Era obvio que la empatía sólo se encontraba en la comunidad humana, (…) exigía un instinto de grupo sin cortapisas. A un organismo solitario, como una araña, de nada podía servirle. Incluso podía limitar su capacidad de supervivencia, al tornarla consciente del deseo de vivir de su presa. Y en ese caso, todos los animales de presa, incluso los mamíferos muy desarrollados, como los gatos, morirían de hambre. En una ocasión había pensado que la empatía estaba reservada a los herbívoros o a los omnívoros capaces de prescindir de la carne. En última instancia, la empatía borraba las fronteras entre el cazador y la víctima, el vencedor y el derrotado.
Fragmento de ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? de Philip K. Dick
Evángelos Odysséas Papathanassíou (Grecia,1943-Francia,2022) in memoriam
«Buenas noches Madrid, capital de
la fraternidad, aquí seguimos, llamando a las puertas del cielo.
Hace 76 años, muy cerca de esta
plaza, mi tío abuelo le dijo a su hermana: Pase lo que pase, siempre nos
quedarán los jardines de Atocha. Estaba a punto de perder una guerra y pocos
meses después, mi tío fue fusilado en Valencia.
Aquel hombre era un panadero
socialista, uno de los muchachos de la motorizada que siempre acompañaban a don
Indalecio Prieto. Las hermanas de aquel hombre nos criaron a mi madre y a mí, y
siempre nos hablaron de los jardines de Atocha, nunca nos hablaron desde el
rencor y la venganza sino desde el amor.
Se dice que los héroes de la
patria son los que mueren y matan en guerras; no estoy de acuerdo. Los actos
heroicos que hacen patria no son gestos que pasen a la historia sino gestos
cotidianos. Una abuela que estalla de alegría al ver a su nieta, aseada y bien
calzada, con sus libros de texto en la mochila, correr hacia ella cuando sale
de una escuela pública bien equipada, es la imagen de un país decente, eso es
lo que hace patria.
Esta noche quiero homenajear a
los héroes y heroínas anónimos que con sus pequeños gestos nos han enseñado lo
que significa cambiar un país. La abuela que enseña a sus nietos que los
juguetes se comparten, el militante que se quita horas de sueño para pegar
carteles en su barrio, la jueza que aplica el derecho sabiendo que es la última
garantía de los débiles frente a los poderosos, el enfermero que sabe que su
ternura es la dignidad de la anciana enferma, la profesora que se esfuerza para
que, a pesar de los recortes, todos los niños aprendan y sean felices
aprendiendo, el policía que no pierde la paciencia y aguanta lo que haga falta
para hacer su trabajo sin llevarse la mano al cinto, el empleado de banca que
se niega a vender preferentes, la trabajadora en huelga que no pierde la
sonrisa, el abogado de oficio que se deja la piel por su defendido, el pequeño
empresario que trata a sus empleados como compañeros, el abuelo que estira su
pensión para pagarle la matrícula a su nieta; tras esos gestos cotidianos están
los héroes que cambian un país, la revolución no está en las banderas, está en
lo pequeño, como los jardines de Atocha.
La jornada de hoy es histórica,
se abre un nuevo periodo político en nuestra historia que pone fin al sistema
del turno. El 15M señaló el inicio de una nueva transición en nuestro