La lluvia solitaria
Cae la lluvia
en la noche
y no hay nadie en la plaza
que la reciba
con agradecimiento
o que la increpe por inoportuna.
Es una lluvia sin nota al pie,
sin comentario, sin explicación.
Una lluvia solitaria.
Más propia de mar adentro
o de la alta montaña.
Pero aquí está
—sin esperar nada a cambio,
ni un miserable paraguas—
poniéndole melodía
a la gélida
madrugada.
Aunque solo fuese por eso,
deberíamos observarla.
Cae la lluvia
en la noche
y no hay nadie en la plaza
que la reciba
con agradecimiento
o que la increpe por inoportuna.
Es una lluvia sin nota al pie,
sin comentario, sin explicación.
Una lluvia solitaria.
Más propia de mar adentro
o de la alta montaña.
Pero aquí está
—sin esperar nada a cambio,
ni un miserable paraguas—
poniéndole melodía
a la gélida
madrugada.
Aunque solo fuese por eso,
deberíamos observarla.
Karmelo C. Iribarren










