Este texto corresponde a unos fragmentos extraidos de un escrito de Ernesto Guevara realizado en el Congo en mayo de 1965 tras recibir una llamada telefónica desde Buenos Aires en la que le anuncian que su madre, Celia, está muy enferma y que debe prepararse para lo peor. El Che pasó un mes sumido en la incertidumbre y el pesar, hasta que llegó la confirmación del fatal desenlace. En ese tiempo escribió esto que, a continuación podemos leer:
"Me lo dijo como se deben decir estas cosas a un hombre fuerte, a un
responsable, y lo agradecí. No me mintió preocupación o dolor y traté de
no mostrar ni lo uno ni lo otro. ¡Fue tan simple!
Además había que esperar la confirmación para estar oficialmente
triste. Me pregunté si se podía llorar un poquito. No, no debía ser,
porque el jefe es impersonal; no es que se le niegue el derecho a
sentir, simplemente, no debe mostrar que siente lo de él; lo de sus
soldados, tal vez.
—Fue un amigo de la familia, le telefonearon avisándole que estaba muy grave, pero yo salí ese día.
—Grave, ¿de muerte?
—Sí.
—No dejes de avisarme cualquier cosa.
En cuanto lo sepa, pero no hay esperanzas. Creo.
Ya se había ido el mensajero de la muerte y no tenía confirmación.
Esperar era todo lo que cabía. Con la noticia oficial decidiría si tenía
derecho o no a mostrar mi tristeza. Me inclinaba a creer que no.
...
Tenía deseos de fumar y saqué la pipa. Estaba, como siempre, en mi
bolsillo. Yo no perdía mis pipas, como los soldados. Es que era muy
importante para mí tenerla. En los caminos del humo se puede remontar
cualquier distancia, diría que se pueden creer los propios planes y
soñar con la victoria sin que parezca un sueño; solo una realidad
vaporosa por la distancia y las brumas que hay siempre en los caminos
del humo. Muy buena compañera es la pipa; ¿cómo perder una cosa tan
necesaria? Qué brutos.
No eran tan brutos; tenían actividad y cansancio de actividad. No
hace falta pensar entonces y ¿para qué sirve una pipa sin pensar? Pero
se puede soñar. Sí, se puede soñar, pero la pipa es importante cuando se
sueña a lo lejos; hacia un futuro cuyo único camino es el humo o un
pasado tan lejano que hay necesidad de usar el mismo sendero. Pero los
anhelos cercanos se sienten con otra parte del cuerpo, tienen pies
vigorosos y vista joven; no necesitan el auxilio del humo. Ellos la
perdían porque no les era imprescindible, no se pierden las cosas
imprescindibles.
¿Tendría algo más de ese tipo? El pañuelo de gasa. Eso era distinto;
me lo dio ella por si










