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sábado, 25 de abril de 2026

Show me the way - Peter Frampton




Tómame de la mano

Tómame de la mano al atardecer,
cuando la luz del día se apague y la oscuridad despliegue su cortina de estrellas…
Sostenla apretada cuando no pueda vivir este mundo imperfecto…
Tómame de la mano… llévame donde el tiempo no existe…
Sostenla apretada en el difícil vivir.
Tómame de la mano… cuando me sienta desorientado…
cántame la canción de las estrellas, dulce cantinela de voces respiradas…
Tómame la mano, y apriétala fuerte antes de que el destino insolente pueda apartarme de ti…
Tómame de la mano y no me dejes ir… nunca…

Hermann Hesse
 

miércoles, 19 de noviembre de 2025

Livin' on the edge - Aerosmith




Nunca ha tenido hombre alguno una necesidad más profunda y apasionada de independencia que él. En su juventud, siendo todavía pobre y costándole trabajo ganarse el pan, prefería pasar hambre y andar con los vestidos rotos, si así salvaba un poco de independencia. No se vendió nunca por dinero ni por comodidades, nunca a mujeres ni a poderosos; más de cien veces tiró y apartó de sí lo que a los ojos de todo el mundo constituía sus excelencias y ventajas, para conservar en cambio su libertad. Ninguna idea le era más odiosa y horrible que la de tener que ejercer un cargo, someterse a una distribución del tiempo, obedecer a otros. Una oficina, una cancillería, un negociado eran cosas para él tan execrables como la muerte, y lo más terrible que pudo vivir en sueños fue la reclusión en un cuartel. A todas estas situaciones supo sustraerse, a veces mediante grandes sacrificios. En esto estaba su fortaleza y su virtud, aquí era inflexible, aquí era su carácter firme y rectilíneo. Pero a esta virtud estaban íntimamente ligados su sufrimiento y su destino. Le sucedía lo que les sucede a todos; lo que él, por un impulso muy íntimo de su ser, buscó y anheló con la mayor obstinación, logró obtenerlo, pero en mayor medida de la que es conveniente a los hombres. En un principio fue su sueño y su ventura, después su amargo destino. El hombre poderoso en el poder sucumbe; el hombre del dinero, en el dinero; el servil y humilde, en el servicio; el que busca el placer, en los placeres. Y así sucumbió el lobo estepario en su independencia. Alcanzó su objetivo, fue cada vez más independiente, nadie tenía nada que ordenarle, a nadie tenía que ajustar sus actos, sólo y libremente determinaba él a su antojo lo que había de hacer y lo que había de dejar. Pues todo hombre fuerte alcanza indefectiblemente aquello que va buscando con verdadero ahínco. 

Hermann Hesse (fragmento de El lobo estepario, 1927)