Mostrando entradas con la etiqueta Chris Isaak. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Chris Isaak. Mostrar todas las entradas

sábado, 7 de diciembre de 2019

Somebody's crying- Chris Isaak




Defensa de la derrota

"Se apoyará, primero, los brazos estirados, las palmas de las manos contra la pared. Respirará hondo y acompasadamente varias veces, hasta que el frío de la pared le llegue. Cerrará los ojos, no mucho tiempo. Sentirá entonces, penetrándole, un reposo húmedo. Será la tristeza. Algo tibio. Íntimo, casi fraterno. Decididamente poético. Eso. Poético. Se sentará entonces, sin mirar a nadie. Le punzarán algunas miradas furtivas. De reojo. No deberá hablar casi. Ni insultar. Deberá callar largamente. Sentirá entonces, creciéndole, un orgullo callado, quieto. Será la dignidad. Lo tomará del hombro, llenado con blandura el silencio que acompaña a los fracasos. No deberá llorar. Nunca. Tal vez apretar fuertemente la mandibula. Un instante. Se pondrá de pie. Sentirá entonces, en el pecho, detrás de los albios, un escozor denso y aguachento. Será el romanticismo, que envuelve en una gasa tenue todas las derrotas.
Tomará entonces su frágil fama, su trémulo orgullo antes impecable, se vestirá con ellos cuidadosamente, casi con cariño, y se marchará. No habrá las historias resonantes de las victoria. Estará solo. Y tendrá que caminar lento, pero no muy lento. Una mano en el bolsillo y un gesto vacío en la cara. Apenas una palidez quebradiza en la cara en la piel cubierta paternalmente por la solapa levantada. No habrá ni un solo amigo. Ni uno. O tal vez uno que respetará el momento, el silencio, la tristeza, que dejará caer casi con temor, o con respeto, una palmada leve sobre el hombro, como temiendo romper algo, como temiendo que se le desprenda al vencido ese fino revoque de la melancolía, de la nostalgia.


El vencido sacudirá una vez la cabeza, o dos en agradecimiento, sin hablar, porque una palabra, un gesto amartillado en falso, puede precipitar el llanto. Y el vencido digno no se permitirá llorar ante terceros. Se marchará solo. Se preparará en su casa un café fuerte, negro, espeso y caliente. Se tomará la cara con las manos, para apretarse aun más sobre los párpados esa poesía inútil de las derrotas. Para fijarse sobre los pómulos todo el romanticismo suave e impalpable de las derrotas. Se podrá permitir ahora sí, un gesto nervioso, un puñetazo corto y duro al aire dulzón de la cocina o bien sobre la mesa. Se podrá permitir, ahora sí, llorar con un llanto comprimido, convulsivo, desesperado y hondo contra el marco de la puerta del comedor. Deberá luego lavarse la cara, secarse los ojos con una toalla. Mirarse al espejo preguntándose si tenía realmente necesidad de llorar.

Y se sentará en el sillón de mimbre.

Tomará su café.

No se sentirá tan mal, después de todo".

Roberto Fontanarrosa (Rosario, 1944-2007)


lunes, 3 de febrero de 2014

Wicked game - Chris Isaak





Te diré, no me molesta tener el cuerpo relleno de paja, porque así no me hago daño con nada. Si alguien me pisa los pies o me clava un alfiler en el pecho, no tiene importancia porque no lo siento; pero no quiero que la gente me tome por tonto, y si mi cabeza sigue rellena de paja en lugar de tener sesos, como los tienes tú, ¿cómo voy a saber nunca nada?
...
-¿No puedes darme un cerebro? -preguntó el Espantapájaros.
-No lo necesitas; día a día vas aprendiendo algo nuevo. Los bebés tienen cerebro, pero no saben mucho. La experiencia es lo único que trae consigo el conocimiento, y cuanto más tiempo estés en la tierra tanta más experiencia has de adquirir.

----------------------------------------------------------------------------------------                       


-¡Ah!, ya entiendo. Pero, al fin y al cabo, un cerebro no es lo mejor que hay en el mundo.
-¿Tú lo tienes?
-No, mi cabeza está enteramente vacía -contestó el Leñador-. Pero en un tiempo tuve cerebro, y también corazón, y, como he tenido ambos, prefiero el corazón.
...
-¿Y mi corazón? -preguntó el Leñador.
-Bueno, en cuanto a eso, creo que te equivocas al querer tener corazón. Lo hace a uno muy desdichado. Te aseguro que eres afortunado al no tenerlo.
...
Un corazón no se juzga por lo mucho que tú ames, sino por lo mucho que te quieran tus semejantes.


 ---------------------------------------------------------------------------------------

-Pero eso no está bien -objetó el Espantapájaros-. El Rey de las Bestias no debería ser un cobarde.
-Ya lo sé. -El León se enjugó una lágrima con su zarpa-. Es mi pena más grande, y lo que me produce mi mayor desdicha. Pero cuando quiera que hay algún peligro, se me aceleran los latidos del corazón.
...
-¿Y mi valor? -intervino el León en tono ansioso.
-Estoy seguro de que te sobra valor -respondió Oz-. Lo único que necesitas es tener confianza en ti mismo. No hay ser viviente que no sienta miedo cuando se enfrenta al peligro. El verdadero valor reside en enfrentarse al peligro aun cuando uno está asustado, y esa clase de valor la tienes de sobra.