En el cielo del amanecer brillaba con fuerza aquel insólito lucero que la gente común contemplaba con asombro, pero el capitán sabía que era uno de los satélites de comunicaciones que permitían a su ejército mantener la supremacía en aquella guerra interminable.
–Mi capitán –transmitió el cabo–. Aquí solo hay varios civiles refugiados, unos pastores que han perdido el rebaño por el impacto de un obús y una mujer a punto de dar a luz.
El capitán, desde la torreta del carro, observaba el establo con los prismáticos.
–Registradlo todo con cuidado.
–Mi capitán –transmitió otra vez el cabo–, también hay un perturbado, vestido con una túnica blanca, que dice que va a nacer un salvador y otras cosas raras.
–A ese me lo traéis bien sujeto.
–Mi capitán –añadió el cabo, con la voz alterada–, la mujer se ha puesto de parto.
–Bienvenido al infierno –murmuró el capitán, con lástima.
A la luz del alba, aparecieron en la loma cercana las figuras de tres camellos cargados de bultos y montados por jinetes de raras vestiduras, y el capitán los observaba acercarse, indeciso
.
–Abrid fuego –ordenó al fin–. No quiero sorpresas.
José María Merino (A Coruña, 1941)
Las desgracias provocadas por la codicia y el egoismo del
ser humano no paran, aunque sea Navidad.
Las luces que ponemos en las calles y
las casas, en lugar de iluminar, nos ciegan y tapan aquello que no queremos
ver.
En un día como hoy, dos luces brillan especialmente en mi pensamiento. La pequeña Claudia alcanza la mayoría de edad y un buen amigo
celebraría hoy su cumpleaños.
A la pequeña Claudia la voy a llenar de besos y para tí,
querido amigo, un abrazo eterno allá donde estés.
No tenemos fe al otro lado de esta vida sólo espera el rock and roll lo dice la calavera que hay entre mis manos baila, baila el rock and roll para el rock el tiempo y la vida son una miseria el alcohol y el haschisch no dicen nada de la vida sexo, drogas y rock and roll el sol no brilla por el hombre, lo mismo que el sexo y las drogas; la muerte es la cuna del rock and roll. Baila hasta que la muerte te llame y diga suavemente entra entra en el reino del rock and roll.
El arte no va a transformar de inmediato la sociedad. Ni va a evitar que los niños pasen hambre, en ese sentido es inútil.
El arte sirve otra función, de tipo espiritual. Abre las mentes y los corazones de las personas a las vastas posibilidades de la vida humana.
Hablando de las artes narrativas, la literatura, el teatro, la novela, el cine, nos conectan con otros seres humanos. Pueden crear cambios espirituales en nosotros.
El arte siempre estará. No puedes evitar que la gente haga arte porque es una necesidad humana. Necesitamos hacer poemas, cantar, pintar cuadros...
Imagina el mundo sin eso, sin música o libros, o danza...es eterno, es una necesidad, es como la comida, una comida espiritual.
“En ese estado de lucidez alucinada, no solo vieron las imágenes de sus sueños, algunos vieron las imágenes soñadas por otros. Eso es de Gabriel García Márquez en Cien años de soledad. Parece que hay precedentes de este intercambio de sueños. Quiero decir, ¿será así ahí fuera? ¿Quizás soñemos constantemente los sueños de otros? ¿No será que el mundo del subconsciente es realmente colectivo? ¿No son tus miedos mis miedos? ¿No son tus deseos mis deseos? ¿No bebemos todos de la misma copa humana? Esto es lo que Carl Jung decía al respecto: «Toda conciencia separa, pero en los sueños tomamos la apariencia de un hombre más universal y verdadero y eterno que habita en la oscuridad de la noche primitiva. Allí él sigue siendo eterno y lo eterno está dentro de él, indistinto de la naturaleza y carente de todo ego. De estas profundidades que todo lo une, emerge el sueño, sea infantil, grotesco o inmoral».”
"Mientras no poseí más que mi catre y mis libros, fui feliz. Ahora poseo nueve gallinas y un gallo, y mi alma está perturbada. La propiedad me ha hecho cruel.
Siempre que compraba una gallina la ataba dos días a un árbol, para imponerle mi domicilio, destruyendo en su memoria frágil el amor a su antigua residencia. Remendé el cerco de mi patio, con el fin de evitar la evasión de mis aves, y la invasión de zorros de cuatro y dos pies. Me aislé, fortifiqué la frontera, tracé una línea diabólica entre mi prójimo y yo. Dividí la humanidad en dos categorías; yo, dueño de mis gallinas, y los demás que podían quitármelas. Definí el delito. El mundo se llenó para mí de presuntos ladrones, y por primera vez lancé del otro lado del cerco una mirada hostil.
Mi gallo era demasiado joven. El gallo del vecino saltó el cerco y se puso a hacer la corte a mis gallinas y a amargar la existencia de mi gallo. Despedí a pedradas al intruso, pero saltaban el cerco y aovaron en la casa del vecino. Reclamé los huevos y mi vecino me aborreció. Desde entonces vi su cara sobre el cerco, su mirada inquisidora y hostil, idéntica a la mía. Sus pollos pasaban el cerco, y devoraban el maíz mojado que consagraba a los míos. Los pollos ajenos me parecieron criminales. Los perseguí, y cegado por la rabia maté a uno. El vecino atribuyó una importancia enorme al atentado. No quiso aceptar una indemnización pecuniaria. Retiró gravemente el cadáver de su pollo, y en lugar de comérselo, se lo mostró a sus amigos, con lo cual empezó a circular por el pueblo la leyenda de mi brutalidad imperialista. Tuve que reforzar el cerco, aumentar la vigilancia, elevar, en una palabra, mi presupuesto de guerra. El vecino dispone de un perro decidido a todo; yo pienso adquirir un revólver.
¿Dónde está mi vieja tranquilidad? Estoy envenenado por la desconfianza y por el odio. El espíritu del mal se ha apoderado de mí.
Antes era un hombre.
Ahora soy un propietario".
"Gallinas" de Rafael Barrett (Torrelavega, 1876-Francia, 1910)
Yo te estaba esperando. Más allá del invierno, en el cincuenta y ocho, de la letra sin pulso y el verano de mi primera carta, por los pasillos lentos y el examen, a través de los libros, de las tardes de fútbol, de la flor que no quiso convertirse en almohada, más allá del muchacho obligado a la luna, por debajo de todo lo que amé,
yo te estaba esperando.
Yo te estoy esperando.
Por detrás de las noches y las calles, de las hojas pisadas y de las obras públicas y de los comentarios de la gente, por encima de todo lo que soy, de algunos restaurantes a los que ya no vamos, con más prisa que el tiempo que me huye, más cerca de la luz y de la tierra, yo te estoy esperando.
Y seguiré esperando.
Como los amarillos del otoño, todavía palabra de amor ante el silencio, cuando la piel se apague, cuando el amor se abrace con la muerte y se pongan más serias nuestras fotografías, sobre el acantilado del recuerdo, después que mi memoria se convierta en arena, por detrás de la última mentira, yo seguiré esperando.
Termina Noviembre y echando la vista atrás me doy cuenta de que todas sus entradas han sido en español. Ha sido sin querer queriendo pues, aunque en un principio, no reparé en ello, a mitad de mes caí en la cuenta y decidí que todo él estaría dedicado a la música en español para compensar, de alguna manera, su poca presencia en el blog si la comparamos con la música en inglés. Prometo que a partir de ahora no pasará nigún mes sin al menos una publicación en español.
Para cerrar este miniciclo no se me ocurre mejor manera que con uno de los mejores grupos españoles tanto por trayectoria como estilo, innovación, compromiso social e influencia en la historia del rock hispano.
En otra ocasión hemos hablado un poco de la historia de la banda y de su importancia en la música contemporánea en español, por tanto sólo diré que "En el lago" forma parte del primer disco de la banda y que junto a "Abre la puerta" forma un par de temas que han terminado por convertirse en clásicos e himnos de una época de la historia de este país.
Con una letra poética y llena de metáforas, parece ser que narra una aventura psicotrópica producida por ingestión de LSD y sus consecuencias en forma de visiones y alucinaciones. Lo cierto es que es una verdadera joya salida de la mente de un verdadero genio musical.
Espero que disfrutéis de esta obra de arte, que os dejéis llevar por las alas de la música y seais capaces de volar en busca de vuestros sueños sin perder la visión de la realidad pero disfrutando de las cosas buenas de la vida.
Si quieres un amante, yo haré cualquier cosa que me pidas. Si quieres otro tipo de amor, me pondré una máscara para ti. Si quieres una pareja, toma mi mano, o si quieres matarme en un ataque de furia, aquí estoy, soy tu hombre.
Si quieres un boxeador, entraré en el ring por ti. Y si quieres un médico, examinaré cada precioso milímetro (pulgada) de ti.
Si quieres un chófer, sube, o si me quieres llevar a dar una vuelta, sabes malditamente bien que puedes. Soy tu hombre.
Pero la luna brilla demasiado, la cadena aprieta demasiado, la bestia no se irá a dormir. He estado repasando todas esas promesas, esas promesas que te hice y no pude mantener. Pero un hombre jamás recuperó a una mujer suplicando de rodillas. Me arrastraría ante ti, cariño, caería a tus pies, y aullaría a tu belleza como un perro en celo. Y arañaría tu corazón, y desgarraría tus sábanas. Te diría, por favor, soy tu hombre.
Y si quieres dormir un minuto durante el camino, yo conduciré por ti. Y si quieres trabajar sola en la habitación, desapareceré por ti. Si quieres un padre para tu hijo, o solamente quieres caminar conmigo un poco más a través de la ardiente arena, soy tu hombre.
Pero la luna brilla demasiado, la cadena aprieta demasiado, la bestia no se irá a dormir. He estado repasando todas esas promesas, esas promesas que te hice y no pude mantener. Pero un hombre jamás recuperó a una mujer suplicando de rodillas. Me arrastraría ante ti, cariño, caería a tus pies, y aullaría a tu belleza como un perro en celo. Y arañaría tu corazón, y desgarraría tus sábanas. Te diría, por favor, soy tu hombre.
Si quieres un amante, yo haré cualquier cosa que me pidas. Y si quieres probar otro tipo de amor, me pondré la máscara de un hombre viejo para ti. Si quieres una pareja, toma mi mano, o o si quieres matarme en un ataque de furia, aquí estoy, soy tu hombre.
Yo vengo de un tiempo de cerezas, de la espiga, del viento y de la hoz, mapa que retiene la memoria como una fotografía en blanco y negro.
Yo vengo de un tiempo que me nombra con espada de madera y crucifijo en la escuela se cantaba el cara al sol y en la calle a Molina y Joselito.
Era el tiempo de ser niño por la dulce voz, por el agudo grito, la calle una plaza abierta la plaza un planeta unido.
Con calles a muchas puertas casas de abuelos y de primos. Era el tiempo del caballo y de la yegua, de los cerdos, las gallinas y los nidos y el huerto con todos sus manjares, olores y sabores, que mi padre labraba, artesano del surco, escultor del manzano y de la higuera, sabio en su oficio, dueño de la azada y la guadaña, gigante humano domando la tierra.
Era el tiempo de la era y de la trilla, campanas y cigüeñas, paraíso del pobre, pan y espigas.
Era el tiempo del trino y el jilguero, cantaor de coplas, ruiseñor de sueños.
Era el tiempo de la radio y de los rezos, de las tristes procesiones para muertos, de los muertos tan cercanos a la era, de los lobos y bandidos por la sierra.
Era el tiempo de los juegos en pandilla, de la comba, de la piedra, del pinchete, de la pídola y el verano, como un año al sol entero, con siestas en la manta por el suelo.
Era el tiempo de la madre y sus caricias, de su dulce voz, de sus ojos dulces, de su tierna risa.
Del abuelo y su secreto de tristeza que ahogaba cada noche con vino de taberna.
Era el tiempo de la pana y los remiendos del café de estraperlo, de la sopa de tomate y de patata, del pecado que mata, del miedo, del castigo y del perdón.