Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadies con salir de pobres, que algúnmágico día llueva de
prontola buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte; pero
labuena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca, ni
enlloviznita cae del cielo labuena suerte, por mucho que losnadies la llamen y aunque lespique la mano izquierda, o se
levantencon el pie derecho, o empiecen el año cambiando deescoba.
Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada. Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos: Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no hacen arte, sino artesanía.
Que no practican cultura, sino folklore.
Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica
roja de la prensa local.
Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata.
La entrada de hoy la dedicamos a Sir Paul McCartney por varias razones además de por puro placer y disfrute musical.
El pasado 1 de Junio se cumplieron 49 años de la publicación del disco "Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band" que supuso el octavo álbum de estudio de los míticos Beatles y, según toda la crítica, uno de los más influyentes de todos los tiempos, por lo que supuso de innovador en su momento al usar elementos poco comunes hasta entonces en la música pop rock tanto del grupo como en general, llegando a convertirse en una referencia en el emergente rock psicodélico en aquel lejano 1967.
Coincidiendo con este aniversario, concretamente el pasado día 2, ofreció un concierto en Madrid, en el estadio Vicente Calderón. Según las crónicas supuso un recorrido por la música de Paul, desde los Beatles hasta ahora, pero con un sonido rotundo y rockero.
Durante casi tres horas interpretó todo aquello que se podría esperar y, por supuesto, recordó a Lennon interpretando Here today (tema que compuso dos años después de la muerte de John) y a Harrison al ritmo de Something (tema compuesto por George y que apareció en el disco "Abbey Road" de 1969).
Por otra parte, preparando la entrada me dí cuenta de que es el único de los 4 de Liverpool, que aún no había aparecido en solitario en el blog y a solucionar este error me dispongo.
La canción que suena da nombre también al disco del que forma parte, publicado a finales de 1973. Supuso el tercer álbum de The Wings, la banda que formó Paul McCartney poco después de la disolución de The Beatles y tras alguna aventura en solitario que no tuvo excesivo éxito.
La canción narra la historia de una banda de malhechores que logran escaparse de prisión, y en ella Paul utiliza un truco que ya había usado en su época beatle y que consiste en mezclar varias canciones en una, o al menos esa es la impresión que da cuando la escuchas.
Por cierto, anoche, a través de un amigo, tuve conocimiento de una historia que no conocía; la leyenda urbana conocida como "Paul is dead" y que, tras una rápida batida en San Google creo que merece una búsqueda más exhaustiva y, por supuesto, una futura entrada en el blog.
Leyendas aparte, creo que es una pedazo de canción que espero disfrutéis como se merece.
Salir a la calle por la mañana temprano y sentir el viento en la cara, que suene el teléfono y al descolgar oir tu voz, buscar con el pie el rincón de la cama donde las sábanas aún permanecen frías, poner la radio y que suene esa canción que me recuerda cómo te conocí, que al llegar a la parada del autobús este esté llegando, encontrar un billete de cinco euros en esa chaqueta que no te pones desde el invierno pasado, el sonido del sms que estás esperando, el buenos días del extraño con el que te cruzas cada mañana y del que ni siquiera sabes su nombre, el aroma de la ropa limpia que te recuerda a tu madre y su mirada el día en que te subiste al autobús para viajar solo por primera vez, salir de un garito en el que llevas varias horas y darte cuenta de que ya es de día, el olor de un bebé, que pilles todos los semáforos en verde y al llegar veas la luz de marcha atrás del que se va y te deja su sitio, despertar e intentar dormir de nuevo para reanudar el sueño tan agradable que tenías... y conseguirlo, abrir la ventana y descubrir que huele a tierra mojada, al emparejar calcetines que no te sobre ninguno, que al doblar la esquina te vea caminando hacia mí, que tus amigos pidan la penúltima sin avisar y la encuentres en la barra al volver del cuarto de baño, reirte cuando estás solo recordando la última ocurrencia de tu hija pequeña, lo que séntiste cuando te agarró el dedo por primera vez, la sensación que se siente al terminar los exámenes y piensas en el verano que tienes por delante, esa frase que le dices a tus hijas mientras sonries recordando a tu padre cuando te la decía a tí, una canción que te brinda la maravillosa sensación de ponerte melancólico, tener noticias de un amigo después de mucho tiempo, descalzarte y caminar sobre el césped recien regado, el olor del pan recien hecho, sentarte en la playa y ver cómo se esconde el sol en el horizonte, encontrar entre las hojas de un libro esa foto que te recuerda aquel maravilloso viaje juntos, el olor a tabaco que te transporta a tus días de niño sentado en la puerta de la calle junto a tu abuelo, el olor del azahar que te recuerda el patio con tu abuela cosiendo bajo el naranjo, el sabor de tus besos y el color de tus ojos,...
Estas pequeñas cosas, y millones más como estas, son las que de verdad nos hacen felices y son las que no solemos valorar hasta que nos faltan. No debemos renunciar a los grandes sueños ni dejar de perseguir la utopía, pero sobre todo no debemos dejar de disfrutar esos momentos, esas pequeñas cosas que hacen que vivir valga la pena.
Llevo mucho tiempo dándole vueltas a esta entrada, concretamente desde que ví el documental "300 Km Suroeste (La Movida Cacereña)" que se estrenó en 2013.
No me he atrevido a publicarla antes porque, aunque creo que la situación que planteo es bastante realista y refleja con bastante acierto la realidad cacereña actual, la solución, o al menos su mejora, se me antoja bastante difícil; no me gusta ser tan negativo pero creo que es lo que hay.
El referido documental está realizado por Jerónimo García y José León y , y sus imágenes, su música y la historia que narra, me hicieron pensar y darme cuenta de cómo han cambiado las cosas en esta ciudad.
Es claro que los sucesivos gobiernos municipales y autonómicos con sus normas para regular el horario de los bares, no han contribuido en absoluto a que Cáceres siguiera siendo un referente cultural y de diversión, no sólo en Extremadura sino en toda España.
Ciertamente, la crisis, esa puta en cuyo nombre se están cometiendo auténticas barbaridades, especialmente en contra de los trabajadores, tampoco ha ayudado a que esta ciudad sea un ejemplo de convivencia entre la cultura y el ocio y el latido diario de una pequeña ciudad.
Varios y diversos factores de todo tipo, han ayudado a que esta ciudad sea, hoy por hoy, y por mucho que nos duela, una ciudad fantasma, que huele a sacristía, incienso y a flores para la Virgen, y que se muestra absolutamente cerrada a cualquier cosa que suponga cambios.
La vida universitaria nada tiene que ver con lo que debería ser y con lo que era en los años dorados de la movida, creo que los universitarios no están integrados en la ciudad, ambos viven de espaldas; el desempleo alcanza niveles dificilmente soportables y, nos guste o no, se ha convertido en una ciudad de funcionarios y jubilados.
Los políticos, como todos sabemos, tampoco cumplen con su cometido, únicamente se dedican a vendernos humo, como la fallida Capitalidad Cultural Europea 2016, o la rimbombante Capitalidad Gastronómica Española 2015, mientras los problemas importantes, los problemas de las personas, quedan relegados y tapados por el humo de los fastos y las celebraciones. Su labor se reduce a salir en la foto y poner el cazo para llevárselo muerto.
Pero yo creo que algo ha pasado tambien en la sociedad cacereña, en las gentes en definitiva, que ha dejado que esta ciudad se sumerja en la niebla de la desesperanza y que la desgana, el tedio y la molicie se hayan adueñado de la ciudad, que por otra parte nunca se ha caracterizado por ser excesivamente luchadora ni reivindicativa; sin embargo, es cierto que en la época que retrata el documental, algo se movía en Cáceres que hizo que este pueblo fuera el centro del mundo, o al menos así lo percibíamos en medio de esa euforia y esa efervescencia cultural, que inundaba todos los rincones y las piedras de esta milenaria ciudad.
El viento de cambio que se intuía y que timidamente ha llegado a otros lugares, por aquí, como el Lusitania Expresso y otras muchas cosas, para nuestra desgracia, pasó de largo.
Hay gente que se mantiene ahí desde los tiempos en que éramos una ciudad que se movía, luchando por recuperar ese espíritu, otros muchos se les han unido por el camino, todos juntos deberíamos intentar rescatarlo y recuperarlo, para que aflore y que, entre todos, volvamos a situar a esta ciudad, a Cáceres, en el lugar que le corresponde, ese lugar que ocupamos...cuando fuimos los mejores.
¿Que les queda por probar a los jovenes en este mundo de paciencia y asco? ¿solo grafitti? ¿rock? ¿escepticismo? tambien les queda no decir amen no dejar que les maten el amor recuperar el habla y la utopia ser jovenes sin prisa y con memoria situarse en una historia que es la suya no convertirse en viejos prematuros
¿que les queda por probar a los jovenes en este mundo de rutina y ruina?
¿cocaina? ¿cerveza? ¿barras bravas? les queda respirar abrir los ojos descubrir las raices del horror inventar paz asi sea a ponchazos entenderse con la naturaleza y con la lluvia y los relampagos y con el sentimiento y con la muerte esa loca de atar y desatar ¿que les queda por probar a los jovenes en este mundo de consumo y humo? ¿vertigo? ¿asaltos? ¿discotecas? tambien les queda discutir con dios tanto si existe como si no existe tender manos que ayudan abrir puertas entre el corazon propio y el ajeno sobre todo les queda hacer futuro a pesar de los ruines del pasado y los sabios granujas del presente.
Mario Benedetti
Para mi María y toda su generación, porque el futuro anida en ellos y brotará pletórico e imparable.
Lo siento, pero no quiero ser emperador. Ése no es mi oficio. No quiero gobernar ni conquistar a nadie. Sino ayudar a todos, si fuera posible, judíos, gentiles, negros o blancos.
Tenemos que ayudarnos unos a otros; los seres humanos somos así. Queremos hacer felices a los demás, no hacerlos desgraciados. No queremos odiar ni despreciar a nadie. En este mundo hay sitio para todos. La buena tierra es rica, y puede alimentarnos a todos.
El camino de la vida puede ser libre y hermoso, pero lo hemos perdido. La codicia ha envenenado las almas, ha levantado barreras de odio, nos ha empujado hacia la miseria y las matanzas. Hemos progresado muy deprisa, pero nos hemos encarcelado a nosotros. Las máquinas que crean la abundancia, nos dejan en la necesidad. La ciencia nos ha hecho cínicos; nuestra inteligencia, duros y secos. Pensamos demasiado y sentimos muy poco. Más que máquinas necesitamos humanidad. Más que inteligencia, tener bondad y dulzura. Sin estas cualidades, la vida será violenta, se perderá todo.
Los aviones y la radio nos hacen sentirnos más cercanos. La naturaleza de estos inventos exige bondad humana, exige la hermandad universal que nos una a todos.
Ahora mismo, mi voz llega a millones de seres en todo el mundo, millones de hombres, mujeres y niños, víctimas de un sistema que hace torturar a los hombres y encarcelar a gentes inocentes.
A los que puedan oírme les digo: No desesperéis. La desdicha que padecemos no es más que la pasajera codicia y la amargura de los hombres que temen seguir el progreso humano. El odio de los hombres pasará, y caerán los dictadores y el poder que le quitaron al pueblo volverá al pueblo. Y así, mientras el hombre exista, la libertad no perecerá.
¡Soldados! No os rindáis a esos hombres que os desprecian, os esclavizan, rigen vuestras vidas y os dicen lo que tenéis que hacer, pensar o sentir. Os barren el cerebro, os ceban, os tratan como a ganado y como carne de cañón. No os entreguéis a estos individuos inhumanos, hombres máquinas, con cerebros y corazones de máquinas. ¡Vosotros no sois máquinas! ¡No sois ganado! ¡Sois hombres! ¡Lleváis el amor de la humanidad en vuestros corazones! ¡No el odio! Sólo los que no aman odian, los que no aman y los inhumanos.
¡Soldados, no luchéis por la esclavitud, sino por la libertad!
En el capítulo 17 de San Lucas se lee: “El Reino de Dios está dentro del hombre”. No de un hombre ni de un grupo sino en todos. ¡En vosotros! Vosotros, el pueblo, tenéis el poder. El poder de crear máquinas, de crear felicidad. Vosotros, el pueblo, tenéis el poder de hacer esta vida libre y hermosa, de convertirla en una maravillosa aventura.
En nombre de la democracia, utilicemos ese poder actuando unidos. Luchemos por un mundo nuevo, digno y noble, que garantice a los hombres trabajo, y de a la juventud un futuro y a la vejez seguridad. Con la promesa de esas cosas, las bestias alcanzaron el poder. Pero mintieron, no han cumplido sus promesas, ni nunca las cumplirán. Los dictadores son libres sólo ellos, pero esclavizan al pueblo. Luchemos ahora para hacer realidad lo prometido. Luchemos para liberar al mundo, para derribar barreras nacionales, para derribar la ambición, el odio y la intolerancia. Luchemos por el mundo de la razón. Un mundo donde la ciencia y donde el progreso nos conduzcan a la felicidad.
¡Soldados, en nombre de la democracia, uníos!
Discurso final de Charles Chaplin en "El gran dictador"
Dos hermanos heredaron la granja de su padre y decidieron seguir
trabajando en ella y repartirse al cincuenta por ciento la producción.
Durante un tiempo, el grano resultante de la cosecha se guardaba en
sacos y se repartía en dos montones iguales.
Con el tiempo, el mayor de los hermanos se casó y tuvo hijos,
mientras que el pequeño permaneció soltero. A menudo, el soltero pensaba
en su hermano mayor y en el hecho de que, teniendo mujer e hijos,
necesitaba más que él, es decir, más de la mitad de los productos que
generaba la granja. Llevado por este pensamiento, se dedicaba en secreto
a visitar de vez en cuando el granero y trasladar unos cuantos sacos
desde su montón al de su hermano.
Este, por su parte, también pensaba a
menudo en su hermano pequeño y sentía que debía de estar muy solo, y que
si ahorraba algo más de dinero tal vez le resultaría más fácil
encontrar una mujer y crear su propia familia. De modo que, también en
secreto, visitaba algunas noches el granero y movía unos cuantos sacos
desde su montón al de su hermano.
Sin saber cómo, se dieron cuenta de que nunca les faltaba el grano, y
ambos se sintieron generosos y afortunados. La moraleja es muy simple:
cuando damos, ya estamos recibiendo. Esto nos sucede también cuando el
grano no se ve, pero pesa de igual modo en nuestra despensa de
felicidad.
Desde la Plaza Mayor de Cáceres a Japón, pasando por Reino Unido, Francia e Israel.
Desde Cabo Verde a Argelia haciendo escala en Palestina, Jordania y Siria.
La música te permite, durante tres días, viajar por todo el mundo sin salir de la parte antigua de Cáceres, sin necesidad de permisos ni visados.
Afortunadamente no hay vallas ni alambradas que impidan a la imaginación viajar, por todo el mundo, a través de la música y el conocimiento de otras culturas.
Gabriel García Márquez decía que todavía no es demasiado tarde para construir una utopía que nos permita compartir la tierra.
En el mundo actual, en el que lo único que circula libremente es el dinero, WOMAD supone un oasis en el desierto del capitalismo, una isla en la que, por unos días, la utopía parece cercana y posible.
Que la música os haga caer en su hechizo y os lleve a cada uno allí, a donde imaginéis.
Mi madre fue
muy imaginativa y con una cierta visión del mundo. No era una gente culta pero
era incuráblemente romántica y me inició en las novelas de viajes. (...) Mi
madre leía mala literatura, no era culta pero su imaginación me abría otras
puertas. Teníamos un juego: "Mirar el cielo y buscar la forma de las nubes
e inventar grandes historias. " Esto ocurría en Banfield. Mis amigos no
tenían esa suerte. No tenían madres que mirasen las nubes.
Julio Cortázar Dedicado a todas las madres del mundo, por madres y por trabajadoras, madres que saben despertar la imaginación de sus hijos, que saben decir la palabra justa en el momento adecuado, que siempre están ahí, trabajadoras incansables que luchan para mejorar la vida de los suyos. Desgraciadamente, no siempre son correspondidas en la medida que se merecen, pero su recuerdo permanecerá siempre en el corazón de sus hijos, hasta el final de los tiempos, alumbrando su camino, como una llama eterna.
Artículo 13. Toda persona tiene derecho a circular libremente y a elegir su residencia en el territorio de cada Estado. Toda persona tiene derecho a salir de cualquier país, incluso del propio, y a regresar a su país. Artículo 14. En caso de persecución, toda persona tiene derecho a buscar asilo, y a disfrutar de él, en otros países. Este derecho no podrá ser invocado contra una acción judicial legítima por crímenes comunes o por actos opuestos a los propósitos y principios de las Naciones Unidas. Artículo 15. Toda persona tiene derecho a una nacionalidad. A nadie se privará arbitrariamente de su nacionalidad ni del derecho a cambiar de nacionalidad.