I Éramos felices, teníamos trabajo. El pasado era una suma de derrotas necesarias, un lugar al que nunca regresaríamos. Había entre nosotros la certeza de un perpetuo crecimiento. Los vientres se llenaron de vida, y todo el mundo era padre y madre, con esa alegría que sólo tuvieron los primeros pobladores de la tierra. Nadie sentía el miedo de sus antepasados. Los viejos contemplaban orgullosos el mundo que entregaban a sus hijos. Y éstos apuraban hasta la última gota. Éramos felices, teníamos trabajo.
II
La fiesta se acabó. La noche empezó a caer, lentamente, sobre las
estadísticas. Dejaron de llegar manjares del trópico, se llenaron las
tiendas de productos de plástico. La gente se quedó en casa a esperar
que cesara la lluvia. Y fueron apagando los braseros. Y empezaron a
comer más pan y a tragarlo más despacio. Y volvieron los remiendos y las
pequeñas reparaciones. Y los coches se hicieron viejos, ruidosos,
moribundos. Y volvimos a ser de nuevo este país que espera un milagro. Y
volvimos a vestir a nuestros hijos de uniforme.
III
Hay un tiempo para todo, bajo el cielo, un tiempo para cada cosa. Y el
tiempo es ahora, y es aquí. He de encontrar un relato, una certeza. No
quiero una rendición sin condiciones. Quiero decirle a mis hijos: aquí tenéis la mañana, es toda vuestra, sin duda os pertenece.
«Un
soplo de viento allí mismo nacido golpeó la cara de José, le agitó la
barba, sacudió su túnica, y luego dio la vuelta a su alrededor como un
remolino que atravesara el desierto, o quizá lo que así le parecía no
era más que el aturdimiento causado por una súbita turbulencia de la
sangre, el estremecimiento sinuoso que le recorría la espalda como un
dedo de fuego, señal de otra y más insistente urgencia.
Como
si se moviese en el interior de la vertiginosa columna de aire, José
entró en la casa, cerró la puerta tras él, y durante un minuto se quedó
apoyado en la pared, aguardando a que los ojos se habituasen a la
penumbra. A su lado, el candil brillaba mortecino, casi sin luz, inútil.
María, acostada boca arriba, estaba despierta y atenta, miraba
fijamente un punto ante ella y parecía esperar. Sin pronunciar palabra,
José se acercó y apartó lentamente lasábana que la cubría. Ella desvió
los ojos, alzó un poco la parte inferior de la túnica, pero sólo acabó
de alzarla hacia arriba, a la altura del vientre, cuando él ya se
inclinaba y procedía del mismo modo con su propia túnica y María, a su
vez, abría las piernas, o las había abierto durante el sueño y de este
modo las mantuvo, por inusitada indolencia matinal o por presentimientos
de mujer casada que conoce sus deberes.
Dios,
que está en todas partes, estaba allí, pero, siendo lo que es, un puro
espíritu, no podía ver cómo la piel de uno tocaba la piel del otro, cómo
la carne de él penetró en la carne de ella, creadas una y otra para eso
mismo y, probablemente, no se encontraría allí cuando la simiente
sagrada de José se derramó en el sagrado interior de María, sagrados
ambos por ser la fuente y la copa de la vida, en verdad hay cosas que el
mismo Dios no entiende, aunque las haya creado.
Habiendo
pues salido al patio, Dios no pudo oír el sonido agónico, como un
estertor, que salió de la boca del varón en el instante de la crisis, y
menos aún el levísimo gemido que la mujer no fue capaz de reprimir. Sólo
un minuto, o quizá no tanto, reposó José sobre el cuerpo de María.
Mientras ella se bajaba la túnica y se cubría con la sábana, tapándose
después la cara con el antebrazo, él, de pie en medio de la casa, con
las manos levantadas, mirando al techo, pronunció aquella oración,
terrible sobre todas, a los hombres reservada, Alabado seas tú, Señor,
nuestro Dios, rey del universo, por no haberme hecho mujer.
Pero
a estas alturas ya ni en el patio debía de estar Dios, pues no se
estremecieron las paredes de la casa, no se derrumbaron ni se abrió la
tierra. Entonces, por primera vez, se oyó a María, humildemente decía,
como de mujer se espera que sea siempre la voz, Alabado seas tú, Señor,
que me hiciste conforme a tu voluntad, ahora bien, entre estas palabras y
las otras, conocidas y aclamadas, no hay diferencia alguna, reparad, He
aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra, queda claro
que quien esto dijo podía haber dicho aquello. Luego, la mujer del
carpintero José se levantó de la estera, la enrolló junto con la de su
marido y dobló la sabana común.»
me conmueve la madre
el niño, la mula y el buey
lo que pasa es que estalla
una bomba en la noche de paz
lo que pasa es que apesta
a zambomba el mensaje del Rey.
El portal de
Belén
es un zulo virtual
pero en vez de turrón
este invierno me como un marrón
unos hígados chumbos envueltos en papel albal
y Gaspar en lugar de una bici me pone carbón.
Ojalá no
abrasara el calor del hogar
cómo hacer cuando toca reír
si me da por llorar
corazón, no me quieras matar
corazón, sé de sobra quién paga y quién cobra
quien hace vudú
quien satura el cubo de basura de tu cotillón
San José se enfadó con el padre del Niño Jesús.
Para ti
escribí este sol fa do re mi
te lo vas a encontrar en el árbol de Papa Noel
cómo voy a decirte que no cuando sabes que sí
que el cus cus sabe a grano de pus tatuado en la piel.
Satanás es
un capo llevando el compás
infiltrado en el supermercado de la navidad
Un pastor
pide teta por la nieve que ondula
blancos perros tendidos entre linternas sordas.
El Cristito de barro se ha partido los dedos
en los tilos eternos de la madera rota.
¡Ya vienen las hormigas y los pies ateridos!
Dos hilillos de sangre quiebran el cielo duro.
Los vientres del demonio resuenan por los valles
golpes y resonancias de carne de molusco.
Lobos y sapos cantan en las hogueras verdes
coronadas por vivos hormigueros del alba.
La luna tiene un sueño de grandes abanicos
y el toro sueña un toro de agujeros y de agua.
El niño
llora y mira con un tres en la frente,
San José ve en el heno tres espinas de bronce.
Los pañales exhalan un rumor de desierto
con cítaras sin cuerdas y degolladas voces.
La nieve de Manhattan empuja los anuncios
y lleva gracia pura por las falsas ojivas.
Sacerdotes idiotas y querubes de pluma
van detrás de Lutero por las altas esquinas.
«Buenas noches Madrid, capital de
la fraternidad, aquí seguimos, llamando a las puertas del cielo.
Hace 76 años, muy cerca de esta
plaza, mi tío abuelo le dijo a su hermana: Pase lo que pase, siempre nos
quedarán los jardines de Atocha. Estaba a punto de perder una guerra y pocos
meses después, mi tío fue fusilado en Valencia.
Aquel hombre era un panadero
socialista, uno de los muchachos de la motorizada que siempre acompañaban a don
Indalecio Prieto. Las hermanas de aquel hombre nos criaron a mi madre y a mí, y
siempre nos hablaron de los jardines de Atocha, nunca nos hablaron desde el
rencor y la venganza sino desde el amor.
Se dice que los héroes de la
patria son los que mueren y matan en guerras; no estoy de acuerdo. Los actos
heroicos que hacen patria no son gestos que pasen a la historia sino gestos
cotidianos. Una abuela que estalla de alegría al ver a su nieta, aseada y bien
calzada, con sus libros de texto en la mochila, correr hacia ella cuando sale
de una escuela pública bien equipada, es la imagen de un país decente, eso es
lo que hace patria.
Esta noche quiero homenajear a
los héroes y heroínas anónimos que con sus pequeños gestos nos han enseñado lo
que significa cambiar un país. La abuela que enseña a sus nietos que los
juguetes se comparten, el militante que se quita horas de sueño para pegar
carteles en su barrio, la jueza que aplica el derecho sabiendo que es la última
garantía de los débiles frente a los poderosos, el enfermero que sabe que su
ternura es la dignidad de la anciana enferma, la profesora que se esfuerza para
que, a pesar de los recortes, todos los niños aprendan y sean felices
aprendiendo, el policía que no pierde la paciencia y aguanta lo que haga falta
para hacer su trabajo sin llevarse la mano al cinto, el empleado de banca que
se niega a vender preferentes, la trabajadora en huelga que no pierde la
sonrisa, el abogado de oficio que se deja la piel por su defendido, el pequeño
empresario que trata a sus empleados como compañeros, el abuelo que estira su
pensión para pagarle la matrícula a su nieta; tras esos gestos cotidianos están
los héroes que cambian un país, la revolución no está en las banderas, está en
lo pequeño, como los jardines de Atocha.
La jornada de hoy es histórica,
se abre un nuevo periodo político en nuestra historia que pone fin al sistema
del turno. El 15M señaló el inicio de una nueva transición en nuestro
Donde nos llevó la imaginación, donde con los ojos cerrados, se divisan
infinitos campos. Donde se creó la primera luz, junto a la semilla de
cielo azul, volveré a ese lugar donde nací. De sol, espiga y deseo, son
sus manos en mi pelo. De nieve, huracán y abismos, el sitio de mi
recreo. Viento que en su murmullo parece hablar, mueve el mundo y con
gracia, la ves bailar y con él, el escenario de mi hogar. Mar, bandeja
de plata, mar infernal es su temperamento natural, poco o nada cuesta
ser uno más. De sol, espiga y deseo, son sus manos en mi pelo. De nieve,
huracán, y abismos, el sitio de mi recreo. Silencio, brisa y cordura, dan
aliento a mi locura. Hay nieve, hay fuego, hay deseos, allí donde me
recreo.
Antonio Vega
Ayer, 16 de Diciembre hubiera cumplido 58 años.
La chica de ayer todavía le llora... igual que todos aquellos a los que, con su música, puso banda sonora a lo mejor de nuestra vida.
Ya se está acercando, si es que no está aquí ya, el bombardeo continuo y constante, desde todos los medios, apelando a un supuesto espíritu navideño que concentra, en unos días, la bondad y la solidaridad que deberían estar presentes durante todo el año.
No deberíamos caer rendidos y sumergirnos en el edulcorado y consumista ambiente que nos rodeará, pero tampoco deberíamos convertirnos en modernos Mr. Scrooge, pues de esos, ya tenemos bastantes. La Navidad, en sí misma, no es mala; veámosla de una manera diferente a la que nos proponen los centros comerciales, por ejemplo como un viaje a la infancia, o el reencuentro con un amigo.
En el término medio está la virtud, que diría el sabio. Me parece que el inicio de "Historia de dos ciudades" de Charles Dickens, refleja esa dualidad permanente en la historia del ser humano y me parece que describe perfectamente la época en que se ambienta la novela, y también la nuestra:
“Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, la edad de la sabiduría, y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación. Todo lo poseíamos, pero no teníamos nada; caminábamos directos al cielo y nos extraviábamos por el camino opuesto”
«Es
la historia de un lugar llamado Mouseland. Mouseland era un lugar donde
todos los ratoncitos vivían y jugaban, donde nacían y morían. Y ellos
vivían de la misma manera que tú y yo lo hacemos.
Incluso
tenían un parlamento y cada cuatro años tenían elecciones. Caminaban
rumbo a las urnas y votaban. Algunos hasta obtenían alguna ventaja, una
ventaja que recibían cada cuatro años, como es lo normal. Tal como nos
pasa a ti y a mí. Y cada día de elecciones todos los ratoncitos
acostumbraban a ir a las urnas y elegían un gobierno. Un gobierno
formado por enormes y gordos gatos negros.
Ahora
bien, si pensáis que es extraño el elegir gatos siendo ratones, solo
hace falta mirar la historia de Canadá en sus últimos 90 años, entonces
te darás cuenta que ellos -los ratones- no son más estúpidos que
nosotros. No estoy diciendo nada en contra de los gatos, ellos eran
buenos compañeros, conducían el gobierno dignamente, elaboraban buenas
leyes, es decir, leyes buenas para los gatos. Y estas leyes que eran
buenas para los gatos, no eran muy favorables para los ratones.
Una
de las leyes decía, que la entrada a la ratonera debía ser tan grande
como para que un gato pudiera meter su pata en ella. Otra ley decía, que
los ratones solo podían moverse a ciertas velocidades, para que el gato
consiguiera desayuno sin realizar mucho esfuerzo físico.
Todas
estas leyes, eran buenas para los gatos, aunque para los ratones eran
bastante duras. Y cuando los ratones lo tuvieron más y más difícil, y se
cansaron de aguantar, dijeron de hacer algo al respecto. Entonces,
fueron en masa a las urnas, votaron contra los gatos negros y eligieron
gatos blancos.
Los
gatos blancos lanzaron una campaña genial, dijeron: “todo lo que
necesita Mouseland, es una visión de futuro”, y terminaron prometiendo
“el problema de Mouseland, son las entradas redondas de las ratoneras,
si ustedes nos eligen, las construiremos cuadradas”. Y lo hicieron, las
entradas cuadradas eran el doble de las redondas, ahora el gato podía
meter las dos patas y la vida para los ratones, se tornó más complicada.
Y
cuando no pudieron soportarlo más, votaron contra los gatos blancos y
pusieron a los negros de nuevo. Para luego regresar a los blancos y de
ahí a los negros otra vez. Incluso trataron con gatos mitad negro, mitad
blanco y lo llamaron coalición.
En
su desesperación, intentaron dar el gobierno a gatos con manchas, eran
gatos que intentaban sonar como ratones pero comían como gatos. Verán
amigos míos, el problema no estaba en el color de los gatos, el problema
estaba en que eran gatos. Y como son gatos, naturalmente miraban por
sus intereses de gato y no de ratones.
Finalmente,
llegó desde lejos un ratoncito quién tuvo una idea. Mis amigos, atentos
a las palabras del humilde compañero, el ratón les dijo: “miren,
compañeros ¿porqué seguimos eligiendo un gobierno hecho por gatos?,
¿porqué no elegimos un gobierno de ratones?”…
“OHHH”
dijeron… “es un COMUNISTA”, así que lo metieron en la cárcel. Pero
quiero recordarles que pueden encerrar a un ratón o a un hombre, pero lo
que nunca podrán, será encerrar las ideas.»
«Nos hicieron creer que el gran amor solo sucede una vez, generalmente antes de los 30 años. No nos contaron que el amor no es accionado, ni llega en un momento determinado. Nos hicieron creer que cada uno de nosotros es la mitad de una naranja, y que la vida solo tiene sentido cuando encontramos la otra mitad. No nos contaron que ya nacemos enteros, que nadie en la vida merece llevar a sus espaldas la responsabilidad de completar lo que nos falta.
Nos hicieron pensar que una formula llamada “dos en uno”: dos personas pensando igual, actuando igual, era lo que funcionaba. No nos contaron que eso tiene un nombre “anulación”. Que solo siendo individuos con personalidad propia, podremos tener una relación saludable.
Nos hicieron creer que el casamiento es obligatorio y que los deseos fuera de termino y deben ser reprimidos.
Nos hicieron creer que los guapos y flacos son mas amados.Nos hicieron creer que solo hay una formula para ser feliz, la misma para todos, y los que se escapan de ella están condenados a la marginalidad. No nos dijeron que estas formulas son equivocadas, frustran a las personas, son alienantes y que podemos intentar otras alternativas. Cada uno lo va a tener que descubrir sólo. Y ahí, cuando estés muy enamorado de tí, vas a poder ser muy feliz y te vas a enamorar de alguien.
Vivimos en un mundo donde nos escondemos para hacer el amor….aunque la violencia se practica a plena luz del día.»
John Lennon(1940-1980)
Le mataron el 8 de diciembre de 1980..., sigue vivo..., nunca morirá...
Me gustaría recordar hoy un programa mítico de La 2, del que durante mucho tiempo fuí seguidor, bastante fiel por cierto, y que tengo que confesar que hace tiempo que le perdí la pista.
Estoy hablando de "Días de cine"; fantástico programa que te mantiene al tanto de la actualidad cinematográfica y al mismo tiempo te ilustra sobre la historia y el mundo del séptimo arte.
Nació en 1991 y durante todo este tiempo ha sufrido varios cambios de presentador y de formato, y casi siempre, como todo lo que huele a cultura, ha sido bastante maltratado por los sucesivos equipos directivos de la televisión pública, con cambios constantes de día y hora de emisión, estando casi siempre destinado al público que ve televisión a altas horas de la madrugada.
Una de sus mejores etapas, a mi entender, fué la que tuvo de director y presentador a Antonio Gasset Dubois. Con un estilo muy particular, absolutamente fuera de los cánones de lo que se consideraba un presentador de televisión, me gustaría poner en el post de hoy algunas de sus frases que daban entrada a algún video, despedían el programa o anunciaban la pausa para publicidad.
Espero que disfrutéis de su ironía no exenta de crítica, acompañada de la música fresca y divertida de los Manhattan Tansfer.
“Vamos a una pausa publicitaria, que será tan corta como el sueldo del presentador.” “Nos vamos con la esperanza de que ninguno se deje llevar por los fanatismos religiosos, políticos o sexuales: los primeros por no llevar a nada, los segundos porque el objeto de deseo suele ser un idiota de renombre y los últimos por las continuas frustraciones.” “Les deseo que pasen una buena semana, sea lo que sea lo que hayan decidido hacer, incluso si es de Nazareno auto flagelante.” "Buenas noches a todos, pero antes de despedirnos, un consejo: no os droguéis, porque la ingesta de estas sustancias puede producir efectos indeseados. Un amigo mío se tomó el otro día cierta pastilla y creyó ver a George Bush leyendo un libro" “Aprovechen la pausa para revisar su agenda de amigos, encontrarán que han malgastado su preciado tiempo y paciencia en conocer a un montón de ineptos, no se corten, cojan un boli y táchenlos.” “Llego la hora de la pausa... espero que puedan contener durante unos minutos los impulsos sexuales de vuestras parejas... si no puede ser, no puede ser... en cualquier caso volveremos después de la publicidad con el sector más casto de la audiencia.” “Ahora pueden ustedes hacer un montón de cosas aprovechando los interminables minutos de publicidad.” “Durante la pausa publicitaria, rezaré con la esperanza de que ninguno de sus hijos se haya presentado al casting de Operación Triunfo.”
“La verdad es que hay días que no sé dónde refugiarme políticamente.” “...Lo mejor del festival de Venecia, mi acompañante, aunque por desgracia este enamorada de otro.” “Ben Affleck es a la buena interpretación lo que un pepinillo cocido a la alta cocina.”
“Y ahora, si nos perdonan, vamos a hablar de cine español.”
“...Soy consciente que a la hora de emisión de mi programa solo puede ser visto por un puñado de politoxicómanos insomnes.”
“Hasta el próximo programa. No sabemos ni qué día ni a qué hora nos pondrán, de modo que estén atentos.”