Mi padre, luego de una vida de trabajo y sacrificio murió desocupado. Nada material dejó para dividir. Sin embargo, jamás me he cruzado con alguien que lo hubiera conocido sin que dijera: "Que buen tipo era tu viejo".
Guardo en mi corazón esa herencia benevolente que me ha dejado y, desde la admiración más profunda, fijo allí mi norte intentando dejar a mis hijos la misma huella.
Por eso cuando me pregunto "¿qué es ser un hombre?", no dudo.
Promulgación de la ley del embudo Ellos se declararon patriotas. En los clubs se condecoraron y fueron escribiendo la historia. Los Parlamentos se llenaron de pompa, se repartieron después la tierra, la ley, las mejores calles, el aire, la Universidad, los zapatos.
Su extraordinaria iniciativa fue el Estado erigido en esa forma, la rígida impostura. Lo debatieron, como siempre, con solemnidad y banquetes, primero en círculos agrícolas, con militares y abogados.
Y al fin llevaron al Congreso
la Ley suprema, la famosa, la respetada, la intocable Ley del Embudo. Fue aprobada. Para el rico la buena mesa. La basura para los pobres. El dinero para los ricos. Para los pobres el trabajo. Para los ricos la casa grande. El tugurio para los pobres. El fuero para el gran ladrón. La cárcel al que roba un pan. París, París para los señoritos. El pobre a la mina, al desierto.
El señor Rodríguez de la Crota habló en el Senado con voz meliflua y elegante. «Esta ley, al fin, establece la jerarquía obligatoria y sobre todo los principios de la cristiandad. Era tan necesaria como el agua. Sólo los comunistas, venidos del infierno, como se sabe, pueden discutir este código del Embudo, sabio y severo. Pero esta oposición asiática, venida del sub-hombre, es sencillo refrenarla: a la cárcel todos,
al campo de concentración, así quedaremos sólo los caballeros distinguidos y los amables yanaconas del Partido Radical.» Estallaron los aplausos de los bancos aristocráticos: qué elocuencia, qué espiritual, qué filósofo, qué lumbrera! Y corrió cada uno a llenarse los bolsillos en su negocio, uno acaparando la leche, otro estafando en el alambre, otro robando en el azúcar y todos llamándose a voces patriotas, con el monopolio del patriotismo, consultado también en la Ley del Embudo.
Pablo Neruda (Canto General)
Sirva esta entrada como homenaje al pueblo de Chile y a todos los pueblos latinoamericanos que se ven obligados a salir a la calle, donde es pisoteado y torturado, para exigir la justicia social que no le proporcionan sus gobiernos corruptos.
I. Constrúyase un cielo más bien cóncavo. Píntese de verde o de café, colores terrestres y hermosos.
Salpíquese de nubes a discreción.
Cuelgue con cuidado una luna llena en occidente, digamos a tres cuartas sobre el horizonte respectivo. Sobre oriente inicie, lentamente, el ascenso de un sol brillante y poderoso. Reúna hombres y mujeres, hábleles despacio y con cariño, ellos empezarán a andar por sí solos. Contemple con amor el mar. Descanse el séptimo día.
II. Reúna los silencios necesarios.
Fórjelos con sol y mar y lluvia y polvo y noche. Con paciencia vaya afilando uno de sus extremos. Elija un traje marrón y un pañuelo rojo. Espere el amanecer y, con la lluvia por irse, marche a la gran ciudad.
Al verlo, los tiranos huirán aterrorizados, atropellándose unos a otros. Pero… ¡no se detenga!… la lucha apenas se inicia.
LAS DEFINICIONES
El Mar: Es ancho y húmedo, salado. Se mira siempre de frente y con entereza. Al final uno sale limpio e invencible.
Amar sigue siendo difícil… andar también. En el mar hay muchas cosas, pero sobre todo hay agua, agua, siempre agua. Recuerde: no hay sed que se la beba…
El poeta: Sus primeros poemas son siempre maldiciones (los que siguen también). Se enamora seguido y cae con la misma frecuencia. Se levanta despacio sobre papel y tinta. Por reír mejor llora.
Está en peligro de extinción.
El viento: El verdadero capitán del mundo. Dirigiendo polvo y caminos se divierte con nosotros y, dicen, no lo pasa tan mal.
Selva Lacandona, Chiapas, México. 1984-1989. Desde las montañas del Sureste Mexicano. Subcomandante Insurgente Marcos. Ejército Zapatista de Liberación Nacional.
Hay caricias que duran incluso después del roce. Hay, a veces, personas a las que la distancia no puede separar. Y escalofríos provocados por el calor de un abrazo. Aún hay sonrisas de esas que parecen cualquier otro amanecer. Algunas noches tengo la sensación de que el camino corto también puede ser el correcto. Que, por una vez, la felicidad no depende de llegar a ningún sitio, sino de disfrutar del lugar en el que estamos. Solo hay que cerrar los ojos. Cerrarlos con fuerza y acordarse de lo bonito. De la brevedad, del detalle, del momento. No se puede vivir como aquel que no recordó darse una oportunidad para ser feliz. Y agarrarse a la esperanza. Agarrarse con fuerza a las ilusiones. Y seguir. Seguir, parar, tomar aire. Respirar. Mojarnos bajo la lluvia. Y nunca, nunca creer que las cosas que se derrumban no puedan levantarse de nuevo. Nunca creer que lo triste durará más que nuestras fuerzas. Quizá el problema sea que miramos el cielo por la noche y nos parece que ya no hay demasiadas estrellas. Que algo se apagó hace tiempo y que nada luce igual. Pero no lo olvidéis. No olvidéis hacer brillar vuestros ojos. Que nadie nos quite, nunca, el derecho de iluminar un poquito el mundo.
He imaginado siempre el día de mi muerte. Incluso en la niñez, cuando no existe.
Soñaba un fin heroico de planetas en línea.
Cambiar por Rick mi puesto, quedarme en Casablanca
sumergirme en un lago junto a mi amante enfermo caer como miliciana en una guerra cuyo idioma no hablo. Siempre quise una muerte a la altura de la vida.
Dos mil cincuenta y nueve. Las flores nacen con la mitad de pétalos ejércitos de zombis ocupan las aceras. Los viejos somos muchos somos tantos que nuestro peso arquea la palabra futuro. Cuentan que olemos mal, que somos egoístas que abrazamos con la presión exacta de un grillete.
Estoy sola en el cuarto. Tengo ojos sepultados y movimientos lentos como una tarde fría de domingo. Dientes muy blancos adornan a estos hombres. No sonríen ni amenazan: son estatuas. Aprisionan mis húmeros quebradizos de anciana. No va a doler, tranquila. Igual que un animal acorralado muerdo el aire, me opongo, forcejeo, grito mil veces el nombre de mi madre. Mi resistencia choca contra un silencio higiénico. Hay excesiva luz y una jeringa llena.
Tenéis suerte, -mi extenuación aúlla-, si estuviera mi madre jamás permitiría que me hicierais esto.
El pasado sábado, en el escenario O'Haras del Cáceres Irish Flead , el dios de la música nos regaló un espectacular concierto de dos extraordinarios grupos de música irlandesa.
Abrieron el espectáculo la Peter Browne Band, compuesta por 4 excelentes músicos y de la que me gustaría destacar a John Joe Kelly y sus grandiosos solos de bodhrán (tambor típico de la música irlandesa).
Pusieron colofón a una noche espléndida (tanto en lo climatológico como en lo musical) los excepcionales músicos de la banda Dervish que desde hace 30 años llevan la tradición músical irlandesa por los escenarios de todo el mundo.
Todos sus miembros están entre los mejores músicos actuales de la escena del folklore irlandés y a eso se une la potente y magnífica voz de Cathy Jordan que también se encarga de la percusión.
El tema que suena hoy en el blog es una canción tradicional que habla de un irlandés que cruza el océano, abandonando Ulster huyendo del hambre y la miseria dejando atrás a su amada Nancy, en busca del sueño americano.
El irlandés ha sido un pueblo tradicionalmente emigrante que ha recorrido todo el mundo en busca de esperanza y oportunidades, al igual que hacen ahora estos irlandeses errantes llevando su música y su arte por todo el planeta.
¡Salud, disfrutad de la música y que nunca os veáis obligados a abandonar vuestro hogar!
Que no, que no es reabrir heridas, que no se pueden reabrir las heridas que nunca se cerraron. Que sí, que había que hacerlo para, así sí, empezar a cerrar esas
heridas.
Que no, que no supone nada si lo comparamos con lo que
cuesta mantener, por ejemplo, a todos los zánganos reales y a los bancos. Que sí, que la monarquía nos cuesta mucho más y además de
anacrónica, nos vino impuesta como herencia del sátrapa momificado.
Que no, que aquí no acaba nada, que esto es solo un paso, que ahora empieza todo.
Que sí, que hay que levantar todas las cunetas para
recuperar a todos los que mataron las huestes del asesino, enterrarlos con la tricolor y que,
¡por fin! descansen en paz.
Que no, que no era una preocupación acuciante de los
españoles (al menos, no de los que tienen bien enterrados a sus muertos). Que sí, que hay muchísimos españoles que querían que se
hiciese por la dignidad de los muertos en defensa de la república, por la dignidad de todos los muertos en defensa de la libertad.
Que no, que aunque no pudimos con él y murió de viejo en su cama, como otros
muchos hijos de puta, no podía seguir en un mausoleo siendo ensalzado como si de un héroe se tratara. Que sí, que se remueva en su tumba y que no descanse en paz por toda la eternidad, ahora toca sacar el franquismo de las instituciones, donde nunca ha dejado de estar.
Que no, que ya no tenemos que esperar más.
Que sí, que ha llegado el día en el que el sol de la libertad comienza a disipar las tinieblas del miedo y la niebla del silencio.
Que sí, que en un día como hoy me acuerdo de muchas personas que no han podido ver brillar este sol y que merecían ser testigos de lo que ocurrió ayer en este país. Que no, que su lucha no ha sido en vano, que la historia no borrará su recuerdo.
La canción que escuchamos hoy es mundialmente conocida, ha sido utilizada en infinidad de ocasiones tanto en el cine como en la televisión, y la mayoría de las personas que la oyen serían capaces de tararearla aunque no conozcan su autor.
En la película, recientemente estrenada, "Joker" (tengo pendiente ir a verla y espero ir próximamente) suena en una escena en la que Fleck/Phoenix baila mientras baja unas escaleras.
La canción está compuesta e interpretada por Gary Glitter y supone su éxito más recordado aunque en los años setenta colocó varios temas entre los más vendidos y se estima que ha vendido a lo largo de su carrera al menos 20 millones de discos.
Influencia musical para numerosos artistas como Freddie Mercury, David Bowie y Elton John, (Alaska y Dinarama le dedicaron su canción "El rey del glam") su apellido dió nombre a un subgénero, el glitter rock.
Además su utilización en películas, anuncios y series le ha reportado, y le sigue reportando, una cantidad nada despreciable de dinero en derechos de autor.
Hasta aquí todo normal, un artista con una carrera más o menos exitosa y que vende su música y sus creaciones entre sus seguidores y fans.
Pero ahora es cuando viene el dato que descubrí recientemente y que me ha hecho dudar si poner la canción o no (confieso que llevo tiempo queriendo poner un tema de Michael Jackson y me lo sigo pensando por los mismos motivos que ahora os voy a desvelar) y que abre un debate recurrente a lo largo de la historia de la humanidad y del arte en todas sus formas y facetas y que se podría resumir en una pregunta: ¿debemos distinguir entre el artista y el hombre?
En 2015 Gary Glitter fué condenado a 16 años de prisión por abusar sexualmente de tres niñas. Con 75 años recien cumplidos aún le quedan 13 años de cárcel, posiblemente no saldrá con vida de ella y su vida entre rejas no debe ser fácil para un tipo encerrado por pedófilo.
Pues eso, ¿podemos disfrutar de una canción, de una película, de un cuadro, de una novela, de una escultura, de una ópera, de una obra de arte cualquiera surgida de la mente de alguien que es capaz de cometer las mayores atrocidades que se pueda imaginar? (hay innumerables ejemplos de ello a lo largo del tiempo)
¿La obra de arte no tiene nada que ver con la forma de actuar del hombre?
Teniendo en cuenta que la obra de arte surge de la mente del hombre, la mente también controla la forma de actuar del hombre, luego la obra de arte y el comportamiento son producto de la misma mente, por tanto podríamos preguntarnos ¿si la mente no hiciese al hombre hacer lo que hace, dejaría al artista crear la misma obra de arte?
En fin como diría un siniestro personaje de la historia reciente de España...ahí lo dejo.
No obstante, supongo que si escarbamos en la vida privada de cada artista que concibe y realiza una maravillosa obra de arte, muy posiblemente llegaríamos a descubrir, al menos oscuros pensamientos en casi todos y otras cosas peores en un buen número de ellos, y en los que no somos artistas, también.
Por tanto, ¡salud y a disfrutar del arte en todas sus formas y que consigáis mantener dormida la parte oscura de vuestra mente!