas sus aristas, sin filtros ni pines parentales que adoctrinan en lugar de enseñar. Su inteligencia y su libertad harán el resto.
¡Salud y que vivan la música y la libertad!
Sirva esta entrada como homenaje a Jethro Tull y a su música y como reivindicación de mantener las mentes abiertas sin etiquetas ni estereotipos y de un sistema educativo público que eduque a nuestros hijos en libertad y en la diversidad y el respeto al distinto, que les muestre la vida, el mundo, con todas sus caras y todas sus aristas, sin filtros ni pines parentales que adoctrinan en lugar de enseñar. Su inteligencia y su libertad harán el resto.
¡Salud y que vivan la música y la libertad!
jueves, 16 de agosto de 2018
Living in the past - Jethro Tull
El día que murió Elvis
El día que murió Elvis yo había quedado
con ella en los relojes de La Concha. Venía de atravesar Francia, desde
Le Havre, en donde me había dejado el barco que me traía de vuelta a
casa desde Irlanda. Primero a dedo y luego en tren, después de una mala
experiencia con un camionero. Me sentía joven, vivo, enrollado, con mi
melena rizada, mi mochila de armazón de hierro, como las que llevaban
los turistas americanos entonces. Retrasé todo lo que pude la llegada al
piso familiar, caminando por una San Sebastián que reconocía esquina a
esquina, tan solo de los veranos, todos los de la infancia, y el último
antes de la adolescencia, ese en que no pude aguantar más mi amor por
ella y se lo declaré por carta al volver a Madrid. Cuatro años habían
pasado desde entonces. Cuatro años en los que ella se convirtió en la
primera obsesión del adolescente al que pronto secuestraría el flautista
del rock. Cuatro años en los que besé otros labios distintos a los
soñados, atendiendo a todo lo nuevo, contemplando a veces sin crédito al
ser que me miraba desde el espejo. Amigos, música, tus propias
canciones, el viaje, Irlanda mística y unos estudios que aún tardaría en
abandonar para abrazar los que luego me auparían en la vida. En ese
momento llegué a San Sebastián, busqué su teléfono en la guía y la
llamé. Ella me había rechazado por carta, “un arranque de amor, se te
pasará”, como en las novelas que había leído o leería. Seguí adelante,
sí, pero no la olvidé. En ese verano de 1977, con 18 años, melena y
mochila, llegué a casa de mis padres, el piso familiar enfrente del
Londres, al mismo salón en que cuatro años antes había sentido la
llamada de la música nueva, el rock a través de un disco de Jethro Tull,
Living in the Past, que un hermano mío había grabado en un cassette. La
nostalgia del tema principal envolvió la carta que le escribí al final
del verano. Y ahora, cuatro años después, mis padres aparecían más
mayores, cansados, contentos de verme, aunque no muy felices por el pelo
largo, confiando en que mi viaje a Irlanda hubiera aplacado mis
tormentas para dejar los estudios. Miré por la ventana, vi la luz de
mediodía reflejándose en la fachada blanca del Londres y comprendí que
aquel flautista me había arrancado de ellos. Con tantos hermanos, tantos
veranos, tantas infancias, luego adolescencias, y ahora estaban solos,
en la incertidumbre de los nuevos tiempos de España. Me voy, he quedado.
Nunca fui tan puntual. En los relojes de la Concha, nada menos.
Apareció con su caminar lento y sólido, como la recordaba de niña. No
estaba cómoda. Yo me sentía más suelto. Había recorrido adolescencia
desde aquella carta. Mi melena lo probaba. Qué quieres que hablemos.
Solo quería verte, pasaba por San Sebastián. Hace cuatro años que no
vengo por aquí. Tengo un grupo de música, no me gusta lo que estudio,
alguna vez me he emborrachado. Pues yo no entiendo a la gente que se
emborracha porque sí.
En seguida caí. Cuando dos caminos se
separan, incluso sin haber llegado a estar juntos más que en ilusión, es
la vida lo que sigue. Ella templó algo su conversación, yo había
viajado desde que le escribí aquella carta. Al llegar de vuelta a casa,
mis padres me dijeron que acababan de anunciar por la tele que Elvis
Presley había muerto en su mansión de Estados Unidos. Yo me sentía
recién nacido.
Carlos Herrán
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