lunes, 13 de julio de 2015

Villatripas - Javier Krahe




Javier Krahe, matrícula de honor en recreo, se marcha y nos deja el azul. Azul de sus ojos claros, donde uno veía reflejadas las aguas gaditanas en la alta mar de la madrugada. Es el azul del mar de los griegos Homero y Heráclito, de los que fue compañero, ejerciendo de poeta y de presocrático. Se ha ido de noche, como el que abandona la tertulia y el vino sin despedirse y busca del paseo redentor de vuelta a casa. En vez de volver al hogar, el poeta se ha encaminado hacia la aventura de la nada, a la caza de más sirenas, de más metáforas, de más nieblas que hilvanar.

Nos ha dejado el azul cristalino de sus versos, dignos del Siglo de Oro, bien contados, finos. A ratos, se pensaría que los fenicios inventaron el alfabeto, si es que fueron ellos, para que Krahe lo convirtiera en canción. “Y al mar, me dicta mi instinto, al mar, que es un laberinto”.

Hoy muchos lo descubrirán, acaso confundiéndolo con uno más de entre las estadísticas. Pero ha muerto un hombre vivo, a diferencia de quienes fenecen sin ánimo, sin ánima. El Krahe se ha ido. Se ha ido escrito. Ha zarpado hacia la última singladura. Quedan viudos los fabricantes de puritos, los arcángeles de la noche, las novias, la poesía. Que el mar te sea leve. La muerte se ha vestido de azul Krahe.

                     Manuel Varela (poeta y periodista)



                                                                            

                       A Javier Krahe

Ácrata, anticlerical, druida del silogismo,
con tus letras y poemas convertidos en canción,
reías de todo y de todos, empezando por ti mismo,
mezclando partes iguales de crítica y diversión.

La tormenta, el cromosoma y la ovejita Lucera,
Don Andrés y Marieta, el cuervo ingenuo y la hoguera,
letras agudas y sabias, cargadas de irreverencia,
me mostraron el camino, marcaron mi adolescencia.

En la sala La Mandrágora, con Alberto y con Joaquín,

en aquella vieja cinta , aún debe andar por ahí,
descubrí tu fino humor, tu ironía, tu intención,

tu gran conciencia social, tu actitud ante la vida,
hoy grito a pleno pulmón, a modo de despedida,
¡La Jacinta en el pilón! ¡Matarile rile ron!

                                                                                  
                                                      Comandante Ternura

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